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¿Continuará Y punto.?

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Todo comienza con la publicación, en este mismo blog, de una crítica sobre la novela Y punto., de la escritora Mercedes Castro. Unos cuantos mensajes de correo intercambiados con la autora, unas risas internáuticas, un comentario inocente del crítico sobre determinado personaje de la novela que podría dar mucho juego como protagonista en una hipotética secuela (o spin off, que dicen por ahí) y un sorprendente compromiso adquirido por Mercedes: en el supuesto de que dicho personaje consiga el respaldo de los lectores de su primera novela, la autora se compromete a escribirle una historia en la que tendrá un papel protagonista o muy relevante.

Con tu voto puedes contribuir a que esa secuela se haga realidad. Sólo tienes que mandar un mensaje con el asunto YPUNTO a la dirección de correo personajesypunto@yahoo.es indicando cuál de los siguientes personajes te gustaría que la protagonizase: Carlos, Reme, Bores, Esmeralda.

El plazo para votar se abre ya y finalizará el día 30 de abril de 2008.

27/02/2008 10:45. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

Y punto

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Y PUNTO.
Mercedes Castro
ALFAGUARA

Hay libros que me dejan tan buen sabor de boca que esta expresión adquiere un significado literal. Sí, tal vez sea complicado explicarlo con palabras pero, en ocasiones (en contadas ocasiones, todo hay que decirlo), enfrentarme a una novela que me atrapa hace que, al final de una intensa sesión de lectura, experimente una extraña sensación en el paladar, el regusto agradable de haber quedado satisfactoriamente saciado, listo para un buen chupito de orujo blanco (nada de medianías como los de hierbas o el licor de café) como después da dar cuenta de una opípara comida. Tal es el caso de Y punto., de la escritora gallega Mercedes Castro. Una primera novela que nadie diría que lo es, pues más bien parece la obra duramente trabajada de una escritora con muchas páginas de vuelo que la respalden.

Resulta sencillo encontrar a nuestro alrededor lobos disfrazados con piel de cordero. De hecho, en estos tiempos electorales que corren, basta ver cómo muchos de ellos aparecen colgados de las farolas en cualquiera de nuestras ciudades o pueblos. En efigie publicitaria, pero colgados al fin y al cabo. Más complicado resulta lo contrario, lo del cordero que utiliza una piel de lobo para defenderse del entorno que le ha tocado vivir.

Así es la subinspectora de policía Clara Deza: mal hablada, poco sutil, más bien borde, radicalmente visceral y, sin embargo, capaz de desprender una ternura que la hace irresistible a pesar de su proverbial impertinencia. Y es que conforme la vamos conociendo nos damos cuenta de que todo eso es una pose, un mecanismo de defensa con el que debe protegerse del entorno sumamente machista en el que le ha tocado trabajar, el ambiente de una comisaría llena de viriles agentes siempre dispuestos a presumir de sus conquistas y sus hazañas aunque a veces apenas puedan evitar desmayarse ante la visión de unas gotas de sangre. Cómo no va a actuar así Clara si el primer tipo con el que se encara cada mañana es un guardia seboso al que más le valdría estar jubilado y que no deja de recordarle que no se debe llegar cuarenta minutos tarde, que treinta quizás, pero cuarenta... Eso sólo lo hacen las mujeres.

Clara vive intensamente todas sus vidas: la familiar, que comparte con un marido abogado, una suegra a la que jamás llegará a conocer a fondo y un secreto con el que no merece la pena amargar la existencia de quienes la rodean; y la laboral, rodeada de colegas que la ignoran, que la verían mejor en casa y no jugando a ser una chica dura, de jefes que la subestiman, de algunos compañeros -los menos- que la aprecian sinceramente y se sienten obligados a protegerla de las inclemencias del trabajo diario, de putas, yonquis y confidentes que demuestran más calidad y calidez que la supuesta gente de bien.

Así, a lo largo de la novela y apoyada por sus recuerdos y sus variados gustos musicales, la voz narradora y Clara Deza -mano a mano y combinando con precisión la tercera y la primera persona sin que esto suponga confusión alguna para el lector- nos irán desnudando con un contundente lirismo nada amanerado, presente continuamente en la narración, la hipócrita realidad en que no les queda más remedio que vivir... Cogidos del brazo de la protagonista patearemos sin descanso el Madrid residencial y el Madrid suburbial; sufriremos con ella sus propios miedos, querremos decirle que no siempre tiene razón, que a veces se equivoca al estar siempre a la defensiva porque no todo el mundo está contra ella; e iremos conociendo como si los hubiéramos parido a un montón de individuos a cuál más peculiar.

Porque aunque en Y punto. casi todo el peso recaiga sobre las espaldas de Clara Deza, no podemos obviar las excelentes caracterizaciones de los personajes a los que odia o ama, ya que Clara no se permite términos medios: su marido, siempre correcto aunque capaz de sorprendernos con algunos de sus arranques de genio; esa suegra de la que se puede esperar cualquier cosa; un ex novio colgado de una peluquera de barrio -no sé por qué, uno de mis personajes preferidos-; Nacho y Santi, los hombros sobre los que llorar cuando lo necesita; Culebra y Olvido, el fracaso y el éxito como las dos caras de una misma moneda; o sus superiores, Bores y Carahuevo; o las dos inclasificables panteras de Malasaña... Todos ellos al servicio de una trama criminal perfectamente engrasada que acompañará a Clara al tiempo que nos muestra su evolución personal, hasta llegar a un desenlace que deja los suficientes frentes abiertos como para confiar en que, tarde o temprano, la tendremos de nuevo entre nosotros.

Puede que a algunos lectores les asuste la idea de meterse en el cuerpo una novela de algo más de 600 páginas, pero que nadie caiga en el error de enfrentarse a ellas leyendo en diagonal -como dice la narradora que hacen muchos editores- para ir al grano sobrevolando rápidamente lo accesorio: en Y punto. no hay nada accesorio y se perderán la pasión por la Literatura que se manifiesta en cada una de las líneas, incluso, si me apuran, en cada una de las palabras sabiamente elegidas.

Una novela dura y hermosa. Descarada, pasional, amargamente divertida en ocasiones. Una novela, en suma, apta para todos los públicos: para quienes no sentimos ningún rubor al aceptar nuestra adicción por el género negro porque encontraremos en ella todos los elementos que jamás deben faltar en una novela criminal que se precie de serlo; y para aquellos que suelen mirarnos por encima del hombro por nuestro inconfesable vicio, porque les demostrará que no existen géneros menores ni mayores, sino mala o buena literatura. Y punto.

Ricardo Bosque

 

27/02/2008 09:35. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

Entre la promesa del verano y el frío del invierno

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ENTRE LA PROMESA DEL VERANO Y EL FRÍO DEL INVIERNO
Leif GW Persson
Traducción de Mayte Giménez y Frida Sánchez
EDICIONES PAIDÓS. ALEA

Afronto esta novela como la última lectura del año, tal vez animado por un título sugerente para las fechas en que nos encontramos (al menos en el hemisferio norte) o porque las casi setecientas páginas que me esperan requieren más tiempo libre del habitual y el parón navideño puede ser un momento propicio.

También lo hago con ciertos prejuicios hacia el autor, al que no conozco de nada pero cuya condición de sueco no lo sitúa entre mis gustos habituales, más centrados en la novela negra mediterránea y luminosa que en la nórdica y con pocas horas de luz solar al día.

Sin embargo, estos prejuicios se desvanecen en las primeras páginas de la novela, en las que me encuentro con un lenguaje irónico propio de Chandler o Hammett y unos personajes y ambientes que, aunque evidentemente fríos por las latitudes en que se desarrolla la acción, nada tienen que ver con aquello a lo que nos han acostumbrado otros autores suecos, noruegos o finlandeses.

Entre la promesa del verano y el frío del invierno es la primera de las novelas de Leif GW Persson que integran la trilogía El declive del Estado del bienestar, que Ediciones Paidós completará con las dos siguientes entregas a lo largo de 2008. Una novela en la que no encontramos a un protagonista absoluto que cargue con el peso de la trama, sino a un grupo de individuos, integrantes de los diferentes servicios de seguridad suecos (incluidos los secretos) en abierta lucha por averiguar lo que hay detrás del suicido de un estudiante norteamericano, John P. Krassner, así como lo que se ha ocultado durante años tras su vida y la de alguno de sus familiares.

Setecientas páginas pueden dar cobijo a muchos personajes, desde los policías más honestos como Lars Johansson, Wiklander o Bo Jarnebring hasta otros menos recomendables como Bäckström o Wiijnbladh. Mención especial merecen Berg, responsable de la Policía de Seguridad y, sobre todo, Waltin, policía cuyo grado de perversión sexual le convertiría, sin duda alguna, en alumno aventajado del marqués de Sade y al que espero seguir viendo en las próximas entregas de la saga. O Forselius, un matemático alcoholizado que, en los cincuenta, desempeñó un papel importante dentro de los servicios de espionaje suecos. Y como nexo de todos estos personajes, dos figuras que aparecen continuamente como motivo central de toda la novela: el primer ministro sueco más importante de todos los tiempos (ya sea con su identidad real o con el seudónimo por el que tal vez se le conoció en los tiempos de la guerra fría) y su asesor especial de extrañas atribuciones, un tipo del que no me fiaría ni para que me ayudara en un acto tan inocente como cruzar una calle peatonal. Con tráfico, ni les cuento.

