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Le atendió Ramiro B (y 56)

¿Quién podía suponer que mis intentos de emparejar a Carmen Lázaro pudieran terminar así? De acuerdo, a menudo las cosas no salen exactamente como uno las plantea, el azar siempre juega sus cartas como mejor le parece o tal vez a algún dios sí le guste echar una partidita de dados de vez en cuando. Pero es que lo de Carlos con mi clienta tiene coña.

Reconozco que al principio me hizo gracia ver a Carlos enamorado como un colegial, abriendo una sonrisa que se le salía de la cara cada vez que me decía que había quedado con Carmen. Que daba gusto verle acudir a sus citas hecho un pincel, bien planchado, rasurado como nunca… Que el amor le hacía más generoso y desprendido que nunca, circunstancia que me vino bien para darle un par de pequeños sablazos con los que arreglar cuentas con mi tarjeta de crédito.

Lo que ya no tuvo gracia es que, cuando le dije si no veía muy arriesgado compartir vida y piso con una mujer a la que sólo conocía desde hacía unas semanas, me contestara que para riesgo el que había asumido al aceptarme a mí como compañero de piso.

Y el remate ha llegado hoy y por partida doble, cuando he llegado a casa después de que Martín nos haya comunicado, con voz compungida y casi con lágrimas en los ojos, que la dirección ha decidido cerrar la tienda y que nos vamos todos a la calle. Eso ha sido lo de menos, de hecho ya me extrañaba a mí que un trabajo me durase tanto tiempo…

Pero al llegar a casa y encontrarme a Carmen y su hijo viendo la tele con Carlos, como una familia de las de toda la vida, ella bebiéndose mi cerveza, el crío comiéndose mis patatas fritas, he entendido que mi estancia allí había llegado a su fin.

Me he ido a mi dormitorio, ya no desordenado con mis cosas sino con los enseres del chaval. He guardado lo poco que tengo en mi maleta, dos camisetas, cuatro sudaderas, tres pantalones y algunas mudas que guardo en la mesilla. Al vaciarla, ha aparecido un estúpido cartel que ya ni sabía que guardaba: “Escritor en paro necesita su ayuda. Gracias”.

Lo he metido en la maleta, encima de la ropa y he pensado que mañana toca madrugar y tratar de recuperar mi puesto de trabajo en las escaleras de acceso al Banco de Crédito Agrícola.

FIN DEL DIARIO. Puedes leerlo desde el principio en la categoría Le atendió Ramiro B

30/05/2006 08:34. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (55)

Tres semanas han sido suficientes para que el detective contratado por Luis presente su informe acerca de las actividades de Carmen Lázaro cada vez que sale de casa.

En ese estilo aséptico e impersonal propio de atestado de la policía –se recibe llamada telefónica, personados en el lugar de los hechos, el sujeto presenta patatín patatán y expresiones similares–, el detective informa a su cliente que, desde el día en que vio salir de la librería sita en blablabla al objetivo del seguimiento en compañía de un individuo de raza blanca, un metro ochenta de estatura, pelo castaño…, éste –el objetivo, o sea Carmen Lázaro, traduce Luis– ha sido visto en compañía de dicho individuo un día sí y otro también.

Luis pasa una vez más la mirada sobre el informe, leyendo con desgana los lugares en que el objetivo y el individuo de raza blanca han sido sorprendidos en actitud cariñosa. Contempla las numerosas fotografías que el detective ha sacado de la pareja. Y lee la carta de despedida que su mujer le dejó en la mesilla del dormitorio hace un par de noches, la carta que le confirmó que aquello no tenía vuelta atrás.

Al otro lado de la mesa, su director financiero espera impasible a que Luis deje los informes, las fotografías y la carta y le dé alguna orden sobre lo que debe hacer. Luis guarda los documentos en un cajón de su escritorio, del que saca un folleto de propaganda de la tienda que ha provocado su definitiva separación.

Cuánto dices que vale la tienda, pregunta a su director financiero. El director consulta sus datos y responde sin dudar, pero la cantidad que sale de los labios de éste no le importa, sólo lo ha preguntado porque es lo habitual antes de cualquier operación comercial.

Véndela de inmediato, ordena.

Y las indemnizaciones de los trabajadores, pregunta el director financiero. Luis guarda silencio unos instantes pensando que cualquier dinero está bien empleado a cambio del cierre de la librería.

Eso no es asunto tuyo, arréglalo con el director de personal, replica antes de indicar con un gesto de la mano que la reunión ha concluido.

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25/05/2006 09:38. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. Hay 3 comentarios.

Le atendió Ramiro B (54)

Manuel nunca se ha sentido la persona que está en el momento justo y en el lugar adecuado. Al contrario, considera que su vida es un llegar siempre tarde, un no estar donde debería, tal vez por mala suerte o tal vez porque una fuerza interior –el lado oscuro, quizás– le retiene, le inmoviliza el tiempo necesario para arruinar los planes que ha podido trazar.

Por eso no se ha extrañado cuando, al llegar a la librería, casi se da de bruces con una pareja que salía cogida del brazo. Iban a lo suyo, buscándose cada uno en los ojos del otro. El hombre le ha resultado un perfecto desconocido, jamás le había visto por allí; la mujer, en cambio, era clienta habitual y, a pesar de que su aspecto no respondía del todo con el descrito por Ramiro B, no ha dudado en ningún momento que se trataba de la Carmen Lázaro que le deja notas en los libros, la Carmen Lázaro que le había pedido una cita en la tienda a través de un vendedor de libros que nunca le ha terminado de caer demasiado bien.

Ni siquiera le han mirado al cruzarse –el hombre no tenía por qué hacerlo, no le conoce de nada, pero de la mujer esperaba al menos un saludo–, han salido a la calle y lo último que Manuel ha podido ver son dos espaldas muy unidas por los hombros, como siameses que acabasen de conocerse, entrando en el café de la esquina.

Ha pensado en bajar al Infierno de los libros y asegurarse a través de Ramiro B de que había perdido una nueva oportunidad. Ha rectificado al imaginarse la posible reacción de un vendedor de libros que nunca le ha terminado de caer demasiado bien y del que es imposible saber nunca cómo puede reaccionar.

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23/05/2006 10:02. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (53)

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–Hola, soy CarlosManuel –se apresura a corregir su error inicial–. Tú debes ser Carmen, supongo.

Carmen ha pasado más de veinticuatro horas dudando entre acudir a la temeraria cita concertada telefónicamente con un desconocido o simplemente olvidarse del asunto. Más de un día diciéndose que por fin se hallaba ante la oportunidad tanto tiempo buscada en los libros que siempre lee, ante la posibilidad de vivir una aventura como esas con las que disfruta en el papel, ante la ilusión por tener un papel protagonista en uno de esos folletines amorosos.

Porque son muchos años los que le separan de Luis, su marido. No en cuanto a la edad, que prácticamente es la misma, sino en cuanto al tiempo que hace que las cosas ya no son como eran.

Porque ya no encuentra el refugio de su hijo, cada día más adulto y al que ya ni siquiera puede acompañar a los cumpleaños de sus compañeros de colegio, pues al chaval le da vergüenza que lo haga.

Y finalmente ha pensado que nada pierde conociendo a otro hombre que, al menos por teléfono, le ha parecido buena gente.

Y ahora se ve en un culebrón más que en un folletín, con un tal Carlos Manuel como compañero de reparto. Habría preferido otro nombre más discreto, pero el chico es atractivo, algo menor que ella, parece decidido, con carácter… y tiene una sonrisa limpia que quiere seguir contemplando al menos unas horas más. Y luego ya se verá.

Le ha tendido la mano, le ha ofrecido sus mejillas y le ha invitado a tomar algo en una de las cafeterías de los alrededores.

Ramiro B les ha visto salir de la tienda sin podérselo creer. Y de pronto ha recordado que, al final, Carlos se ha ido sin comprar el libro para su compañero de oficina. Se ha ido hacia una de las estanterías del fondo de la tienda y ha elegido “Sueños de un seductor”, de Woody Allen. Total, no le cuesta nada llevárselo a casa al terminar la jornada y ha pensado que a Carlos le puede gustar el libro.

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18/05/2006 08:43. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (52)

Adónde va este insensato es lo primero que puedo pensar cuando veo que Carlos me deja con la palabra que no he terminado de pronunciar en la boca, se da media vuelta y se dirige lentamente hacia la escalera por la que han empezado a aparecer como un telón que desciende de lo alto del escenario los pies de Carmen Lázaro, las piernas, el tronco y finalmente la cabeza.

De qué va disfrazada esta mujer es lo segundo en lo que pienso. Claro, disfrazada tal vez no sea el término exacto pues no va llamando la atención, y precisamente es eso lo que llama la atención. Porque siempre ha sido excesivamente sobria en el vestir, con un aspecto incluso monjil, de mujer dispuesta a salir de misiones en cualquier momento, con su pelo corto, sus gafas de pasta y sus ropas sin concesión alguna a la moda. Y hoy ha venido, puedo decirlo, radiante para lo que acostumbra: vestida con un estilo arreglado pero informal propio de días laborables, peinada con más esmero del habitual, ligeramente maquillada cuando siempre aparece con la cara lavada…

Y por primera vez, en lugar de comenzar su peregrinaje sin rumbo entre las muchas estanterías de la tienda, en lugar de perder la mirada en un punto indeterminado del establecimiento, por primera vez repito, se ha quedado al pie de la escalera, esperando a alguien que sabe le aguarda en el local.

¿Carlos?

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16/05/2006 09:03. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (51)

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Ramiro B no es bueno disimulando y Carlos lo sabe. Como también es consciente de que su compañero de piso no se ha creído lo de que haya ido a comprar un libro, él que nunca ha demostrado el menor interés por la literatura.

Por eso comprende que mientras Ramiro B trata de sacarle información acerca del libro que, presuntamente, le han encargado comprar (no puede evitar sonreír al recordar la cara que ha puesto cuando, a la pregunta de qué libro quería, le ha respondido que uno que no fuera de un color demasiado chillón, que al del cumpleaños le van más los tonos suaves) lo que quiere saber es por qué ha aparecido realmente por la tienda. Y respuestas como la del color del libro no consiguen otra cosa, desde luego, que alimentar las sospechas del vendedor.

En varias ocasiones ha sorprendido Carlos a Ramiro B mirándole no a los ojos sino más allá de sus hombros, a un lugar indeterminado de la tienda. Y Carlos sabe qué es lo que busca o espera su amigo: la llegada de alguien relacionado con ese contestador automático que hace días instaló en su casa.

Ramiro B se moverá en la incertidumbre acerca de quién pueda ser el primero en llegar a la tienda, si será Carmen o Manuel. Carlos podría sacarle de dudas aclarándole que Manuel, o más bien alguien haciéndose pasar por él, lleva ya un rato hablándole de un libro de color no demasiado chillón que debería comprar para un compañero de oficina. Pero no quiere hacerlo, evidentemente, si no, se acabaría la diversión demasiado pronto. Y Carlos hace mucho que no ve a Ramiro B así de inquieto.

Cuando ve que el dependiente fija la mirada a sus espaldas, cuando percibe que sus orejas se han alzado como las de un perro en guardia, cuando deja una palabra inacabada en el aire, Carlos sabe que Carmen ha llegado por fin. Se gira y la ve bajando por las escaleras como una estrella del music-hall. O eso le parece a él, que se la llega a imaginar con sus lentejuelas y su casquete de plumas.

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11/05/2006 09:13. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (50)

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Reconocería esa parka color caqui en cualquier parte: la veo todas las noches colgada en la percha de la entrada junto a mi cazadora negra. Por la mañana, sin embargo, la parka y su dueño salen para el trabajo antes de que yo haya terminado de desayunar.

Por eso no he tenido que obligar a Carlos a girarse para saber que era él quien hablaba con Laura F mientras yo ordenaba los libros que los clientes devuelven a la estantería que no les corresponde tras decidir que no merece la pena llevárselos a casa.

Me he colocado a sus espaldas, casi como si fuera una mochila estudiantil de las que suelen obstaculizar como trombos el pasillo central del autobús en el que vengo al trabajo. He empezado a hacerle caras a Laura F, que seguía atendiendo las palabras de sucliente-micompañerodepiso como si yo no estuviera allí. He tratado de escuchar lo que decía, si estaba preguntando por mí o simplemente pedía información sobre algún libro. Al final, no sé si advertido por aquel instinto arácnido que caracterizaba a Spiderman, Carlos ha debido notar mi presencia y se ha girado, colocando su cara griposa a un palmo de la mía.

¿No deberías estar en cama?, le he preguntado. Me ha respondido con una tos perfectamente dirigida a mi rostro y una explicación confusa acerca de algún libro que debía comprar como regalo para un compañero de la oficina. Que no me había visto en la tienda pero que esa compañera tan guapa que yo tenía le estaba atendiendo a la perfección.

¿Carlos piropeando a una dama? Este no es mi compañero que me lo han cambiado, he pensado de inmediato. He dirigido una sonrisa a la picarona de Laura F, he tomado a Carlos por el hombro y me lo he llevado a un lado y le he explicado que no está nada bien ir por las tiendas vacilando con las dependientas.

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09/05/2006 09:27. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (49)

¡Cómo me gusta tener todo bajo control! ¡Cómo disfruto sabiendo que todo sigue el guión marcado! Que pronto, tal vez esta misma mañana, Carmen no resistirá la curiosidad de saber quién le deja notas en los libros que compra en esta librería. Como el que se llevó ayer por la tarde y que pude manipular precipitadamente mientras ella buscaba la tarjeta de compra en su cartera.

Cuando esta noche compruebe que la mosca ha caído en la red tejida en mi contestador, le devolveré la llamada, me convertiré en Manuel por unos minutos y le diré que mañana mismo, sin falta, nos veremos en la tienda. Que iré vestido con la ropa que tan bien me queda, la que le he recomendado a Manuel al verle por aquí –el pobre se ha quedado de piedra cuando le he dicho que una clienta me ha preguntado por él, que le gustaría verle una mañana de estas aunque no sabe exactamente cuándo podrá acercarse y que se le ve muy atractivo sin barba y con jersey negro, que parece mucho más joven.

Con esos pensamientos me he deleitado durante toda la jornada, que se me ha hecho más larga de lo habitual por las ganas que tenía de llegar a casa y lanzarme sobre el teléfono, ver la luz parpadeante y escuchar la voz –supongo que un tanto confusa e insegura– de Carmen.

¡Qué desilusión al ver que nada de eso había sucedido! Le he preguntado a Carlos –que tenía una cara horrible, por cierto– si alguien había llamado en mi ausencia. Me ha contestado que cómo lo iba a saber él si acababa de llegar a casa minutos antes que yo. Y eso que ha estado a punto de volverse del trabajo antes de lo normal por el catarrazo que llevaba encima, pero que con todo el curro que tenía en la oficina le había sido imposible.

Me ha dado pena verle tan congestionado, le he preparado la infusión de eucalipto que me hacía inhalar mi abuela cuando era crío y le he mandado a la cama de inmediato. Incluso he sentido tentaciones de arroparle y plantarle un beso en la frente mientras le recitaba eso de “cura sana, cura sana…”.

Tampoco hay que pasarse, que luego se me acostumbra mal.

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04/05/2006 08:02. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. Hay 1 comentario.

Le atendió Ramiro B (48)

Un tono, dos, tres. Carmen está a punto está de colgar de nuevo. Cuatro. Carlos intenta levantarse y a duras penas lo consigue. Cinco. Carmen tiene ya el dedo sobre el botón de cancelar la llamada cuando una voz, ya no metálica sino más bien acatarrada contesta por fin.

–¿Digame?

A Carmen no se le ocurre otra cosa que decir, insegura “¿Manuel?”. Carlos, a pesar de su embotamiento muscular y cerebral, reacciona con la suficiente agilidad como para comprender que aquella mujer es a quien estaba destinado el mensaje que su compañero de piso dejó grabado hace días en el contestador. Está tentado a sacar del error a la mujer, a decirle que todo es una patraña inventada por un tipo que parece no tener nada mejor que hacer que complicar la vida de los demás. No sabe por qué razón, pero Carlos responde que sí, que él es Manuel. Tal vez se arrepienta nada más haber decidido suplantar al real o imaginario Manuel, pero el paso ya está dado.

No contento con la usurpación de personalidad que acaba de cometer, recuerda el mensaje del contestador y se atreve a dar un paso adelante. Sin pensar que tal vez ni siquiera pueda levantarse de la cama, emplaza a la mujer en la librería al día siguiente y cuelga sin permitirle siquiera un turno de réplica.

Se vuelve a la cama deleitándose con la cara que Ramiro B pondrá cuando le vea aparecer en su lugar de trabajo. Él, que no compra libros ni por San Jorge.

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02/05/2006 07:55. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (47)

Carmen Lázaro sigue dudando. Finalmente decide que nada pierde por llamar y, según lo que oiga al otro lado de la línea telefónica, colgar y olvidar ese número. Incluso arrojar el libro en el que lo ha encontrado a un contenedor si es preciso.

Marca y espera. Un tono, dos, tres. A punto está de colgar. Cuatro, cinco. Suena una voz metálica.