Con lo dicho hasta el momento, ya se pueden hacer ustedes una idea de por dónde van los tiros (nunca mejor dicho) de la historia. Y es que el asesinato de Olof Palme y, sobre todo, su fulgurante ascenso político y la exploración que el autor hace de una hipotética relación del Olof Palme estudiante con la CIA e incluso los servicios secretos soviéticos, están en el centro de la trama. No sólo eso, sino que tal vez esas peligrosas relaciones sean la causa de que su muerte no haya sido todavía aclarada más de veinte años después.

Esta primera parte de la trilogía se centra en los meses previos al asesinato de Palme y, mediante el uso de diferentes voces narrativas que hacen que cada uno de los protagonistas conozca parte de la trama, el lector tendrá una visión de conjunto de esta parte de la historia reciente europea, así como de las hipótesis de trabajo (quizás realistas, quizás descabelladas) que el autor plantea.

Y es precisamente la diversidad de personajes y visiones parciales de la trama lo que permite el uso de estilos o lenguajes diferentes en función de cuál sea el personaje que protagonice el episodio de turno, pasando del humor cínico de Lars Johansson al relato inquietante de Waltin, del casi costumbrismo de Bäckström y Wiijnbladh al enigma que entrevemos cuando es el asesor especial el centro de atención.

Entre la promesa del verano y el frío del invierno es una buena, densa e intensa novela en la que el autor cuestiona la pretendida neutralidad sueca y rescata del interesado olvido su apoyo al régimen nazi, así como el derrumbe de pilares básicos del estado del bienestar que fue modelo para muchos países occidentales. Y es que Suecia ya no es lo que era… o quizás nunca fue lo que nos dijeron que era.

Ricardo Bosque

 

18/01/2008 09:14. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

"El refugio", de Elizabeth George

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Resulta gratificante comprobar cómo no solo de despiadados asesinos en serie vive la literatura criminal estadounidense, que hay territorios a explorar más allá del psicópata que utiliza toda su maldad para retar al policía de turno a averiguar por qué se dedica a matar mediante los métodos más descerebrados que uno pueda imaginar.

Y tenía que ser una mujer la que recuperase un modo de narrar en la mejor tradición “christiana”, utilizando para ello todos los ingredientes básicos que han hecho las delicias de lectores de todo el mundo desde principios del siglo pasado.

Porque en “El refugio”, no falta ninguno de los componentes clásicos que en su día pudimos encontrar en las más de ochenta novelas firmadas por tía Agatha. Evidentemente, tenemos al muerto, pero con uno basta y tampoco es necesario ensañarse con la pobre víctima. Como escenario, la autora elige la cerrada sociedad de una isla del Canal de la Mancha en la que todos se conocen, lo que procura un buen número de candidatos a criminal pero condicionado por otra parte por los límites geográficos de la misma, como si estuviéramos ante el típico asesinato en habitación cerrada pero un poquito más amplia de lo normal. Y, como sucede en toda sociedad cerrada, abundarán las relaciones turbias que se manifiestan como una corriente subterránea bajo la aparente calma de su superficie. Sociedad cerrada en la que cualquiera que llega de fuera puede resultar sospechoso y cualquiera de los de dentro tiene cosas que ocultar.

En cuanto a la víctima, ¿qué mejor que un millonario al que todos los isleños deben algo, rodeado de ex mujeres, amantes e hijos de amantes y ex mujeres? Un hombre cuyo apetitoso testamento todos quieren conocer y a casi nadie satisface. Un hombre que muere en misteriosas circunstancias pocas horas después de ofrecer una fiesta a la que nadie ha querido faltar, reunión en la que el millonario pretendía presentar su último proyecto con el que agradecer a sus paisanos la calurosa acogida que recibió cuando decidió hacer de la isla su lugar de residencia.

Ni siquiera echamos en falta a los policías ineptos, o cuando menos cómodos, que se conforman con la solución evidente a pesar de lo endeble de las pruebas recopiladas. Porque, claro está, siempre resulta más sencillo condenar a un forastero de paso por el lugar que a uno de los vecinos de toda la vida.

Afortunadamente para la mujer elegida como cabeza de turco, su antigua amistad con una fotógrafa inglesa, casada con un experimentado científico forense, le servirá para tratar de que su honradez e inocencia se vea restituida, ofreciéndose al lector así la posibilidad de conocer a la pareja de investigadores –Simon y Deborah Saint James, pertenecientes a la clase acomodada londinense– que, cada uno por su lado, irán reuniendo las piezas necesarias para recomponer un rompecabezas roto muchos años atrás.

¿Es o no “christiana” la historia?

Pues con todos estos elementos, Elizabeth George crea una trama sencilla y eficaz, una historia que sirve, al margen de lo evidente -–averiguar la identidad del asesino–, para sacar a relucir los vínculos entre diversos personajes de la isla, unidos en muchos casos por lazos familiares que obligan a mantenerse como una piña. Pero también sirve de pretexto la trama para profundizar en las relaciones, no siempre fáciles, entre dos amigas, la investigadora y la principal sospechosa y única detenida. Y lo que esas relaciones pueden suponer para la cómoda vida matrimonial de los Saint James.

Para ello la autora utilizará un estilo ágil que en ocasiones se ralentiza para ofrecernos extensas descripciones que a veces sirven simplemente para espesar la trama y engordar el libro pero que, en la mayoría de las ocasiones, contienen datos en apariencia innecesarios pero que terminan sirviendo para que un lector atento pueda averiguar lo sucedido casi al mismo tiempo que Simon Saint James y esposa. Y digo casi porque Elizabeth George incluso recurre a las mismas "trampas" que tía Agatha, guardándose desde el principio un as en la manga y sacándolo a relucir cuando la partida está a punto de finalizar para conseguir un desenlace sorprendente pero que siempre estuvo delante de las narices del lector.

Lo dicho, una historia bien trabajada y mejor escrita que actualiza el estilo con el que muchos nos iniciamos en el gusto por las novelas policiacas, criminales, de misterio o como queramos llamarlas.

Ricardo Bosque, octubre de 2007

EL REFUGIO
Elizabeth George
Traducción de Escarlata Guillén
ROCA EDITORIAL
22/10/2007 09:52. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

"Día de paga", de Elvin Post

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¿Cómo actuaría usted si tuviera dificultades para pagar los plazos del tresillo que acaba de comprar para su mujer? Es de suponer que trataría de renegociar la deuda con su acreedor, pediría ayuda económica a sus amigos o familiares, esperaría a que el vendedor se presentase en su domicilio con la sana intención de recuperar el mueble que no ha terminado de adquirir o acudiría a su banco de toda la vida.

 

Esto último es lo que decide hacer Winston Malone, el protagonista de la primera novela de Elvin Post, “Día de paga”, ganadora del premio Gouden Strop 2004. Es decir, una reacción absolutamente normal si no fuera por un pequeño detalle: que cuando digo que acude a su banco de toda la vida lo hago en el sentido literal de la expresión, no al banco del que es cliente sino al banco en el que lleva años trabajando. Y no va con la intención de pedir un anticipo a su jefe, sino simplemente con el propósito de llevarse todo el dinero que quepa en una bolsa de La guerra de las galaxias, a cara descubierta y sin pensar en las repercusiones que su acción puedan tener para su vida a partir de ese momento.

 

Y es que Winston Malone no es un tipo como usted o como yo, un individuo normal que vive en un mundo real. Malone es el mayor lerdo, el hombre con menos luces que he conocido en mi vida de lector. Un hombre que vive permanentemente en una ficción cinematográfica, preguntándose a cada paso que da cómo los personajes a los que idolatra reaccionarían ante los infortunios que se atraviesan en su vida, cómo Al Pacino o De Niro se comportarían si debieran enfrentarse a las situaciones que a él se le plantean.

 

Claro que Malone no está solo en este mundo de fracasados, porque el plantel que nos muestra Elvin Post no tiene desperdicio, tal vez la mayor concentración de antihéroes por centímetro cuadrado de papel que me he encontrado jamás.

 

Porque a Malone le acompañarán en sus desventuras Jimmy Roma, el fracasado hijo de un heladero vendedor de armas y prestamista; Caesar Malvi, un enano antiguo luchador y actual guardaespaldas del heladero; Darío López, el sarcástico empleado de hogar de Jack Gardner; y el propio Jack Gardner, en apariencia actor de éxito, pero cuyo éxito se limita a llevar interpretando el mismo papel durante catorce años en una serie que odia. Y para poner un gramo de lucidez en la trama nos encontramos con Cordelia, esposa de Malone que bastante tiene con soportar al hombre al que quiere y con quien ha decidido pasar todos los años de su vida.

 

Con todos estos personajes y Nueva York como el mejor escenario posible, Post nos ofrece una novela repleta de acción, de sueños difíciles de alcanzar, de un humor cínico que se deja ver detrás de cada frase, de situaciones absurdas como absurdo es el protagonista, de toques surrealistas y referencias cinematográficas continuas a esas películas que forman parte de la vida de Malone.

 

Y si el planteamiento y el nudo resultan delirantes, el autor echa el resto con el desenlace trepidante en el que los perseguidores se convierten en perseguidos, los sicarios se transforman en verdugos y los que se consideran líderes devienen en fracasados, todavía más de lo que ya lo eran.

 

Una novela negra francamente divertida, buen reflejo de la sociedad norteamericana (o al menos de una parte de la sociedad norteamericana), inteligente en su visión cínica de la ciudad de Nueva York y que consigue mantenerte atado al sillón mientras devoras sus páginas, con la vana esperanza de que la historia se prolongue más allá de las trescientas y pico páginas que contiene.

 

Ricardo Bosque, octubre de 2007

 

DÍA DE PAGA

Elvin Post

Traducción de María Lerma

EDICIONES PAIDÓS. ALEA

15/10/2007 11:26. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

De flores, Bosque y entierros

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PRÓXIMO SÁBADO, 29 de septiembre,a las 12,30 y hasta las 14 horas, compartiremos vino y mejillones después de escuchar como CRISTINA FALLARÁS nos habla de Tana Marqués,mientras suena Gloomy Sunday (el tema musical preferido de Tana, la mítica canción compuesta por Rezsö Seress a la que se atribuyen más de cien suicidios).
 
Cristina Fallarás, nos contará (lo que pueda, ya que para saber más habrá que leer el libro) que Tana, además de dirigir una floristería, ejerce una segunda actividad mucho más lucrativa: el suicidio de aquellos clientes que, previo pago, han decidido contratar sus servicios por no ser capaces de quitarse la vida por sí mismos. Una profesión que en principio no debería darle muchos quebraderos de cabeza...¿o sí?
 
Y Cristina nos presentará al autor de esta historia de crimen y flores, al autor de MANDA FLORES A MI ENTIERRO, Ricardo Bosque.

Negra y Criminal
sal 5, Barceloneta, Barcelona
tel. 93 295 59 22
www.negraycriminal.com
http://negraycriminal.blogcindario.com/
 
26/09/2007 12:53. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

Manda flores a mi entierro o la buena literatura

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Por Amir Valle

 

Pocas veces he leído libros que me impactan. Quizás el hecho de que mis primeras lecturas hayan sido en una edad tempranísima sea la causa de que en mi cabeza existe algo así como una costura cauterizada por la acumulación excesiva de lecturas, que impide que me emocione con mucha de la buena literatura que por esos mundos se escribe. Esa costura, sin embargo, cuando se abre ante un libro, me permite saber que me encuentro ante una obra de valía literaria real, capacidad personal convertida casi en mito por mis amigos del gremio de escritores, quienes suelen esperar por mis juicios a partir de eso que ellos han llamado, siguiendo a Hemingway, “detector de mierda”.

 

A lo anterior debo sumar otro detalle: considero que mucha de la literatura que hoy se escribe bajo el rótulo de novela negra es, para ser finos, desechable, debido a razones que, explicar, harían muy largo este artículo, además de que se perdería el sentido para lo cual ha sido escrito. Bajo ese credo, entonces, suelo no creer en nadie que me diga que tal novela negra es excelente hasta tanto no logre comprobarlo con mi propia lectura.

 

Quiero empezar diciendo entonces que Manda flores a mi entierro, que se anuncia como la segunda novela del escritor español Ricardo Bosque, parece ser la novela de un consagrado. Acaba de ser publicada justo cuando la novela negra española vive uno de sus mejores momentos, luego de una crisis inicial de la que muy pocos confiaban podrían salir todas esas obras de madurez literaria que hoy podemos encontrar, aún cuando todavía se publique mucha morralla. Precisamente ese es el primer reto que ha vencido esta novela: se coloca entre las mejores novelas publicadas en España durante, al menos, los tres últimos años y lo hace con una poderosa triada: perfecta estructura dramática, exquisita configuración psicológica de los personajes y casi absoluta limpieza estilística, a lo cual suma el ingrediente del suspense, magistralmente esgrimido por el autor desde el inicio mismo de la novela, como uno de los hilos invisibles que conducen la trama.

 

Resultará curioso para cualquier escritor-lector del género el modo en que Ricardo Bosque estructura la trama: a partir de los equívocos. Y es ése un procedimiento que, por peliguado, peligroso y cargado de riesgos, suele evitarse a la hora de escribir novela negra. El equívoco, sin embargo, adquiere en Manda flores... la categoría, a un mismo tiempo, de motor impulsor de la trama, de caracterización psicológica de los personajes y de mecanismo de creación de atmósferas. Contribuye, además, a la desubicación del lector, poniéndolo ante posibilidades que harán más confuso el necesario suspenso en torno a los hechos que se investigan. En ese camino apuntan los datos y comportamientos incongruentes (que propician el equívoco como figura literaria) de la profesional del suicidio Tana Marqués, de su tío Ramón Marqués, del investigador policial Arturo Sanromán y de la férrea matrona Mercedes Samper, quienes, con su volubilidad psicológica, su indecisión (o su exceso de resolución y confianza) ante algunas situaciones muy personales o de la trama criminal-investigativa, y la planificación calculada que hacen de sus acciones, propician una serie de preguntas que el lector tiene que responder, o una serie de giros de la trama que el lector experimentará junto a ellos, todo lo cual otorga a la historia narrada mayor naturalidad y fuerza de credibilidad.

 

La estructura investigativa, y el crecimiento dramático de las acciones que se van sucediendo a lo largo de la novela, es otra de las virtudes de Manda flores a mi entierro. No hay en esta obra, como suele suceder (y hablo de un defecto grave) en muchas novelas negras, ni cabos sueltos, ni escenas conversacionales superfluas donde el investigador parece estar más interesado en demostrarle al estúpido lector que es un buen policía porque cumple con las reglas de la investigación policial, ni mucho menos cosas traídas por los pelos para resolver situaciones escabrosas. La tan temida progresión dramática en esta novela se consigue con la más absoluta naturalidad porque Ricardo Bosque ha sabido dotar de vida propia tanto a personajes como a la propia historia, que transcurre por los cauces que el azar y la sagacidad o viveza de los personajes le va creando, es decir, como sucede en la vida cotidiana.

 

Si todo lo anterior es destacable, más importante aún es la perfecta configuración psicológica que hace Ricardo Bosque de sus personajes. Y hago notar que sucede igual tanto para los protagónicos (Tana, Sanromán, Mercedes, Ramón) como para los secundarios (el ayudante Félix, el mayordomo Julio, Sanromán padre, o Luis, el esposo de Tana), para los personajes transitorios (el otro hijo de Mercedes, los viejos que en las escenas finales revelan a Sanromán padre cierta verdad oscura en el pasado de Mercedes), e incluso para los llamados personajes referenciales, cuyo caso más evidente es el asesinado padre de Tana, Juan Marqués.

 

El escenario que proponen estos personajes, así como sus interacciones encima de éste, tiene que ver mucho con algo que suele estar en el centro de las discusiones sociológicas de la España actual: la pérdida total de valores, vista como un proceso de deformación que se viene sucediendo desde hace ya muchas décadas y que, contrariamente a lo que se piensa, primero, no es un fenómeno de la modernidad española, ni mucho menos resultado de la actual banalización internacional. Es, como queda claro en la alegoría expuesta en esta novela, el estallido de una acumulación de cambios sociales crecientes en los cuales tienen un papel esencial los avatares históricos, los procesos sociológicos por los cuales ha atravesado España a lo largo de las últimas cinco décadas y la introducción en la idiosincrasia peninsular de los traumas producidos por una sociedad que intenta asimilarse al mundo desarrollado, sin que importen esos otros cambios terribles que suceden en lo que los sociólogos llaman “conciencia social”. Y lo hace focalizando uno de los grandes traumas de la sociedad española, en particular, y europea, por extensión: la pérdida de la célula fundamental de desarrollo de la especie humana, la familia.

 

El humor irónico (en Sanromán), la frialdad despreciativa (en Mercedes), la calculada sobriedad (en Tana), la apostada comprensibilidad (en Ramón), la rebelde ancianidad (en Sanromán padre), y la fidelidad fanática (en Félix), para sólo mencionar las más desarrolladas, son mecanismos caracterizadores que destacan por su excelencia en esta novela. Ricardo Bosque demuestra que ha aprendido bien uno de los grandes consejos de la caracterización literaria: “cada uno de nosotros puede ser distinguido del resto por solamente una característica”, dijo cierta vez ese genio que fue William Faulkner, y a partir de la elección de una característica tipificadora para cada uno de sus personajes, Ricardo construye el edificio psicológico con el cual nos los presenta: tarea realmente admirable.

 

Finalmente, el lado flaco de la mayoría de las novelas negras que hoy se publican: el lenguaje. Acostumbrado a las barrabasadas gramaticales cometidas por buena parte de los escritores que publican, en español, en España (donde la edición, además, no suele ser nada buena), me ha llamado mucho la atención la justa limpieza con la que el autor ha escrito Manda flores... Una prosa ágil, inteligentemente movida desde la introspección psicológica hacia el exteriorismo narrativo y descriptivo, con excelente reactividad dramática (es decir, que se acelera cuando es necesario, y se hace lenta, cuando la trama lo requiere), permite que la distribución de las acciones dramáticas lleguen al lector en su justo peso, con sus más naturales implicaciones, y con toda la limpieza necesaria.

 

Manda flores a mi entierro, repito entonces, es una novela que, en primer lugar, prestigia a la editorial que la ha publicado; en segundo, que se inscribe en lo mejor de la actual novela negra española, y en tercer lugar, que marca el regreso triunfal de un autor al género de la novela (más allá de si es negra o no) y propone un gran personaje: Arturo Sanromán, cuyos casos próximos, espero, nos seguirán cautivando.

31/08/2007 17:41. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón Hay 1 comentario.

Reseña (o así) de Manda flores.

20070825125621-tiburon-200x160.jpgEL BOSQUE DEL LOBO

Confieso que leí Manda Flores... con ansiedad y estupor. El título era bueno; el escritor, crítico; y su condición, de novato. Lo leí entre lingotazos de vino y cigarrillos en primavera. Me dejó estupefacto. Entre tanta novela con pretensiones, tanto libro con afán de trascender, tanto pedante ambulante, me encontraba con un libro sencillo y bien escrito que sólo pretendía entretener.