“Soy Manuel y en este momento no puedo atenderte. Por favor, deja tu mensaje después de escuchar la señal. Ah, y si eres Carmen, no olvides decirme cuándo quieres que nos veamos en la librería”.

Al oír su nombre, Carmen no tiene tiempo de colgar como es debido. Simplemente el teléfono se le escapa de las manos por la sorpresa, choca contra el suelo y se le sale la tapa posterior.

Cuando quiere reaccionar, agacharse y recoger el móvil, comprueba que se ha desconectado con el golpe. Lo deja sobre un estante, se lava la cara, vuelve a sentarse sobre el inodoro y trata de montar de nuevo el aparato. Cuando lo consigue, enciende el aparato. Introduce el PIN y vuelve a marcar.

Ha decidido dejar grabado un mensaje.

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27/04/2006 07:43. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (46)

Carlos tiene la insana costumbre de no faltar al trabajo ni  con fiebre, así reparta generosamente por la oficina miles de virus griposos. Pero hoy, al tercer estornudo, a la cuarta gota de moquita resbalando por su bigote, al quinto solo de trompeta tocado a pañuelo y nariz, los compañeros se han plantado, han apagado su ordenador, le han colocado la cazadora y le han invitado a marcharse cerrando cuidadosamente la puerta tras él.

Se encontraba tan mal que ha decidido tomar un taxi. El taxista se ha apresurado a ventilar el vehículo llevando todo el trayecto las ventanillas abiertas, lo que no ha contribuído precisamente a mejorar su estado de salud.

Al llegar a casa, se ha ido directo al botiquín, ha sacado el bote de los antigripales y se los ha llevado a la cocina. Un par de pildorones después estaba listo para acostarse. Pijama, manta adicional que ha sacado del altillo del armario y a la piltra.

Cubierto hasta las cejas como estaba, casi no escucha el timbre del teléfono reclamándole desde el salón. Se ha acordado del contestador y ha pensado que no era conveniente levantarse en su estado.

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25/04/2006 08:08. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. Hay 1 comentario.

Le atendió Ramiro B (45)

Carmen Lázaro siempre ha sabido que si por algo no se caracteriza es por un comportamiento impulsivo. Lo de tardar horas (o días, dependiendo de la gravedad del asunto) para tomar una decisión es su marca de fábrica. Por eso es por lo que pasa tanto tiempo vagando por la librería sin saber bien qué libro comprar. Por eso a veces termina llevándose a casa un libro que ya tiene, tal vez sea el miedo a lo desconocido lo que le impulsa a leer casi siempre la misma historia, a vivir cada día la misma vida.

Por eso lleva más de una hora con el libro que acaba de comprar entre las manos, sentada en el borde de la cama, tratando de convencerse de que, efectivamente, en la esquina superior de la primera página, escrito a lápiz, lo que está viendo es un nombre y un número de teléfono. Un número de teléfono que corresponde a su misma ciudad.

Por eso lleva más de una hora preguntándose quién ha podido escribir ese nombre y ese teléfono en su libro. Por eso se pregunta una y otra vez quién es Manuel y si ese libro tenía que acabar precisamente entre sus manos o ha caído en ellas por puro azar. Por eso no es capaz de decidir si se trata de una cita para ella o para cualquier persona que hubiera podido comprar el libro.

Por eso no sabe si llamar, coge el teléfono de la mesilla y lo cuelga de inmediato. Vuele a cogerlo y lo cuelga de nuevo. Finalmente se decide, pero piensa en Luis y teme que, si comprueba las llamadas salientes (que nunca ha sabido cómo se borran de la memoria) pueda sospechar que tiene una aventura.

Saca el móvil del bolso y entra en el baño, el rincón de la casa en el que se siente más escondida. Porque nunca se sabe a qué hora puede llegar Luis a casa.

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20/04/2006 07:51. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (44)

Nunca me han gustado los refranes, esas sentencias populares que lo mismo explican algo que su contrario. Pero tras lo sucedido hoy me ha venido a la cabeza eso de que “el hombre propone y Dios dispone”. No sé si habrá sido Dios o el puto azar, pero mi plan, evidentemente, ha fracasado.

Al menos en este primer intento, porque también hay un refrán que dice que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. Así que, sin capacidad ni ganas de inventar algo más original, creo que el plan trazado inicialmente es perfectamente válido, siempre y cuando me asegure de que el mensaje llegue a la persona adecuada y no al marido de la persona adecuada. Si con Fabra funcionó (metiendo una nota en el libro que acababa de comprar), ¿por qué no intentarlo con Carmen Lázaro empleando un sistema parecido?

Y hablando de Fabra, otra expresión popular apropiada para la ocasión: “éramos pocos y parió la abuela”. Y es que, apenas habían salido primero Carmen y luego el marido, el cobarde, asustadizo, perseverante, indeciso, inseguro, apocado, obediente y ahora impuntual Manuel Fabra ha aparecido en la tienda. Esto, más que una librería, parece ya el escenario de un vodevil.

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18/04/2006 07:47. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (43)

El marido de Carmen Lázaro ha seguido una pauta de comportamiento similar a la de su mujer: deambular sin rumbo por toda la planta. Pero en su caso no parecía buscar un libro sino a una persona, pues no ha dirigido una sola mirada a nuestras bien alimentadas estanterías.

De inmediato he comprendido que mi nota llegó al destinatario equivocado, que este hombre sí tiene la fuerza suficiente como para golpear una mesa como dios manda y que su primera visita a la tienda no tiene otro objetivo que el de buscar a un tipo llamado Manuel. Vamos, que la he liado bien.

Después de recorrer toda la planta sin encontrar a nadie que respondiera al perfil que se había creado para el Manuel a cuyo contestador había llamado, se ha acercado a mí, me ha mirado de arriba abajo, ha detenido los ojos a la altura de mi pecho y he dado gracias mentalmente a Martín por haberme obligado a lucir una placa con mi nombre. Al menos ha servido para que al marido de Carmen Lázaro le quede claro que me llamo Ramiro B y no Manuel.

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11/04/2006 08:10. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (42)

Ha sido el traje lo que me ha despistado al principio. Bueno, la ausencia de traje, más bien.
 
A ver, que me estoy liando: con lo de “la ausencia de traje” no quiero decir que haya venido desnudo, evidentemente. De hecho, el segurata de la puerta no habría dejado entrar nunca a un cliente en bolas, aunque así resultase más fácil su labor de evitar que nadie se lleve nada que no haya pagado previamente. Lo que quiero decir es que, la primera vez que vi a este hombre, vestía traje, tal vez el de los domingos, pues fue un domingo cuando le vi por primera vez: con su mujer y su hijo, además.
 
Y ahora me aparece con ese anorak rojo que a su mujer le quedaba grande y a él como un guante. Aunque siga pensando que se trata de un anorak rojo horrible.

06/04/2006 07:53. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (41)

Supongo que estaba esperando cerca de la tienda, agazapado en algún rincón lejos de los ojos de Carmen Lázaro. Sólo así se puede explicar que prácticamente se hayan debido cruzar sin verse en las escaleras que conducen a mi planta.

Al principio no era capaz de reconocerle, aunque su cara me sonaba. No era cliente de la tienda –jamás le había visto por aquí–, pero me resultaba familiar. Y es que, si algo tengo, es memoria fotográfica. Con los nombres, sin embargo, soy un desastre: nunca recuerdo como se llama una persona minutos después de que me la hayan presentado. Aunque tal vez no se trate de mala memoria sino de memoria selectiva, que en algún libro leí en una ocasión que el olvido de los nombres de las personas se debe a que, simplemente, la persona propietaria del nombre no te interesa en absoluto.

Lo que no recuerdo es en qué libro lo leí.

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04/04/2006 09:31. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (40)

Confieso que me ha costado conciliar el sueño, dándole vueltas continuamente al asunto de la llamada telefónica, convencido como estaba de que una mujer de apariencia frágil como Carmen Lázaro era incapaz de golpear una mesa con semejante contundencia. Y si el otro día me preocupaba el hecho de haber constatado que nunca me había preocupado por nadie, ahora me preocupa que una tontería como esta pueda alterar mi sueño.

A las diez casi en punto ha aparecido Carmen por la tienda. Esta vez no llevaba gafas de sol, tal vez haya vuelto a las lentillas o quizás se haya percatado de que, mientras siga lloviendo, no hay sol que pueda molestarla.

Ha dado sus vueltas de rigor y no ha comprado nada, pero antes de marcharse me ha dirigido una mirada más triste que de costumbre.

Creo que el color levemente oscuro que he visto en el lado izquierdo de su cara no era sombra de ojos aunque pudiera parecerlo.