Porque lo cierto es que me enganchó enseguida: los personajes eran creíbles; el marco, bien dibujado; la trama, consistente; el lenguaje, eficaz y limpio. Soy escritor y crítico literario, de modo que tengo cierta desviación a recomendar o desaconsejar, así que automáticamente lo recomendé a un puñado de amigos. Ninguno se quejó.

No voy a desvelar la historia, pero sí a sacarle un pero bastante grave. Vemos. Dos meses después me llevé Manda Flores... a la playa con mi mujer y chavales. La playa, ya se sabe, es un coñazo. Hay que cuidar de los niños, estar atento no se pierdan y evitar que se ahoguen. No voy a esconder que soy camastrón además de miope, de modo que cada año me llevo al mar la hamaca y un par de periódicos, y leo como un condenado.

Sin embargo, este año mi mujer tenía Manda Flores... entre las manos y leía y leía mientras los niños jugaban y hacían esas burradas tan encantadoras que hacen. Afortunadamente veraneamos en Almería, no en Tarragona. En caso contrario, seguro que se los zampa el tiburón. Porque lo cierto es que enseguida comprobé que o me ocupaba yo o no se ocupaba de los chicos nadie.

Empecé a mirar con ira aquel maldito libro que me estaba aguando las vacaciones más que el mismo Mediterráneo. "Joder con el Ricardo Bosque de los cojones", me decía. A ese tío lo talo. Pedí el teléfono del pájaro en información y le llamé desde la playa conminándolo a una compensación (nurse, canguro o nanny), pero se rió desvergonzadamente y hasta se mostró simpático, el muy traidor.

Que se prepare: desde este momento desaconsejo su lectura en la playa, sillón o sofá, de forma que sólo puede ser leído en una narcosala. Es una novela estupefaciente y con tendencia a dejar estupefacto no sólo al que lee, como el tabaco. De la misma manera, encarezco a que lo lean en la cama todas las señoras y señoritas que duermen acompañadas, al fin y al cabo la protagonista es una mujer. (Y qué mujer.)

Y para que conste, firmo y rubrico esto.
 
J.L. Gracia Mosteo
25/08/2007 12:56. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

Manda flores a mi entierro: una imagen y unas mil palabras

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La imagen está tomada por Cruce de cables el pasado 14 de julio, en la presentación de la novela "Manda flores a mi entierro", de Ricardo Bosque, dentro de los actos de la XX Semana Negra de Gijón.

Las palabras las ponen Jesús Lens (Pateando el mundo ) y Fran J. Ortiz (Abandonad toda esperanza )

 

05/08/2007 11:20. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

La Sevilla más monstruosa jamás imaginada

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Sin duda alguna, una de las propuestas literarias más originales de los últimos años es la que nos llega de la mano de Juan Ramón Biedma y sus dos novelas ambientadas en una Sevilla que, desde luego, tiene un color especial: “El manuscrito de Dios” (Mención Especial del Jurado en el II Premio Umbriel fallado en la Semana Negra de Gijón de 2004) y “El espejo del monstruo”. Una Sevilla en la que siempre llueve, con una catedral inquietante y plagada de seres abominables que se mueven por sus calles en coreografías que recuerdan a las películas más auténticas del cine de zombies (léase La noche de los muertos vivientes, de George A. Romero).

Ambas novelas responden al evidente gusto del autor por lo esperpéntico, por el retrato de una sociedad marginal por su fealdad y por lo apocalíptico en grado extremo. En la primera, y tras un título que sugiere “otra novela más de templarios y similares”, nos encontramos con un trío de protagonistas a la búsqueda de unos manuscritos que son igualmente codiciados por extrañas hermandades católicas ultramegaintegristas. Visto así uno puede pensar que ya ha leído miles de novelas iguales, pero se equivocará de cabo a rabo. Porque, a ver, ¿cuándo se ha visto a un ejército de mendigos residiendo en los subterráneos de una ciudad a punto de entrar en el tercer milenio? ¿a una tripulación de jesuitas degollada en su buque escuela amarrado en el Guadalquivir? ¿a un coro de niños enterrado bajo el rosetón derruido de una iglesia?

El esperpento continúa en la segunda de sus novelas, “El espejo del monstruo”, en la que el inspector Vendimia (un tipo con la cara abrasada que sabe que jamás llegará a comisario debido a su deformidad) y el abogado Set Santiago (que acaba de cumplir condena por el asesinato de su hija pequeña) deberán resolver una serie de espeluznates asesinatos cometidos contra monstruos que residen en Sevilla, tales como una mujer hermafrodita, un médico que aloja en su vientre a otro hombre diminuto a modo de parásito, una mujer con piel de lagarto, otra con un tercer ojo en medio de la frente… Y no son asesinatos de los de andar por casa, sino cometidos siguiendo el patrón de antiguos martirios padecidos por ilustres santos católicos: cocimiento en un puchero gigantesco, aserrado longitudinal en dos mitades simétricas…

Ambas publicadas por Ediciones B y la primera ya en bolsillo, las dos respondiendo al estilo literario peculiar de Biedma, la primera de las cuales describió Paco Ignacio Taibo II como “el resultado del apareamiento entre Neil Gaiman y Valle-Inclán”.
Y de las dos se puede leer (se debe leer, más bien) este magnífico artículo de David G. Panadero publicado en La Gangsterera .
Avisado queda el personal.
 
 
 
 


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28/09/2006 14:11. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

Centenario del nacimiento de Jim Thompson

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Tal día como hoy, en 1906, llegaba a la Tierra en carne mortal la que se puede considerar como una de las tres personas de esta Santísima Trinidad Negra junto a Dashiell Hammett y Raymond Chandler.

Nacido en Anadarko (Oklahoma), tuvo que desempeñar demasiados oficios antes de dedicarse a la literatura, dejándonos joyas como "El asesino dentro de mí", "Noche salvaje", "Aquí y ahora" o la más conocida de todas y para muchos su mejor novela, "1280 almas".

Este verano, y de cara al número especial que la revista Gangsterera en su formato impreso dedicará al autor norteamericano, este somardón ha tenido (bendita obligación) que releer unas cuantas de sus mejores obras (además de las citadas anteriormente, "Hijo de la ira", "En bruto" o "Al sur del paraíso") y ha podido comprobar que Thompson sigue tan vivo como siempre y que debería ser lectura ineludible para aquel que quiera adentrarse en los amplios territorios de la novela negra.

Para más información sobre el autor, muy recomendable este artículo en La Gangsterera.

27/09/2006 11:26. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

Vuelve Trevanian

¿Y quién es Trevanian?, se preguntarán algunos.

Pues dicen las malas o buenas lenguas que tal vez fue un escalador de prestigio, quizás un especialista en arte, un ex agente secreto… En cualquier caso, fue el seudónimo utilizado por alguien para publicar, en los años setenta, una serie de novelas de espionaje protagonizadas por Jonathan Hemlock, alpinista, profesor de arte y agente secreto en sus ratos libres, ocupación esta con la que costea sus caros caprichos artísticos. Como quiera que el candidato con más papeletas para responder a ese seudónimo era el escritor norteamericano Rodney Whitaker, fallecido el pasado mes de diciembre, supongo que se trata de un secreto que descansa ya bajo tierra.

Viviane Ardevol, de la editorial Entrelibros rescata ahora los dos primeros títulos de la saga, publicados en España a finales de los ochenta por Noguer Ediciones y promete más para el año que viene. Se trata de "La sanción de Eiger", llevada al cine en 1975 por Clint Eastwood, y "La sanción de Loo".

Lo primero que debemos tener en cuenta es que se trata de novelas escritas en los primeros setenta, por lo que resulta conveniente, antes de comenzar su lectura, vestirnos con nuestro mejor pantalón acampanado o con nuestra minifalda preferida (según sea el caso), saquemos del armario la camisa con cuello más grande que podamos encontrar, calzarnos las Ray-Ban de cristales verdosos que teníamos olvidadas por algún cajón y disponernos a "perdonar" algunas actitudes o expresiones que ahora nos pueden parecer improcedentes, trasnochadas o políticamente incorrectas.

En las novelas protagonizadas por Jonathan Hemlock podemos encontrarnos con esos malos malísimos que tanto nos han hecho disfrutar en las historias de espías, tipos sin escrúpulos siempre dispuestos a dominar el mundo como sea, mediante fórmulas para desarrollar mortíferas armas biológicas o mediante el chantaje vil a las más influyentes personalidades de los más poderosos gobiernos del mundo. También veremos desfilar ante nuestros ojos a quienes, desde agencias y contra agencias de espionaje, tratan de poner orden e impedir que los del otro bando consigan sus fines. Y a los ejecutores fríos de las órdenes, incuestionables, que reciben de sus superiores. Y mujeres fatales que aprovechan sus encantos para sonsacar información de donde haga falta… Ay, qué tiempos aquellos, que diría la otrora supuestamente exuberante (y actualmente recauchutada) Bienvenida "Welcome" Pérez.

Y en medio de todo, Jonathan Hemlock, un tipo absolutamente frío y tremendamente capacitado para matar que desconoce lo que es el sentimiento de culpabilidad, un personaje que recuerda por su amoralidad al Ripley de Patricia Highsmith. Experto en arte y prestigioso alpinista, presta sus servicios por dinero a la CII, una organización secreta norteamericana que se dedica a buscar y "sancionar" a aquellos agentes del bando contrario que han osado asesinar a algunos del propio. Porque, no hay que olvidarlo, estamos en los setenta, con dos potencias sumidas en plena guerra fría y, en tiempos así, si algo abunda son los agentes secretos y los motivos para matar.

En "La sanción de Eiger", novela que sirve para presentar a nuestro protagonista, un agente de la CII ha sido ejecutado por la competencia en Montreal. Los asesinos no han dudado en abrir garganta y estómago de la víctima en su afán por recuperar el microfilm que acababa de tragarse. Hemlock es requerido para que sancione a los culpables, uno de los cuales ha sido identificado y del otro se sabe que va a participar en una escalada a uno de los picos alpinos que más vidas se ha cobrado a lo largo de la historia. Su misión será, una vez sancionado el primero de los asesinos, participar en la expedición a la espera de los datos que identifiquen a quien será su segunda víctima, uno de los tres compañeros de ascensión. Pero, ¿qué puede ocurrir si la información no llega antes de que comience la escalada? ¿O si la persona a quien debes sancionar es tu compañero de cordada, aquel que impide que te precipites al vacío?

La trama de "La sanción de Loo" es más convencional, o al menos el escenario lo es. Estamos en Londres. Un hombre aparece empalado en el campanario de St. Martin's-in-the-Fields mientras Hemlock se dispone a dar una serie de conferencias sobre el tema que mejor domina. No, no me refiero a los asesinatos selectivos, sino al mundo del arte. Pero pronto se ve implicado en la muerte de un desconocido que aparece en el cuarto de baño de su casa, y una organización británica vinculada a la CII, de la que se había despedido hace ya cuatro años, le pide amablemente que les ayude a acabar con un individuo que posee información con la que chantajear a la mitad del Parlamento inglés. Para conseguirlo deberá introducirse en la red de burdeles de lujo que, según parece, dirige el candidato a víctima del profesor de arte y gracias a la cual sabe lo que sabe de los viciosos políticos británicos.

Dos novelas de acción al cien por cien, con diálogos plagados de cínicas indirectas, con personajes que nos resultarán familiares desde el principio porque son como aquellos con los que hemos crecido muchos de los que ya tenemos taytantos, como esos Dr. No o Fu-Manchú de turno con los que Ian Fleming o Sax Rohmer nos lo hicieron pasar tan bien. Y una gran alegría el hecho de que una editorial recupere buenos libros casi perdidos en unos tiempos en los que se publica mucho aunque no importe tanto la calidad como la novedad y comercialidad del autor.

Para dentro de unos meses, "Shibumi", otra de Trevanian, con diferente protagonista pero en la misma línea de espionajes y conspiraciones que estas dos primeras. Mientras tanto habrá que esperar, pero antes no debo olvidar quitarme estos pantalones acampanados y esta camisa con chorreras que, más que un espía serio, me hacen parecer un Austin Powers de pacotilla, Y tampoco es cuestión de salir a la calle a llamar la atención.

LA SANCIÓN DE EIGER - LA SANCIÓN DE LOO
Trevanian
Traducción: Isabelle Ardevol
ENTRELIBROS. 2006

Ricardo Bosque para La Gangsterera

11/07/2006 17:36. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

Días sin tregua

De entrada, y para hacer un chiste fácil, diré que al título de la última novela de Miguel Mena le sobra el plural, porque ha sido un solo día el que he necesitado para metérmela entre pecho y espalda. Eso sí, un día sin descanso salvo el imprescindible para bajar a tomar unas cañas cerca de casa y guardar las formas ante los inminentes comentarios tipo "últimamente no tienes ojos más que para los libros" o "para estar al lado de un mueble con gafas me voy con mi madre de compras" que me empezaba a ver venir.

Claro, el autor no pensaba en mi manera de leer cuando puso título a su obra, sino en los durísimos días de la transición, y en concreto a las semanas posteriores al intento de golpe de Estado de Tejero, con ETA matando a un ritmo de dos personas por semana, con secuestros para dar y regalar como el del ingeniero Ryan o el heladero valenciano Suñer, con la extrema derecha calentando todavía más el ambiente, con la Guardia Civil con el gatillo flojo del caso Almería y con los cuarteles y comisarías del país repletos de funcionarios ansiosos por brindar cuando el sucesor del golpista del tricornio tuviera éxito y acabase con la puta democracia de los cojones.

Y, por si fuera poco, por si la gente todavía no estaba bastante desestabilizada con la que estaba cayendo, alguien golpea en uno de los pocos estamentos que unen a todos los españoles: el fútbol, claro. Y no se le ocurre otra cosa que secuestrar al "pichichi" de la liga, al asturiano y desde esa temporada barcelonista Enrique Castro "Quini".

"Días sin tregua" es una novela atípica para el género, puesto que, por una vez y sin que sirva de precedente, el lector parte con varios cuerpos de ventaja respecto de los investigadores del secuestro, ya que la novela es parte de la historia de este país y todo aficionado medianamente informado sabe que a Quini lo secuestraron unos pobres hombres en paro y lo tenían retenido en un sótano de Zaragoza; y mientras eso sabe el lector, la policía buscando en Barcelona conexiones con ETA, GRAPO, grupos organizados que pretendan añadir más leña al fuego o mafias de todo tipo.

Sin embargo, esa ventaja del lector no resta intriga a la novela ya que lo de menos es quién sea el autor de tan sorprendente secuestro. Lo verdaderamente importante es la lección de historia reciente que supone la novela, la crónica casi periodística de unos años convulsos que pueden suponer el regreso a las catacumbas dictatoriales o la vacuna que inmunice al país contra todo lo que esté por llegar.

Y como maestro para impartir esta clase de historia, Mena elige a Luis Mainar, un inspector madrileño que acaba de participar en la investigación del secuestro y asesinato por parte de ETA del ingeniero Ryan de la central nuclear de Lemóniz (como dice el protagonista, el gatillo es mucho más rápido que la radiactividad) y que es destinado a Barcelona para colaborar en la resolución del caso del futbolista.

Mainar abandona su comisaria de Madrid dejando tras de sí los vasos de plástico pringosos de champán barato con que muchos de sus compañeros han brindado seis días atrás por Tejero. En Barcelona, nido de rojos y separatistas, no le recibe un ambiente más agradable y pronto descubre que será mejor no manifestar en público (entre sus colegas, evidentemente) su disgusto y preocupación ante tanto salvador de la patria como abunda en los cuarteles españoles o asegurar que, ingenuamente tal vez, preferiría ser inspector de Scotland Yard, donde ni la policía cuestiona la democracia ni los ciudadanos desconfían de la policía.

Pero no sólo deberá callar sobre eso, sino que también deberá hacerlo respecto a la propia investigación en la que colabora. Y guardarse las espaldas, como comprobará cuando se percata de que alguien de su propia comisaria pretenda chantajearle aunque no tenga ni idea de por qué motivo.

Todo ello salpicado por la presión de sus problemas familiares: un suegro militar que no deja pasar ocasión para pedir menos politiqueo y más mano dura, una mujer a seiscientos kilómetros de distancia geográfica y casi tantos en lo emocional y, lo peor de todo, una hija que no crece como los demás niños de su edad sin que los médicos sepan porqué, que tal vez nunca sepa decir papá, una niña que ríe sin tener motivo para hacerlo, que se lleva todo a la boca… incluso la pistola que encuentra en una maleta en uno de los momentos para mí más terriblemente tensos de toda la novela, y no sólo por el peligro que supone para la criatura sino por los sentimientos que despierta en el padre.

En definitiva, una magnífica novela que, con la excusa de un secuestro que conmocionó a los aficionados al fútbol de todo el país, nos sirve, entre otras cosas, como resumen de prensa de una de las épocas más convulsas de la historia reciente de España. Y para tenernos amarrados hasta el final a nuestro sillón favorito sin tiempo siquiera para tomar una cañas con los amigos. Con el calor que se avecina.

DÍAS SIN TREGUA (Premio Málaga de novela)
Miguel Mena

DESTINO. 2006

Ricardo Bosque para La Gangsterera

11/07/2006 17:35. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

Sendero sombrío

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SENDERO SOMBRÍO
Dominique Manotti
Traducción de Cristina Zelich
TROPISMOS. 2006


Ya sé dónde se encuentran los signos de puntuación que puede echar en falta un hipotético lector de "Cristo versus Arizona", aquella novela experimental de Camilo José Cela que constaba de una sola oración de cien páginas: en la primera novela de la francesa Dominique Manotti, publicada en su país en 1995 y que ahora trae a España la editorial salmantina Tropismos.

Porque éste es, sin duda, uno de los rasgos distintivos de "Sendero sombrío": la abundante proliferación de puntos, comas y puntos y comas a lo largo de las trescientas sesenta y cinco páginas de la novela. O al menos es lo primero que salta a la vista cuando comienzas su lectura, la escritura casi telegráfica por la que opta la autora, con oraciones breves que se encadenan rápidamente y que, pese a que una de las funciones teóricas de los signos ortográficos sea la de ralentizar, pausar o ayudar a tomar aire a lo largo de la lectura, lo que consiguen es el efecto contrario, que las páginas transcurran a una velocidad de vértigo. Frases cortas como golpes de fusta, que también los hay en la historia.

Pero claro, pobre novela sería aquella de la que lo único reseñable fuera la ausencia o abundancia de signos de puntuación. Sin embargo, en "Sendero sombrío" hay más, mucho más. Empecemos por el equipo protagonista.