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30/03/2006 08:18. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (39)

Por fin llegó el momento tantos días esperado. Dicen que tras la tempestad viene la calma, pero en este caso y después de una jornada lluviosa lo que me esperaba en casa era un piloto de contestador automático parpadeando. Nada de calma, por tanto, sino un ataque de nervios por ver si el pez había mordido el anzuelo.

“Soy Manuel y en este momento no puedo atenderte. Por favor, deja tu mensaje después de escuchar la señal. Ah, y si eres Carmen, no olvides decirme cuándo quieres que nos veamos en la librería”

Perfecto, el mensaje ni se había atascado ni nada. Y mi voz sonaba perfectamente inteligible. Entonces, ¿por qué nadie hablaba a continuación? Sólo se podía escuchar una respiración algo entrecortada y, antes de colgar, un golpe seco, como el que produce un puñetazo descargado sobre una mesa.

Un golpe, en todo caso, impropio de una mano pequeña y delicada como la de Carmen Lázaro.

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28/03/2006 08:33. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (38)

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Odio los días lluviosos. Detesto llegar empapado al trabajo, detesto el trabajo en sí. Pero sobre todo, como mucha gente, detesto los paraguas, ese estúpido invento que sólo sirve para dejar olvidado en cualquier rincón en cuanto cesa de llover.

Prefiero, antes que portar un paraguas, llegar chorreando a la tienda y ensuciar los escalones enmoquetados que conducen al Infierno de los libros. Y me gusta cuando, como hoy, Laura F me seca la frente con su pañuelo, revuelve mi cabello y deja su olor en mis sienes para toda la jornada.

Ese sencillo gesto incluso consigue aplacar la ansiedad que siento al ver que, cinco días después de introducir una nota en el bolsillo del anorak de Carmen Lázaro, ésta sigue sin dar señales de vida; ni por la tienda ni por la memoria digital del contestador de casa.

Empiezo a preocuparme por ella y empiezo a preocuparme por mí al tomar conciencia de que jamás había estado preocupado por nadie.

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23/03/2006 08:46. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (37)

Luis mira por la ventana, como cada mañana antes de salir para el despacho. Llueve.

Odia los paraguas, así que decide utilizar su anorak, el rojo, el que a veces emplea su mujer aunque nunca ha sabido porqué con la cantidad de ropa que ella tiene. Todo el día de tiendas, ella dice que librerías pero él sospecha que toda su pasta (su de él) la dilapida en trapos.

Coge su maletín con la derecha y sale a la calle sin encontrar en la casa a nadie de quien despedirse: el niño ya estará camino del colegio y Carmen de compras.

Hace frío y esconde la mano libre en el bolsillo izquierdo. Encuentra algo que no recordaba haber puesto ahí. Lo saca a la luz: un papel algo arrugado. Lo desdobla: un nombre, Manuel, y un teléfono.

¿Alguno de los clientes de su despacho? ¿Alguna llamada que quedó en hacer? Menea la cabeza a izquierda y derecha mientras se dirige a la oficina. Tal vez deba llamar cuando llegue y salir de dudas.

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21/03/2006 10:59. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (36)

Tras su última visita, en la que aproveché para dar el segundo (y espero que último) paso de mi plan, Carmen Lázaro no ha vuelto por aquí.

Han pasado sólo tres días, lo sé; y mi impaciente estado tampoco es normal, también lo sé; igual que no me reconozco en el Ramiro B que, desde hace tres días, vuelve corriendo a casa y, antes incluso de sacar una cerveza del frigorífico (de las que paga Carlos, que el pobre todavía no me ha pedido dinero para contribuir a los gastos domésticos) se dirige a toda pastilla al salón y se queda como un bobo mirando el teléfono y comprueba, defraudado, que el piloto del contestador sigue apagado un día más.

He llegado a pensar que el aparato está estropeado, que tal vez debería cambiarlo en la tienda. Le he pedido a Carlos (cada día más intrigado conmigo) que llamase desde su móvil para comprobar si funciona el contestador. Cuando ha accedido, hemos dejado que sonase cinco veces y después se ha escuchado mi voz invitándole a dejar un mensaje.

Cuando Carlos ha oído que ahora me hago llamar Manuel Fabra me ha mirado confuso, ha abierto la boca para decir algo, la ha cerrado y ha dado media vuelta. Creo que ha decidido, definitivamente, no tratar de comprenderme.

Al menos, la luz roja del contestador me ha hecho saber que el teléfono funciona a la perfección.

Todo es cuestión de tiempo entonces.

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16/03/2006 11:12. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (35)

Jamás pensé que Laura F pudiera ser tan ordinaria. “Donde tengas la olla, no metas la polla”, me ha soltado nada más quedarnos solos.

Por qué lo dices, le he contestado enarcando bruscamente una ceja, al más puro estilo Sobera. Por tu relación con las clientas, ha repuesto rápidamente.

El refrán que has utilizado creo que hace referencia a relaciones entre empleados y jefes o entre compañeros de trabajo (y no te hagas ilusiones conmigo, no soy lo demasiado bueno para ti, he añadido cínico), le he explicado con la paciencia de un profesor de primaria. Lo que haga con mis clientas (he querido recalcar el carácter posesivo del mis) es cosa mía que ni te va ni te viene.

No tiene buen perder Laura F. No sé si se habrá molestado por el tono de mi voz, por mi actitud cortante o por si haber frenado alguna expectativa que pudiera tener respecto a mí, pero el caso es que se ha dado la vuelta sin apenas dejarme terminar.

Mujeres, me he dicho en silencio: comienzan una discusión cuando quieren y la terminan cuando les da la gana.

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14/03/2006 11:17. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (34)

Por fin ha llegado el día: Carmen Lázaro ha vuelto por la tienda. La he visto peor que en otras ocasiones y me he dicho que tal vez mi intervención llegue en el momento más oportuno para ella.

Ha cambiado (supongo) las gafas de montura de pasta por unas lentillas, pero ha decidido cubrir sus ojos con otras gafas, de sol y con el mismo tipo de montura. No se las ha quitado en ningún momento, ni siquiera cuando le he preguntado qué se le ofrecía. He tenido que reprimir un mal gesto, no me gusta nada no ver los ojos de las personas con las que hablo.

El frío en la calle debía ser intenso esta mañana, porque Carmen se abrigaba con un anorak que jamás le había visto. Un anorak rojo horrible, por otra parte y demasiado grande para mi gusto. Al menos los bolsillos no estaban cerrados con la inoportuna cremallera y no he tenido ninguna dificultad en introducir el papelito en uno de ellos mientras la acompañaba a la caja para pagar una compra cualquiera.

Ella no ha notado nada; Laura F creo que sí. Al menos eso es lo que me ha parecido ver en el brillo juguetón de sus ojos al mirarme justo cuando Carmen salía escaleras arriba.

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09/03/2006 11:43. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (33)

Además de inseguro, cobarde y apocado, Manuel Fabra es obediente como pocos. Y carente de un mínimo de personalidad, también.

Bastó una sutil sugerencia efectuada por Carmen Lázaro a través de una nota que yo inventé e introduje en la última compra de este fulano para que Fabra haya aparecido hoy perfectamente afeitado. Y es que cuando una mujer (aunque la Lázaro no sepa nada del asunto, evidentemente) te dice que sin barba te verías mucho más joven, te falta tiempo para dejarte la cara tersa como el culito de un bebé.

Así que, cuando mi comprador de libros de autoayuda ha hecho su entrada en mi planta sin esa perilla que lucía habitualmente, no he podido reprimir una sonrisa de satisfacción: mi plan empieza a funcionar.

Su mirada iba de un lado a otro como la de un camaleón, buscando desesperadamente la mirada cómplice de Carmen. Buscando al menos a Carmen. Claro, yo podía haberle dicho que su “admiradora” llevaba varios días sin venir, que también yo la estaba esperando, pero eso habría sido lo más parecido a una confesión. Mejor callar.

Y Laura F es lista como pocas: ha sido ver mi sonrisa y sospechar que algo estoy tramando. Lo que no sé es si ponerla al corriente de mis intenciones o dejar que sea ella misma quien las averigüe. Creo que será esta la opción elegida. Y a ver si mi compañera no me defrauda y demuestra ser tan intuitiva como aparenta.

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07/03/2006 11:30. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (32)

Casi me pilla con las manos en la masa. La verdad es que Carlos suele estar ya en casa cuando yo vuelvo del trabajo, y su tardanza de esta noche, de esta precisa noche, me ha venido de maravilla para poder llevar a cabo la necesaria sustitución de su viejo teléfono de toda la vida por otro que incorpora un montón de chorradas. Carlos, cuando quiere, es un clásico: todavía conservaba un aparato de los de meter el dedito en un agujero y darle vueltas como quien escribe la o sin un canuto. Y para mis fines yo necesito uno que, al margen de las prescindibles opciones de rellamada, memoria de números marcados, manos libres y no sé cuántas cosas más, disponga, eso sí, de contestador.