Y digo equipo, porque contra lo usual de policías sagaces que resuelven los casos sin apenas colaboración, aquí nos encontramos a un comisario y varios inspectores, de diferentes departamentos: homicidios, delitos fiscales, narcóticos… todos ellos necesarios para resolver un caso que contiene un poco de todo eso.Al frente del equipo, el comisario Théo Daquin. Jugador aficionado de rugby, poco ortodoxo en sus métodos policiales, más bien violento y homosexual declarado aunque a veces se pueda sentir atraído por mujeres muy concretas. Por no utilizar una conocida expresión un tanto grosera que contiene la palabra olla, diré simplemente que no duda en mezclar trabajo y sexo, manteniendo a lo largo de la novela una apasionada relación -a menudo tal vez excesivamente dominante- con Soleiman, representante del Comité para la Defensa de los Turcos y confidente en sus ratos libres.

Le acompañan Romero y Attali, dos inspectores a los que ni siquiera un honrado ciudadano quisiera tener cerca. De unos veinticinco años, nacidos y criados los dos en los suburbios de Marsella, Attali era el niño bueno de la clase, que aprobó la oposición de inspector para poder llevar pronto dinero a sus padres. Romero, por el contrario, flirteó a menudo con la delincuencia y no sabe muy bien por qué razón se hizo policía. Junto a ellos -en ocasiones frente a ellos-, Thomas y Santoni, dos inspectores que les doblan la edad, que se conocen desde hace más de treinta años y pertenecientes a la Brigada Territorial. Aunque asignados temporalmente a la unidad de Daquin, muestran una mayor fidelidad hacia su propio comisario, Meillant, del distrito X.

Y cierra el equipo Lavorel, policía de los denominados despectivamente de "traje y corbata" por su pertenencia a la Brigada de Delitos Fiscales y que ingresó en ella a causa de su odio precisamente hacia los delincuentes de "traje y corbata". Por eso y por no querer pasar su vida machacando a los pequeños gamberros de periferia.

Tras el equipo protagonista, el escenario. París, 1980. Una ciudad por casi todo el mundo conocida, ya sea por haberla visitado o por las muchas ocasiones en que aparece en la televisión o el cine. Eso sí, en la novela no se ve por ninguna parte el Arco del Triunfo, el Obelisco, la Torre Eiffel, los nosecuantos escalones que hay que trepar para casi tocar las gárgolas de Notre Dame, los eternos cuadritos siempre con los mismos motivos que los turistas pueden comprar en la plaza de Tertre... El París que visitaremos será el que se limita al Sentier, el barrio actualmente conocido como el del Cairo, rodeado por los grandes bulevares haussmannianos de la orilla derecha del Sena. Barrio tradicionalmente ocupado por los mayoristas de la confección (ahora desplazados al barrio chino o a la perifería), por los talleres clandestinos abarrotados de turcos, por putas de bajo standing, sex-shops y locales de peep-show últimamente en declive.

Y la trama, claro, que en un barrio así debía girar, inevitablemente, alrededor del mundo de la confección. Pero no veremos el glamour de la alta costura, las pasarelas, las revistas de moda o los establecimientos de afamados modistos, sino que deberemos entrar en los locales y buhardillas en que se turnan un montón de trabajadores sin papeles para abastecer a los comercios de, entre otras cosas, prendas falsificadas. Y en uno de esos talleres, nada más empezar, nos encontraremos con el cadáver de una niña tailandesa de doce años, una niña que había llegado a Francia con pasaporte falso para trabajar en una compañía de baile. Como tantas otras de su misma edad.

Y cerca del cadáver, un par de bolsas que han contenido heroína. Y en las calles contiguas, locales en los que se ejerce la prostitución mediante un sistema pocas veces imaginado. Y políticos, "agregados culturales" en embajadas, valijas diplomáticas, corruptos funcionarios franceses y unas relaciones internacionales ciertamente tensas en el momento en que en Teherán está teniendo lugar una revolución islámica. Y un comité que lucha por la regularización de la situación laboral de los trabajadores turcos como telón de fondo.Y como curioso toque histórico, la ocurrente presencia de un conocido magnicida al que la Justicia Divina -a través del Papa- perdonó en su momento y que, creo, la Justicia Humana está a punto de poner en libertad tras varios años en prisión. Si no lo ha hecho ya un día de estos, que últimamente leo muchas novelas y pocos periódicos.

Una buena novela, una estupenda manera de comenzar una nueva saga y un acierto más de una editorial que no deja de traernos magníficos autores de novela negra inéditos en nuestro país. Que no decaiga.
 
Ricardo Bosque, mayo de 2006 

10/05/2006 09:31. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón Hay 1 comentario.

El misterio de Mangiabarche

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EL MISTERIO DE MANGIABARCHE
Massimo Carlotto

BARATARIA. 2006
Traducción: Elena Martínez


Nada más terminar de leer ’La verdad del Caimán’, la primera de las novelas de Massimo Carlotto protagonizadas por Marco Buratti, pensé que algo me había faltado.

Cuando llegó a mis manos esta segunda entrega me dije que debía hacer las cosas bien desde el principio. Así que, de un rápido vistazo al libro, confeccioné una lista con la música que Buratti escucha en su walkman a lo largo de la novela, puse a trabajar a la mula y unas horas más tarde tenía grabada en un CD la banda sonora original de ’El misterio de Mangiabarche’. Espero que no lean esta crítica los chicos de la SGAE, pero es que no se ocurrió otro método para conseguir tanto blues en tan poco tiempo.

Puse el disco en el equipo del salón, bajé las persianas y encendí la lámpara a la intensidad justa para poder leer. Con el ambiente ya creado, me tumbé en el sofá y me dispuse a leer. Pero faltaba algo fundamental: tabaco y una botella de calvados. Calvados no suelo tener en casa (soy más de orujo), pero pensé que el bourbon con hielo también era un magnífico compañero para una noche de novela negra y blues.

Y es que hay libros para los que resulta aconsejable seguir un mínimo ritual a la hora de enfrentarse a ellos. Porque hay libros que simplemente entran a través de la vista; otros lo hacen también por el olfato; y hay unos pocos que requieren de todos los sentidos, incluido el oído, para alcanzar un resultado óptimo.

Los casos protagonizados por el Caimán están entre estos últimos. Huelen a humo de cigarrillo llenando los tugurios de Padua o Cagliari. Tienen el regusto fuerte del calvados, casi la única bebida que acostumbra a tomar el detective. Y suenan a blues en cada una de sus páginas.

Marco Buratti, conocido como el Caimán por su pasado como músico y cantante de los Old Red Alligators, es un ex convicto que tras salir de prisión se metió a detective sin licencia para facilitar los contactos entre el mundo legal de sus clientes y los bajos fondos que tan bien conoce. En su primer caso puso patas arriba su ciudad natal, Padua, circunstancia que le aconsejó un cambio de aires. Y nada mejor para ello que aceptar la invitación que un desconocido y aficionado al blues como él le hace para visitar Cerdeña, isla en la que deberá resolver este misterio del Mangiabarche.

Diez años atrás, tres abogados sardos fueron acusados de homicidio y tráfico de drogas. Después de dos años de cárcel quedaron en libertad al no poder ser declarados culpables. Ahora, por la isla se comenta que alguien ha visto vivo hombre que presuntamente habían asesinado los abogados, Giampaolo Siddi, otro colega con contactos en el mundo del contrabando. Marco Buratti recibe de los tres abogados el encargo de averiguar si es cierto que Siddi continua vivo, quién les implicó a ellos en la desaparición o muerte de aquel individuo y por qué razón fueron acusados precisamente ellos tres.

Para su trabajo, Caimán contará con la colaboración de su inseparable amigo Beniamino Rossini, ese hampón milanés de la vieja escuela al que conocimos en la primera entrega, un hombre íntegro a su estilo y tremendamente respetuoso con el código ético que ha imperado en su profesión desde siempre. Para completar una peculiar Santísima Trinidad que nos conducirá durante casi trescientas páginas por cada rincón de Cagliari, por el resto de Cerdeña y por la vecina Córcega, Buratti y Rossini contarán con la ayuda de un delincuente local: Marlon Brundu (sic), ladrón de primera nacido cuando se estrenaba Salvaje, que monta una Ducati doscientos cincuenta de color amarillo y negro y viste una cazadora de cuero con la leyenda Black Rebels a la espalda. Un trío perfecto para llevar a cabo una investigación discreta.

Investigación en la que los tres hombres se verán enfrentados a una banda de traficantes de heroína que utiliza una base militar de la OTAN como centro de operaciones, a una viuda que lleva demasiados años buscando en una revista de contactos a alguien que la acompañe en los aperitivos que todos los días toma en las terrazas de la ciudad, a un sicario psicópata que mata por procedimientos tan peculiares como introducir un plantador de bulbos en el cerebro de la víctima a través del ojo, a un espeluznante concurso de preguntas sobre ese mundo del blues que tan bien conoce Caimán, a un guión calcado de una vieja película francesa titulada Napoleón… Muchos frentes con un punto en común: Mangiabarche.

Como la primera entrega, ’El misterio de Mangiabarche’ presenta un ritmo trepidante, unos diálogos medidos y precisos, unas descripciones concisas que permiten ver los escenarios que el autor nos quiere enseñar y unos personajes sólidos, sin fisura alguna. Y si en ’La verdad del Caimán’ Marco Buratti era el protagonista principal y Rossini su comparsa, en este nuevo caso los papeles casi llegan a invertirse, con el hampón milanés desenvolviéndose como pez en el agua en el terreno que mejor conoce, manejando las armas con profesional soltura y ejerciendo casi de hada madrina de un Caimán al que, en ocasiones, debe llevar de la mano. Lo que puede llevarnos al nacimiento de una pareja atípica en el género en lo que a importancia de sus componentes se refiere, una pareja a lo tanto monta, monta tanto que puede dar muchísimo juego.