Es un teléfono precioso que he sacado de la tienda (parece ser que tenemos descuento los empleados, y yo sin saberlo el día que pagué tres ejemplares de los putos puentes de Madison, me lo ha tenido que decir hoy Laura F). Sobrio, elegante, funcional… y con contestador.

Decía que el retraso de Carlos en llegar ha sido providencial, porque, más o menos, ha quedado convencido de mis explicaciones sobre las razones por las que necesitamos un teléfono como éste. Y eso que se las daba yo, un tipo que presume de pasar completamente de las nuevas tecnologías.

Pero lo que no habría sido capaz de entender es el porqué del mensaje que he dejado grabado como contestación en nuestra ausencia. En fin, si llama a casa un día de estos y oye mi voz afirmando ser otra persona, ya buscaré alguna explicación plausible.

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02/03/2006 09:57. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (31)

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Hoy se ha puesto en marcha la primera parte del plan Carmen Lázaro. Bueno, decir “se ha puesto en marcha” sería eludir mi responsabilidad, supondría insinuar que las cosas toman un rumbo determinado porque sí, sin que nadie les pegue un buen empujón. Y en este caso, el empujón se lo tenía que dar yo, claro.
Me ha llevado un buen rato encontrar las palabras adecuadas que Carmen Lázaro habría utilizado en una situación como la que quiero que protagonice: no podía quedarme corto pero, por supuesto, tampoco excederme en las insinuaciones. En cualquier caso, he terminado la carta momentos antes de que Fabra hiciera su habitual entrada insegura en mi planta.
Tal vez haya sospechado algo por mi repentino cambio de actitud hacia él. Desde luego, no ha podido recibir mayor sorpresa que la de mi mano tendida hacia la suya en un intento por mi parte de limar asperezas, de superar problemas pasados y encauzar nuestra relación cliente-dependiente hacia una cordialidad al menos aséptica.
Me ha mirado con una cierta y justificada desconfianza, como esperando recibir un desaire en cualquier momento. Poco a poco, mi charla envolvente, la que puedo desarrollar cuando me apetece, le han convencido de mis buenas intenciones, de que yo sólo quiero lo mejor para él. Se ha dejado aconsejar como yo pretendía y se ha llevado un ejemplar de La senda del bienestar. No es que considere que esta mierda sea mejor que otras, es que simplemente me ha hecho gracia el texto de reclamo publicado por el editor:

“Para sustraer la espina, primero hay que localizarla”. En esta obra hemos ido examinando y explorando las espinas o estados mentales aflictivos para indagar después, eficientemente, sobre esos antídotos maravillosos y eficaces que son sus opuestos: los estados mentales positivos, los verdaderamente saludables y constructivos, aquellos que nos aportan todos los recursos necesarios para poder sanar y culminar la senda del bienestar total."

La nota suelta que lleva entre sus páginas no la incluyó la editorial: es una de las dos claves del plan Carmen Lázaro.
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28/02/2006 08:54. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (30)

Hoy es 23 de febrero de 2006, 25 años después de lo que afortunadamente no triunfó para tristeza del general de brigada o de división o qué sé yo que dice ser mi padre. Buen día para una venganza familiar demasiado tiempo pospuesta.

Comida en silencio, más propia de monasterio que de cuartel. Nadie ha abierto la boca salvo para comer, lo que me ha hecho pensar de nuevo por los motivos de la invitación. En cualquier caso, el convite resultó providencial.

Después de comer mi madre se ha ido a fregar los cacharros y mi padre se ha encerrado en el dormitorio a echar una cabezadita. En realidad, sus cabezaditas nunca duran menos de hora y media, tiempo suficiente para llevar a cabo mi venganza.

Tras vaciar en el acuario el contenido de un par de botes de pastillas efervescentes que cogí del botiquín de Carlos, unos pildorones que supongo acabarán con toda la población acuática en cuestión de poco tiempo, he dejado una nota de suicidio colectivo firmada por aquel pez que mi padre llamaba “guerrero de Siam”. La nota estaba escrita al dorso de la fotografía en la que siempre he parecido un niño abandonado por sus padres ante la puerta de un taller.

Creo que mis supuestos padres no volverán a invitarme a comer hasta dentro de bastantes años.

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23/02/2006 08:36. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (29)

Ayer, al llegar a casa por la noche, Carlos me dio una noticia absolutamente inesperada: mi madre había llamado por teléfono y me esperaba hoy en el domicilio paterno para comer. Invitado, claro.

Al principio me negué a considerar la invitación como algo aceptable. Poco a poco fui cambiando de opinión: tal vez fuera el momento adecuado para arreglar cuentas con el pasado. Además la fecha en que iba a tener lugar la comida me parecía un presagio de lo que podía suceder. Así que hoy, antes de ir al trabajo, he cogido la fotografía que un día apareció entre las hojas de un libro cualquiera (sí, aquella en la que parezco un niño abandonado a su destino) y la he guardado en la cartera. También he visitado el bien abastecido botiquín que Carlos guarda en el cuarto de baño (nunca lo he contado, pero el chaval es un hipocondríaco de mucho cuidado).

La mañana ha pasado sin pena ni gloria, aunque debo reconocer que he estado impaciente porque llegara el momento del reencuentro. A la hora de la verdad, no ha sido para tanto: esperaba que me abriera la puerta una madre de ojos llorosos y no ha sido así; y esperaba que mi padre me diera un abrazo fraterno y sin embargo le ha salido algo parecido a un saludo militar. Y es que, aunque en la reserva, el hombre no ha perdido sus hábitos de siempre. Como el de mantener en perfecto estado de revista su querido acuario, su entretenimiento de toda la vida y al que yo siempre llamaba pecera en la intimidad.

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21/02/2006 09:02. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (28)

Creo que lo de Carmen Lázaro requiere una intervención urgente por parte de alguien. Y es que tanta melancolía, tanta soledad como acumula esta mujer no puede desembocar en nada bueno. Por mucho menos se han dado casos de depresiones agudas.

Desde la primera vez que la vi aparecer por la tienda me dio la sensación de que su único motivo para venir por aquí era el deseo de vivir en el papel impreso lo que le gustaría haber vivido en su realidad cotidiana: algo de comprensión, de amor, de aventura pasional… Vivir ALGO, sin más, porque lo suyo no parece vida.

Afortunadamente, en lugar de por el papel couché se decantó por la literatura, aunque se trate de esa “literatura” que a ella parece gustarle. Peor sería sin duda que pasase las tardes a tu lado, entre tomates o en casas ajenas rodeadas de supuestos hermanos.

Algo hay que hacer al respecto, desde luego.

Me he ido al ordenador, que ya manejo con cierta soltura, y he tomado nota de lo que creo necesitar. Ahora sólo debo esperar a que un viejo amigo me visite. Que no sea rencoroso y se deje aconsejar por mí. Y que Carmen Lázaro vuelva un día de estos por la tienda.

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16/02/2006 10:47. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (27)

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Carmen Lázaro está peor de lo que yo pensaba. Llevaba días sin aparecer por la tienda (porque no se puede considerar como aparición por la tienda el amago de bajada de autobús de hace unos días) y cuando la he visto hoy he tenido que hacer un titánico esfuerzo para no abofetearla delante de todo el mundo.

Y es que si hay alguien a quien no soporto es a Meryl Streep, esa actriz con cara de estreñida que me produce ganas de llorar (de asco) sin siquiera esperar a ver el contenido de la película que pueda protagonizar en cada ocasión. Por eso, cuando he visto que Carmen Lázaro se acercaba a mí, la cara más melancólica que nunca, cargada con la banda sonora original de Los puentes de Madison y la película en DVD (edición especial para llorones, que incluye paquete de pañuelos de papel de regalo), a punto he estado de arrancarle la mercancía de las manos y tirarla a la papelera más cercana.

Pero me ha dado pena en el último momento, y he pensado que alguien debe estar pasándolo muy mal para autoflagelarse de tal modo. Sin embargo, cuando me ha preguntado si teníamos la novela en que se basaba la película le he dicho que no, que estaba agotada y no la habían reeditado.

Se ha dado la vuelta y ha comenzado a subir las escaleras al Cielo sin una palabra de protesta.

Cuando la he visto desaparecer me he acercado a la literatura anglosajona y he buscado por la W de Waller. Ahí estaba: Los puentes de Madison, de Robert James Waller. Tres ejemplares.

Los he cogido todos y me los he llevado a casa. Me ha dolido tener que pagarlos de mi bolsillo, pero no quiero que nadie más se vea afectado por semejante bazofia. Al menos no en la tienda en la que yo trabajo.