Pero para verlo tendremos que esperar a que Barataria publique la tercera de la saga, Nessuna cortesía all’uscita en italiano. Al ritmo actual, en un año los tenemos de nuevo con nosotros. Mientras tanto, seguiremos escuchando a Jo Jo Benson, Magic Sam, John Lee Hooker, Slim Harpo, Dinah Washington, Robert Cray y tantos otros. Dejando para el final, claro, el I smell a rat de Buddy Guy que Caimán siempre lleva encima para cuando llegue el momento de su propio funeral.

Ricardo Bosque, marzo de 2006




30/03/2006 13:16. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

La verdad del Caimán

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LA VERDAD DEL CAIMÁN

Massimo Carlotto

EDICIONES BARATARIA. 2005

Corren buenos tiempos para las traducciones al castellano de autores italianos de novela negra. Tras las recientes novelas de Marco Vichi, Giorgio Todde o Valerio Varesi entre otros, llega a mis manos la obra de quien, cronológicamente, debería ser uno de pioneros por estas tierras, pues su primera novela negra data de 1995. Hablo de La verdad del Caimán, de Massimo Carlotto, que con este título inició una serie de cinco novelas que espero sean traducidas a lo largo de los próximos años.

Carlotto es un tipo con una biografía ciertamente curiosa. Nacido en Padua en 1956 y actualmente residente en Cagliari, fue acusado en 1976 del asesinato de una mujer del que él fue el único testigo. Tras pasar seis años en la cárcel, estuvo otros cinco fugado por distintos países europeos, entre ellos España. Y fue en 1993 cuando el Presidente de la República, Oscar Luigi Scalfaro le concedió el indulto. Su fuga quedó reflejada en una novela autobiográfica publicada en 1995, "Il fuggiasco", llevada al cine en 2003 por Andrea Manni.

La verdad del Caimán también cuenta con evidentes tintes biográficos. De hecho, en la contracubierta podemos leer: "La verdad del Caimán es ciertamente mi historia. Tanto es así que en Padua, cuando salió el libro, se armó un escándalo porque la gente reconocía por la calle a los personajes y los señalaba".

El protagonista de la novela es Marco Buratti, conocido como el Caimán por su pasado como cantante de un grupo de blues, los Old Red Alligators. Tras una estancia de siete años en prisión, que podían haberse visto reducidos en caso de firmar ciertas actas y reconocer algunas caras, algo que prefirió no hacer, trabaja actualmente como detective, realizando investigaciones para toda la gente legal que necesita entrar en contacto con los bajos fondos. Bebe calvados, el único recuerdo que le queda de una novia francesa que tuvo, y nadie sabe dónde vive aunque cualquiera que haya oído hablar de él sabe cómo encontrarle: en cualquier club en el que toque una buena banda de blues.

Una abogada, Barbara Foscarini, le encarga la búsqueda de un hombre que ha aprovechado el tercer grado del que disfrutaba para no regresar a prisión, a pesar de que sólo le quedaba un año de condena por cumplir. Se trata de Alberto Magagnin, que dieciocho años atrás fue enviado a prisión acusado del homicidio de una mujer, aunque él siempre dijo que se la había encontrado muerta cuando entró a robar en su casa. Siguiendo su rastro, el Caimán llega a la casa de Piera Belli, una profesora a la que se ha visto últimamente en compañía del prófugo. El Caimán se la encuentra muerta, apuñalada, en lo que parece una repetición del pasado de Magagnin y del propio Massimo Carlotto.

El Caimán se plantea dos posibilidades: o Magagnin es nuevamente culpable o nuevamente inocente, y al ver que puede ser acusado otra vez de forma injusta, ha decidido huir. Pero un reloj manipulado deja las cosas más claras y el Caimán decide pedir ayuda a Beniamino Rossini, un cincuentón representante del hampa milanés a quien conoció en la cárcel y que, actualmente, se dedica al contrabando de todo tipo de mercancías (incluidas mujeres que terminarán dedicándose a la prostitución) entre Italia y Dalmacia. Se constituye así la curiosa pareja protagonista que deberá remontarse a aquel primer asesinato cometido dieciocho años atrás, enfrentándose a mafiosos, burgueses con tendencias sadomasoquistas, abogados, empresarios...

La novela discurre a un ritmo trepidante, casi vertiginoso, sin tiempo para innecesarias descripciones pues el mundo del Caimán queda perfectamente definido mediante sutiles pinceladas que bosquejan los bares que frecuenta, sus fieles amigos y aquellos de quienes mejor es mantenerse alejado. Estamos ante una historia que parece transcurrir siempre de noche si se entiende a qué quiero referirme con ello, a los ambientes oscuros a que nos acostumbró Hammett desde los primeros tiempos de la novela negra. Y es que el Caimán bien podría ser un personaje que se desenvolviese en cualquier historia criminal ambientada en los bajos fondos de Nueva York, Poisonville, Nueva Orleans o cualquier otra ciudad grande, mediana o pequeña de los Estados Unidos. Será por los implacables métodos que los protagonistas emplean para obtener información, por su afición hacia el alcohol, por su pasado al margen de la legalidad... o por el sonido melancólico del blues que pone música a muchos de los pasajes de la historia.

Supongo que la editorial tendrá en el tintero las siguientes entregas todavía sin publicar en España: Il mistero di Mangiabarche (1997), Nessuna cortesia all’uscita (1999), Il corriere colombiano (2000) y Il maestro di nodi (2002). Lo de menos es el título que les quieran dar en castellano; lo verdaderamente importante es que no pase demasiado tiempo hasta que podamos disfrutar del siguiente caso del Caimán que, como su autor, tuvo que trasladarse a Cagliari tras la publicación de su primera aventura.

Ricardo Bosque
30/01/2006 11:14. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

El leopardo de la medianoche

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EL LEOPARDO DE LA MEDIANOCHE
James McClure
EDITORIAL FUNAMBULISTA. 2005

Desde que, a finales de los ochenta, la editorial Júcar publicara en su colección Etiqueta Negra dos excepcionales títulos de este autor (“El cerdo de vapor” y “El huevo ingenioso”), no habíamos tenido ocasión de ver por estos lares una nueva traducción de los casos protagonizados por una de las parejas más atípicas del género: el teniente (blanco) Kramer y el sargento (bantú y, por supuesto, negro) Zondi, miembros los dos de la Brigada de Homicidios de Trekkesburg, Sudáfrica.

Desgraciadamente, han tenido que pasar más de quince años hasta que una nueva editorial ponga en nuestras manos otra joya del autor sudafricano, novela publicada originalmente en 1972 y que, cronológicamente, se sitúa a continuación de “El cerdo de vapor”, la primera de la serie y por la que obtuvo en 1971 el premio Gold Dagger de la Asociación Británica de Escritores de Novela Negra.

James McClure, nacido en 1939 en Pietermaritzburg, inició su carrera profesional como fotógrafo, compartiendo estudio con Tom Sharpe. En 1965 se exilió voluntariamente a Inglaterra pues, según sus propias palabras, “el apartheid me parecía absolutamente repugnante, y no sabía cómo quedarme sin formar parte de él”. Y es esa repugnancia por tan denigrante régimen político el que le lleva a descargar su ira mediante el género negro, porque, como dice el autor, “La novela negra se filtra por otro canal. La gente la lee en principio para evadirse, para pasar un buen rato. Y ese era el terreno en que yo pensaba que realmente podía golpear con más eficacia a un público conservador”.

Así es como crea a la curiosa pareja protagonista, que aunque pueda parecer ilógica en principio (un policía blanco y otro negro como compañeros en un régimen racista) debía ser habitual en la realidad, pues cada uno cumple su cometido en la resolución de los casos que investigan: Kramer interroga a los dominantes blancos y Zondi a los siervos negros, y así nadie se siente ofendido.

En “El Leopardo de la medianoche”, Kramer y Zondi deben resolver un enigma que comienza con la aparición del cadáver de un muchacho afrikáner (los descendientes de los holandeses colonizadores del país), mutilado en lo que parece la obra de un pervertido sexual. Pero el hallazgo de una oruga seccionada longitudinalmente y la averiguación de que el muchacho era miembro del Club de los Detectives, una especie de asociación cuya misión es alentar la colaboración de los niños en el mantenimiento del orden establecido y de paso perpetuar la visión racista de la sociedad, hace que los investigadores se inclinen por la posibilidad de encontrarse ante un crimen premeditado. Una extraña clave escrita en envoltorios de chicle, una Reina enterrada en el jardín de una mansión residencial de las afueras de la ciudad, o las clases de baile que el afrikaner muerto ha tomado en un club inglés conducen la trama hacia un desenlace del que no adivinaremos todo hasta casi volver la última página de la novela.

Como es habitual en McClure, la trama se desarrolla entre continuas muestras de ironía, situaciones surrealistas (la forma en que se produce la detención de uno de los colaboradores de Kramer por parte de la propia policía es absolutamente demencial) y un auténtico rosario de personajes secundarios con un carácter tan bien definido como el de los propios protagonistas: la viuda Fourie, madre de cuatro hijos y con la que Kramer mantiene una larga e inestable relación; Lisbet Louw, profesora del muchacho asesinado y decisiva a la hora de interpretar hechos que el teniente no termina de comprender; el agente Hendriks y sus permanentes granos adolescentes; el sargento Kritzinger, que nunca necesitará un pañuelo si tiene una corbata anudada al cuello; el capitán inglés Jarvis y su extraña familia; Nielsen, un naturalista que pasa las noches recolectando cagadas de musaraña; o Pembrook, el nuevo ayudante del teniente, sagaz en ocasiones pero infinitamente torpe la mayor parte del tiempo.