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14/02/2006 09:08. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. Hay 2 comentarios.

Le atendió Ramiro B (26)

Cerramos a las diez de la noche, que no son horas, pero es que además, entre unas cosas y otras, no salgo antes de y cuarto o y media. Suelo ir paseando a casa aunque estemos en pleno invierno: me encantan las sucias callejuelas estrechas que tengo que atravesar y que tanto contrastan con el luminoso y bullicioso ambiente que caracteriza la céntrica plaza en la que se encuentra la tienda.

Nunca he sentido miedo, ni siquiera una ligera inquietud, al desplazarme por esas calles, sorteando a algún borracho, evitando a los pocos yonkis supervivientes del SIDA y las sobredosis, muchos de ellos enganchados desde los ochenta y todavía aguantando. Bastante tienen con lo que tienen, los pobres desgraciaos.

Pero hoy he sentido algo detrás de mí: una presencia y en absoluto espiritual sino plenamente carnal. He seguido caminando al mismo ritmo, internándome por calles que habitualmente suelo evitar (soy despreocupado pero no irresponsable ni temerario) hasta encontrar, a la vuelta de una esquina, un portal abierto. Me he refugiado en él hasta que he visto pasar de largo a mi perseguidora.

Reconozco que Laura F le ha echado cojones para seguirme hasta aquí, y que ha reaccionado con bastante entereza cuando le he tocado el hombro y le he preguntado si también ella vivía por esa zona: un leve respingo pero ni infarto ni nada.

Lo que no ha tenido es respuesta preparada para la ocasión. Simplemente ha sonreído y ha salido con rapidez por el mismo camino que el empleado para ir tras mis pasos.

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09/02/2006 11:17. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (25)

Hoy ha sucedido algo para lo que no encuentro explicación, aunque sin duda la tendrá ya que hay pocas cosas que pasen porque sí.
A las doce aproximadamente suelo salir al café de al lado de la tienda, un local que llevan de maravilla un par de chicas argentinas y en el que, los martes por la noche, enseñan a bailar el tango. Las chicas no, una pareja que va exclusivamente a dar las clases.
Como cada mediodía pues, he colgado el chaleco en el primer sitio que he visto (nunca voy al café con el uniforme de la tienda, con ese chaleco y la placa con mi nombre cualquiera me puede confundir con un camarero) y he salido a la calle.
Entre la tienda y el café hay una parada de autobús. Nunca me fijo en si llega o no alguno, pero hoy lo he hecho. Y en la puerta del que acababa de parar, dispuesta ya a salir, estaba Carmen Lázaro.
Ella también me ha visto a mí mientras sacaba su pie derecho del vehículo. Me ha mirado de refilón, ha hecho como que no me veía, ha bajado la cabeza y ha vuelto a meter el pie dentro del autobús, justo antes de que se cerrara la puerta. El autobús ha arrancado con la mujer dentro.
Me he quedado parado, sin saber qué pensar. He dado media vuelta y he regresado a la tienda: ya no me apetecía tomar un café.

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07/02/2006 09:08. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (24)

Se me ha ocurrido preguntar a Laura F si está al corriente de la identidad del propietario de la tienda. No es que piense chivarme de lo que su encargado hace o intenta hacer con alguna de sus empleadas, simplemente pienso que tal vez sería interesante conocerle. Y, por supuesto, que Martín sepa que le he conocido, que nada provoca más miedo que la incertidumbre.
 
Pero no ha habido suerte: Laura F me dice que NADIE conoce al jefe, NADIE sabe qué apellido esconde el anagrama de la tienda, NADIE ha visto jamás a la persona que nos paga a fin de mes… Vaya, que ni Batman guardaba mejor sus secretos.
 
Mi enfado con Martín se ha incrementado por mi fracaso en las gestiones conducentes a la averiguación de la propiedad del negocio. Sé que el encargado no tiene la culpa también de esto y sé que mi reacción apenas le afectará. Sé además que el mío ha sido un acto infantiloide, una rabieta de crío consentido… pero no he podido evitar buscar a un chaval, preguntarle si quería un libro gratis, escuchar su respuesta afirmativa, elegir un ejemplar al azar, arrancarle de un tirón la tapa que contiene la alarma electrónica y metérselo en el bolsillo.
 
Le he dado los buenos días al chaval y me he sentido un poco más satisfecho después de este atentado contra la propiedad privada.
 
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02/02/2006 08:51. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (23)

No he comenzado la semana con buen pie precisamente.

Nada más llegar a la tienda, otra vez lo mismo de hace unos días. Pero esta vez Martín no ha tenido la delicadeza de llevarme fuera de la vista de los demás compañeros. Hoy, desde luego, le ha costado lo suyo reprimir esa violencia que detecté casi desde el primer momento. Se conoce que, esta vez, el asunto le afectaba de un modo más personal (y emocional) que cuando llegó la queja de Fabra al buzón de reclamaciones.

Me ha arrinconado como hizo con Clara, pero por fortuna no se ha mostrado tan cariñoso conmigo. Y no es que tenga nada contra el sexo con hombres, que nunca lo he probado; es simplemente que Martín no es mi tipo.

Casi no le han hecho falta palabras, pues por su mirada asesina he comprendido que será mejor que nadie sepa por mí lo de su relación con la Britney cuarentona que tenemos en la tienda. Y también él ha entendido, por mi mirada, que haré lo que me salga de los huevos. Porque es evidente que si todavía no me ha echado a la calle se debe a que me teme más que me odia por lo que he visto de sus carantoñas con Clara.

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31/01/2006 09:08. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (22)

Vale, reconozco que me está volviendo a suceder y que mi psiquiatra tiene razón: padezco el llamado T.O.C. ¿Qué significa T.O.C.? Trastorno Obsesivo Compulsivo, lo que hace que, de vez en cuando, deba poner a alguien en mi punto de mira hasta saberlo todo sobre él. Ella, en esta ocasión.

Hoy es fiesta pero me he levantado, poco más o menos, a la hora de siempre. Aunque sé dónde vive Carmen Lázaro, todavía no conozco sus horarios de fin de semana y no quiero perder la ocasión de verla en una mañana de domingo.

No podía correr el riesgo de llegar tarde, así que apenas he hojeado el periódico en el bar mientras tomaba un café con leche; un retraso, y el madrugón dominical no me habría servido de nada.

He llegado a su calle sobre las once y media. Frente a su casa hay un bar, y he pensado que era un buen sitio desde el que controlar el portal de Carmen. No me apetecía otro café, y me he decidido por una cerveza de barril. Dos cañas más tarde, Carmen Lázaro, su marido y su hijo han salido a la calle.

He pagado mis consumiciones al camarero y he salido tras ellos. Les he seguido por el barrio, manteniendo una distancia más que prudente para evitar ser descubierto, pues no habría sabido cómo explicar mi presencia allí.

A varias manzanas de su casa han entrado en una cafetería que hace chaflán. Carmen Lázaro y su hijo se han ido a sentar a una mesa junto al ventanal que se asoma a la calle mientras el marido se acercaba a la barra a pedir las bebidas y algo para picar. Carmen Lázaro miraba hacia el exterior del bar. Parecía aburrida, ausente, y así se ha mantenido incluso cuando el marido ha ido a sentarse junto a ella y el hijo. Él ha centrado la atención en su cerveza y en las patatas fritas que, aparentemente, había comprado para el niño; el muchacho sólo ha separado los ojos de la Game Boy salvo para dar algún trago a la cocacola; Carmen ha permanecido todo el tiempo con una tónica entre las manos y la mirada fuera del establecimiento.

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31/01/2006 09:07. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (21)

Clara puede resultar mona, aunque me da la impresión de que está atravesando una crisis de ubicación cronológica. O tal vez siempre haya sido así, yo llevo poco tiempo en la casa para poder afirmarlo con total certeza.

Porque Clara se acerca peligrosamente a los cuarenta años, y a esa edad una no puede vestir como si fuera la presidenta del club de fans de Britney Spears, con minifaldas de colegiala y botas altas, blusa blanca y chaqueta azul marino de corte juvenil, ni peinarse con dos principios de coleta naciendo por encima de las orejas… He visto niñas en los comics manga mucho más moderadas que Clara.

Esta tarde, un poco antes de cerrar, me he escapado de mi planta y he subido a la de los discos, en la que trabaja nuestra adolescente cuarentona. Claro que tal vez no sea culpa suya, porque si te hacen vender diariamente los cedés estrella de los cuarenta principales alguna transformación debe producirse en tu cerebro… véase si no el modo peculiar de expresarse de Fernandisco y otros pinchadiscos como él.

Mi intención era preguntar a Clara por su impresión sobre Carmen Lázaro, sobre si también cuando visita su planta recorre las distintas zonas sin apenas prestar atención a su contenido para terminar inevitablemente en una sección determinada. La de música romanticona, tipo Julio Iglesias, Luis Miguel, Céline Dion y cantantes por el estilo.

He recorrido la planta hasta que la he visto, en un rincón más bien discreto, con la espalda apoyada en la pared y Martín frente a ella, un brazo sobre el hombro de la mujer y la boca junto a su oído, más cerca de lo que resulta necesario para hacerse escuchar. Martín, de espaldas a mí, no me ha visto. Clara, mirando en mi dirección con los ojos entreabiertos, sí. Ha susurrado algo a Martín y se lo ha quitado de encima con un gesto un tanto brusco. Me ha parecido ver el brillo de una lágrima resbalando por su mejilla.

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30/01/2006 10:52. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (20)

El ordenador de la tienda lo sabe todo acerca de nuestros clientes: sus datos personales, la entidad bancaria con la que trabajan, si compran a crédito o en efectivo, a qué hora suelen realizar sus compras y qué es lo que compran.

Así he accedido a los gustos literarios de Carmen Lázaro, de los que hasta ahora tenía una ligera idea que hoy he podido confirmar. Entre las compras de los últimos cinco años hay varios nombres que destacan: Grandes, Serrano, Chevalier, Allende, Montero, Vreeland… Movido por la curiosidad, he indagado en las novelas que ha ido comprando de cada una de las escritoras, y he comprobado incrédulo que de casi todas ellas tiene la edición en tapa dura y la posterior en bolsillo.

“Hasta siempre, mujercitas” ha sido el último que ha adoptado para su librería particular. ¿Una despedida? ¿significa esto que no volveré a verla por la tienda?

He cerrado su ficha cuando me he dado cuenta de que Laura F estaba mirando por encima de mi hombro, algo que no soporto. Le he dejado el ordenador todo para ella y me he alejado pensando que, en caso de que Carmen Lázaro disponga en su casa de un estudio que haga las veces de biblioteca, en la puerta de acceso un cartel debería advertir: “Sólo para mujeres (melancólicas)”.

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30/01/2006 10:51. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (19)

Desde que una foto de cuando era un bebé salió como por arte de magia de un libro que hacía años que no abría no he dejado de pensar en mis orígenes reales. No en mis Reales Orígenes, que no aspiro a tal cosa, sino a la identidad real de mis progenitores. Porque, claro, cuando la única foto que conservas de tu infancia te muestra tirado en la calle ante la puerta metálica de un taller, te formulas muchas preguntas.

La más evidente, desde luego, es si no serás realmente un bebé abandonado. Y de esta pregunta surge la siguiente: ¿son mis padres genéticos quienes me han criado o se trata de unos padres adoptivos?

Llevo horas con una foto mía en la mano derecha. Una foto reciente, quiero decir. De fotomatón, pero sirve para lo que pretendo. Con el dedo índice de la izquierda simulo un bigotillo como el que luce el que dice ser mi padre en su foto de boda con la que dice ser mi madre. Miro y remiro, y llego a la conclusión de que, afortunadamente, no me parezco en nada al general de brigada o de división o qué sé yo que pretende ser mi padre.

Me quito el bigote y veo que tampoco me parezco mucho a mi supuesta madre. Pero eso no quiere decir nada: cantidad de críos no se parecen a sus padres y no se cuestionan su origen. Claro, seguro que ellos no habrán encontrado nunca una foto en la aparezcan abandonados ante la puerta de un taller.

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30/01/2006 10:50. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (18)

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La mujer de pelo corto y gafas con montura de pasta, la que acostumbra a tocar el arpa con los libros de las diferentes estanterías mientras mira al tendido, se llama Carmen Lázaro. Lo sé porque hoy ha pagado con tarjeta. El importe de su compra ha sido ridículo, así que tal vez haya pagado con tarjeta para que yo sepa su nombre.

Ha venido a la misma hora de siempre, casi nada más abrir la tienda. No ha variado su recorrido en absoluto, un paseo anárquico por toda la tienda para terminar en su zona preferida. Desde allí, semioculta por esas estanterías repletas de lo que algunos llaman “novela testimonial”, me ha lanzado algunas miradas fugaces, como sin querer, mientras yo fingía estar ocupado ordenando lo que otros revuelven. Ha tenido varios libros en sus manos, los hojeaba y volvía a dejar en su lugar, hasta que se ha detenido un tiempo extra en uno concreto.

Cuando me ha visto lo suficientemente desocupado como para no molestarme, se ha venido hacia mí con la novela en la mano: un ejemplar de bolsillo de Marcela Serrano, no sé qué de unas mujercitas. Juntos hemos ido hasta la caja, lo he pasado por el lector de códigos de barras y ha marcado poco más de cinco euros. Cuando me ha dado la tarjeta, la manga de la cazadora se le ha subido unos centímetros dejando a la vista un vendaje blanco de aspecto casero. Una caída tonta, ya ves, me ha explicado antes de que yo pudiera preguntarle nada.

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29/01/2006 19:54. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (17)

El muy cobarde ha regresado y no le he quitado ojo de encima desde que ha entrado en mi planta. Ha dado un rodeo innecesario para llegar a donde siempre, supongo que para no cruzarse conmigo. Se le ve la culpabilidad en los ojos, en esos ojos de carnero “degollao” que decía mi abuela lucen los tristes y cobardes.

Estaba consultando los habituales libros de autoayuda que suele comprar cuando me he acercado por la espalda y le he picoteado el hombro con un dedo índice afilado como el pico de un cuervo. Ha dado un respingo –cobarde y asustadizo, el hombre– y al volverse le he preguntado si podía ayudarle en algo. Al mirar su cara de infarto, se me ha ocurrido de pronto que tal vez le vendría bien algún libro sobre cómo prevenir paros cardiacos.

Con una desagradable voz ronca, que suena como un eructo interminable que es capaz de modular con los labios, me ha respondido que sólo estaba echando un vistazo. He dejado que siguiera con su vistazo y yo tampoco le he perdido de vista a él.

Cuando Manuel Fabra pensaba que no le miraba, ha sacado un ejemplar de una estantería y se ha dirigido rápidamente hacia Laura F, esquivando mi probable placaje como si estuviera disputando un partido de rugby. Ha abonado la compra y ha salido sin despedirse de mí. Aunque no era necesario, he ido a comprobar a qué libro podía corresponder el hueco que ha dejado en la estantería: “Abre el melón”, claro. Cobarde, asustadizo y perseverante, Manuel Fabra.

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29/01/2006 19:53. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (16)

Esta mañana he extraído un libro de uno de los estantes de la librería de casa. Da igual de qué libro se trata, es un detalle sin importancia. Lo trascendente es que al abrir el libro, una fotografía se ha deslizado de su interior cayendo al suelo. La he recogido y, al contemplarla, he entendido por qué he terminado pidiendo a veces en la calle: el tema de la fotografía soy yo, con ocho o nueve meses de edad, tendido sobre una acera junta a la persiana metálica de un taller. Al parecer, mis padres no tenían otro lugar mejor para inmortalizarme, depositado en la calle como un niño abandonado en Navidad. Si ante mí hubieran colocado un pedazo de cartón con alguna petición expresa (amor, comida, dinero, una familia adoptiva...) el efecto hubiera sido definitivo. Ahora sé que mi destino estaba marcado, al menos, desde los ocho o nueve meses de edad. Y contra el destino poca resistencia se puede oponer.

Otro pensamiento me ha asaltado de pronto: ¿y si efectivamente yo hubiera sido un niño abandonado? ¿y si el sargento chusquero que he tenido como padre no fuera sino un tipo que pasaba por allí poco después de que alguien me dejara tirado?

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29/01/2006 19:52. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (15)

El cliente siempre tiene la razón, dice Martín. Mi opinión es que ni Martín ni el cliente tienen ni puta idea de lo que hablan.

En cuanto he llegado a la tienda, el encargado me ha cogido del brazo sin apenas darme tiempo a ponerme el chaleco de vendedor y me ha obligado a entrar en uno de los cuartos que utilizamos como almacén. Bien, al menos ha tenido el tacto de no abroncarme delante de Laura F y el resto de compañeros.

Dice que se ha recibido en el buzón de sugerencias una queja contra un vendedor de la planta de libros. La queja no llevaba firma, pero sí identificaba al sujeto objeto de la reclamación, un tal Ramiro B, como dice Martín que rezaba literalmente el anónimo. Y se refería al tal Ramiro B como un tipo un tanto brusco en su modo de relacionarse con la clientela del establecimiento. Martín me ha soltado el brazo después de asegurarse, mediante una mirada fija al estilo película del oeste, de que cosas así no volverán a repetirse en el futuro.