A través de estos y otros muchos personajes, McClure nos muestra cómo es la compleja sociedad sudafricana de los años setenta, utilizando el humor como mejor modo de denunciar las aberraciones de una sociedad clasista y racista, caracterizada por la presencia de multitud de grupos enfrentados entre sí, ingleses contra boers (ambos de acuerdo en un solo aspecto: la supremacía de los blancos sobre los negros) y bantús mirando por encima del hombro a zulúes, pues siempre ha habido clases y dentro de las clases, categorías.

Si no me equivoco, todavía quedan varios títulos protagonizados por Kramer y Zondi inéditos en España. Esperemos que no tengan que pasar otros quince años antes de poder disfrutar de nuevo de la voz diferente de James McClure.

Ricardo Bosque

26/01/2006 12:53. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

Muerte en Hamburgo

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MUERTE EN HAMBURGO
Craig Russell
ROCAEDITORIAL. 2005


Vaya por delante que las historias de psicópatas no consiguen volverme loco, pues a la tercera carnicería descrita al detalle pueden llegar a aburrirme profundamente, incluso a desagradarme.

Vaya por delante igualmente que considero un despilfarro injustificable el exceso de sangre derramada en muchas novelas, máxime a la vista de cómo la Cruz Roja busca desesperadamente donantes que palien la escasez de plasma de nuestros hospitales.

Y vaya también por delante que un asesino en serie no deja de recordarme a una cadena de montaje, cuando uno siempre ha preferido los productos hechos a mano y con cierta dosis de cariño en su elaboración.

¿Por qué entonces me ha enganchado de tal modo esta primera novela de Craig Russell? Porque, evidentemente, cuando un tipo se dedica a asesinar mujeres, y a todas ellas del mismo modo; cuando no sólo las mata, sino que además lo hace imitando un antiguo ritual vikingo que incluye la extracción de los pulmones y su colocación junto a la víctima a modo de alas; y cuando el asesino, desde luego, no muestra ningún espíritu cívico a la hora de proveer al Insalud de sangre de cualquier tipo, sino que deja que fluya sin parar en escenas que recuerdan a la matacía del tocino que se celebra en mi pueblo cada invierno… Si esto no es un asesino psicópata en serie, que venga Dios y lo vea.

El escocés Craig Russell nos presenta en esta su primera novela a Jan Fabel, un comisario alemán de la policía de Hamburgo que, de entrada, responde a uno de los patrones ya clásicos en el género: divorciado, una hija, escaso éxito con las mujeres, pasado que no desea recordar… Pero también con gusto por la historia, con la mitad de su sangre de origen escocés y educado a la inglesa, lo que le justifica que muchos le llamen “el comisario inglés”.

La novela arranca con el envío de un mensaje de correo electrónico a Fabel. En el mensaje, el asesino le comunica la muerte de su segunda víctima y aprovecha la ocasión para desafiar abiertamente al comisario: “Podrás atraparme, pero no detenerme”. La víctima, de la que sólo se conoce su nombre de guerra, parece ser una prostituta de lujo. Todo apunta a que nos encontramos ante un psicópata sanguinario con deseos de notoriedad y sin escrúpulo alguno, uno más a engrosar la nómina de desequilibrados que acostumbramos a ver en novelas parecidas.

Al menos eso es lo que parece que el autor quiere que creamos tras la lectura de las primeras páginas de “Muerte en Hamburgo”, aunque enseguida vemos que detrás de crímenes tan truculentos debe esconderse algo mucho más elaborado, que no estamos ante otra novela de tipos que deberían vestir camisa de fuerza hasta para dormir en lugar de dedicarse a retar al policía de turno a que se tome el asunto como algo personal y no pueda descansar hasta que termine la caza.

Y por supuesto que hay mucho más. Hay un montón de cuerpos policiales y militares –de nombres excesivamente largos e impronunciables para alguien que no sabe alemán– enfrentados entre sí, varios grupos mafiosos turcos y ucranianos disputándose los negocios sucios que surgen cada día en las calles de Hamburgo, políticos vinculados al pasado nazi de Alemania, especulación inmobiliaria y blanqueo de dinero a la vuelta de cada esquina de la ciudad… Y la propia ciudad, Hamburgo, como escenario de todo tipo de tropelías.

Ricardo Bosque

25/01/2006 12:26. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.

El rock de la dulce Jane

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EL ROCK DE LA DULCE JANE
José Luis Gracia Mosteo
EDITORIAL VERBUM. 2005


En 2001, José Luis Gracia Mosteo (Calatorao, Zaragoza, 1957) presentaba en sociedad al inspector Juan Barraqueta. En esa ocasión, y en una novela (El asesino de Zaragoza) narrada en forma de carta de dimisión al Ministro del ramo, Barraqueta debía descubrir al psicópata que estaba detrás de una serie de asesinatos que, por una vez en la historia y sin que sirva de precedente, colocaban a Zaragoza en el mapa mundial, al menos en el criminal, que ya es algo.

El asesino en cuestión era un individuo que la había tomado con los poetas e intelectuales de la ciudad, a los que asesinaba por el curioso procedimiento de hacerles tragar sus propias e infumables (a su juicio) obras literarias. Nadie daba un duro por el mediocre inspector Barraqueta que, sin embargo, resolvía el misterio gracias a sus peculiares modos de investigar y alcanzando un desenlace realmente sorprendente.

Juan Barraqueta no es un gourmet como Carvalho o Montalbano, ni está divorciado como Wallander y tantos otros, ni se metió a policía para vengar el asesinato de ninguna novia o conocido allá por sus tiempos jóvenes como Jan Fabel y otros que no recuerdo... Barraqueta es amante de la cocina “normalita” (huevos, panceta, judías…), vive más o menos felizmente casado (como la mayoría de los mortales) en un tercero sin ascensor y se metió a policía después de licenciarse en Magisterio y descubrirse incapaz de aprobar una oposición de maestro. Como él mismo se define, un prófugo del arado como la mayoría, un fiel servidor del “todo por la nómina”. Quizá su única peculiaridad sea, producto de su pasada formación académica, lo mucho que disfruta leyendo poesía (Virgilio, Iriarte, Samaniego, el Romancero Viejo) encerrado en su retrete, lo que en ocasiones le da las claves para resolver los casos a que debe enfrentarse.

En esta segunda entrega, narrado en forma de carta a la psiquiatra que le atiende, Barraqueta debe investigar un asunto todavía más inquietante que el del asesino de poetas. El cadáver de una joven, virgen, fallecida en accidente de tráfico, ha sido desenterrado por tercera vez en un año. La policía no encuentra motivo alguno que justifique la profanación; la autopsia no desvela nada; la muchacha pertenecía a la clase alta zaragozana, con su padre ex concejal del Régimen, ex diputado en Cortes y consejero delegado de Ibercaja; así que se decide encargar la investigación a un inspector con fama de incompetente en la seguridad de que hará más justificable el fracaso: Juan Barraqueta, claro.

Para el inspector hay tres líneas de investigación posibles: “los ladrones de cadáveres, los necrófilos y carroñeros y los pederastas, pretendientes y otras hierbas”. Esto le llevará a sumergirse en los infiernos de una ciudad tan educada y aburrida como Zaragoza, una ciudad donde todo el mundo se conoce y en la que encontrará la colaboración de lord Joseph Edward Henry Wellington Heredia, gitano apandador que controla el sector de los saltatumbas; o de Abel Ayamonte, ex profesor numerario de la universidad actualmente recluido en el Hospital Psiquiátrico por sus desmesuradas perversiones sexuales; o la de Melitón Morata, picoleto budista y vegetariano, casado con una carnicera y simpatizante abertzale (posteriormente separado, claro) que fue el primero en atender a la joven en el lugar del accidente; y la de Luis Lemóniz, viudo de la mujer responsable de aquel siniestro mortal, motero, ángel del infierno y mensajero en sus ratos libres.

Con un lenguaje entre barroco y escatológico (el gusto del autor por Quevedo o Mendoza resulta evidente), Gracia Mosteo nos reboza en el barro de una ciudad gris como pocas, una ciudad que se hace visible únicamente un día de la segunda semana de octubre, una ciudad mediocre que, sin embargo, no renuncia a tener su cuota de desequilibrados, mangantes, drogatas, especuladores de los de toda la vida, miembros de sectas satánicas, jevimetaleros anclados en los tiempos del Barón Rojo y todo aquello que caracteriza a una ciudad como Dios manda.

Una novela divertidísima, que hace uso de un humor tremendamente inteligente muy alejado de lo que pueda parecer a simple vista (algunas comparaciones que he leído entre Barraqueta y Torrente son, sencillamente, absurdas; como dice el autor, Torrente es un fascista y Barraqueta un buen hombre), con frecuentes e impagables digresiones filosóficas y con un sorprendente desenlace que encaja a la perfección con el conjunto de la trama, que no desentona en absoluto y que demuestra que, la mayor parte de las veces, la solución es mucho más sencilla de lo que parece y suele estar delante de nuestras propias narices. O al menos de las del inspector Barraqueta, al que deseo, por el bien de los aficionados a la buena literatura, una larga vida. Y un nuevo caso con el que reírnos a gusto.

Ricardo Bosque

25/01/2006 12:01. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón No hay comentarios. Comentar.