Anónimo pero imprudente y precipitado, he pensado de inmediato. Y es que, de acuerdo con el paupérrimo volumen de ventas que llevo acumulado desde que entré a trabajar, el anónimo cliente que me ha tachado de “un tanto brusco” sólo puede responder al nombre de Manuel Fabra. Sin dudarlo, le he borrado de mi lista de indecisos y he añadido su nombre en la de imbéciles.

Cuando venga por aquí (hace unos días que no aparece, el muy cobarde) tal vez le aclare lo que es ser brusco. Aunque quizás simplemente su reclamación ha sido consecuencia de que no le gustó el libro que le recomendé. Si le hubiera dejado llevarse el del melón…

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28/01/2006 12:41. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (14)

Hoy ha vuelto a estar en la tienda, rebuscando entre los libros de bolsillo como hace siempre, sin orden aparente, pasando de los autores que comienzan por C a los que lo hacen por H, como si le diera igual qué comprar, como si sólo pretendiera pasar un rato caliente. O como si buscase en los personajes de papel la compañía que no encuentra entre los de carne y hueso.

Sus dedos caminan sobre el lomo de los libros como si estuvieran tocando un arpa. Sin embargo, su mirada no sigue la trayectoria de los dedos, su mirada está siempre en otra estantería diferente de la que utiliza para componer. Porque todo en ella me sugiere música. Sus dedos tocan el arpa; sus pies, cuando desciende por las escaleras, no pisan peldaños sino las teclas de un piano. Suaves y firmes.

Lleva el pelo corto, demasiado para mi gusto. Y usa unas gafas de pasta que no le sientan muy bien, aunque le dan un toque intelectual que supongo es lo que busca.

Suele venir un par de veces a la semana. Todavía no sé si es madre pero, en caso de serlo, seguro que viene por aquí después de dejar a los niños en el autobús del colegio. Va recorriendo con su arpa toda la tienda, pero siempre termina donde la novela romántica, y allí pasa un buen rato. Eso sí, desde que trabajo aquí todavía no ha comprado nada.

Algún día preguntaré a Clara si en su planta se comporta del mismo modo: los que vivimos en el Infierno poco sabemos del Purgatorio y nada del Cielo.

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28/01/2006 12:40. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (13)

No sé cómo lo ha hecho, pero Carlos se ha enterado de lo de mi trabajo. Tal vez me haya seguido al salir de casa. Sí, eso debe ser, porque él es más madrugador que yo y, sin embargo, ayer se quedó en casa después de que yo saliera para la tienda. Si es así, debió quedarse de piedra al verme acudir a un sitio distinto de mis escaleras del Banco de Crédito Agrícola, último trabajo del que Carlos tenía conocimiento.

No me gusta que me sigan, que los demás se interesen por lo que hago o dejo de hacer. Para eso ya estoy yo. Me basto y me sobro. Con Carlos puedo ser algo más condescendiente, ya que se trata de un alma cándida incapaz de la menor maldad, pero me preocupa que se preocupe por mí. Lo de menos es que, a partir de ahora, deba colaborar en el pago del alquiler (él ni siquiera me lo ha insinuado, pero creo que es de recibo) o poner dinero para el fondo común de comida, bebida y productos de limpieza. Lo verdaderamente sangrante es que uno no pueda disponer de un mínimo de intimidad, de vida privada al abrigo de las miradas curiosas de quienes te rodean.

Si sigo en la tienda un tiempo, tal vez deba plantearme buscar un apartamento propio y pasar de Carlos aunque le duela. Y es que a veces se comporta como la típica esposa celosa que tanto me fastidia.

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28/01/2006 12:39. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (12)

Desde que descubrí lo del pago con tarjeta, pienso que mi trabajo aquí va adquiriendo otro sentido. No creo que nunca llegue a ser empleado del mes (si lo consigo será por algún error del sistema que controla las ventas de cada cual, desde luego), pero sí pongo algún empeño en vender a quien yo elijo, pues no veo otro modo de conseguir información que a través de la venta.

Le había visto ya en varias ocasiones y desde el primer momento le clasifiqué en la categoría de “los indecisos”. A ello contribuyó su manera errática de moverse por la tienda, su continuo movimiento de cabeza a derecha e izquierda tratando de averiguar si alguien le mira (al principio pensé en la posibilidad de que se tratara del típico robalibros), su costumbre de bajar la mirada al suelo cada vez que intuye que otro cliente le está observando… y, cómo no, su afición por esos horribles libros de autoyuda que sólo ayudan a quien los escribe (a ganar dinero a costa de bobos indecisos como mi cliente, claro).

Hoy no lo he podido evitar, y cuando he visto que hojeaba y ojeaba sin parar un ejemplar de la última estupidez que ha llegado a la tienda me he visto obligado a arrebatarle el libro de las manos. Al leer el título, he pensado que, por una vez, la editorial se había dejado de diplomacias y había decidido llamar a las cosas por su nombre, calificando a sus potenciales lectores como se merecen. “Abre el melón ”, se titula la cosa. “Cómo te puede ayudar el Coaching a conseguir tus metas”, aclara la portada. ¿Coaching? ¿Quién coño se ha inventado semejante palabro?

Al arrancarle el libro de las manos, el cliente me ha mirado con ojos temblorosos, disculpándose por no sabía bien qué delito. Le he explicado que ese libro no era para él, que sin duda le gustaría más “Psicopatología de la vida cotidiana”, de Freud. Me ha seguido hasta la caja como un corderito, ha sacado la tarjeta de cliente y se ha marchado con el tocho bajo el brazo.

Se llama Manuel Fabra y no sé si volveré a verle por aquí.

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27/01/2006 09:29. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (11)

20060127092714-nicolas.jpg

Ya son las once y media y sigue helando en la calle. Y no lo sé porque haya salido a comprobarlo, sino porque me lo ha contado Laura F. Pero es que ella tampoco ha salido todavía.

Cuando le he preguntado cómo lo sabía me ha llevado de la mano hasta una zona de la tienda en la que tenemos los libros infantiles. Es una salita en la que hay distribuidas unas mesas y sillas de tamaño adecuado para sus potenciales usuarios; con ellas se pretende fomentar el hábito de la lectura entre nuestros clientes más pequeños y, sin embargo, quienes ocupaban hoy dos de las sillitas eran dos caballeros de más de sesenta y cinco años.

Ambos llevan la cabeza cubierta, uno de ellos con una gorra de color marrón y de corte proletario, el otro con un gorro de lana de color rojo. Será por ese tocado, por la prominente barriga que intenta encajar entre la silla y la mesa y por la barba blanca que luce que me ha recordado a Papa Noel. ¡A punto he estado de pedirle algo para Nochebuena!

Le he preguntado a Laura F si se trata de dos inspectores del “Control de calidad literaria infantil y juvenil”, si es que existe semejante organismo. No ha comprendido mi ironía. “Si existiera, las tres cuartas partes de las estanterías estarían vacías”, me ha contestado muy seria.

Dice que son dos niños que, siempre que hace demasiado frío en la calle, entran en la tienda y pasan varias horas bebiendo ron con Long John Silver, combatiendo al lado de Yáñez y Sandokan, admirando los tesoros de Nemo, sudando la gota gorda con el profesor Otto Liddenbrock… y que ahí están hasta la una y media, hora en que regresan a sus casas para comer.

Cuando Laura F ha ido a atender a una cliente, he rebuscado en un estante y he encontrado una reedición de “El pequeño Nicolás” de Goscinny. Yo la leí de crío como “Le petit Nicolas”, pero el efecto ha sido casi el mismo en cuanto le he echado un vistazo: una sonrisa de oreja a oreja que ha terminado en abierta carcajada.

Me he acercado a los abuelos. Noel me ha invitado a sentarme junto a ellos: hemos pasado un rato estupendo los tres juntos.

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27/01/2006 09:27. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (10)

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Me encanta observar a la gente. Es algo que ya hacía de pequeño, pero en lugar de gente observaba peces, los del acuario de mi padre, ese general de brigada o de división, o qué sé yo, que trataba de ponernos firmes a todos cada dos por tres.

En casi todas las casas, la tele es el centro neurálgico del salón. En mis tiempos, las casas no tenían salón o, si lo tenían, sólo abrían sus puertas cuando los padres querían impresionar a alguna visita. El resto del año, cerrados por motivos desconocidos, aunque se convirtieran así en habitaciones inutilizadas que te obligaban a compartir dormitorio y cama con algunos de tus hermanos. No, las casas no tenían salón, tenían cuarto de estar y, como motivo principal de atracción, la tele. En blanco y negro, claro.

Nuestro cuarto de estar tenía tele, claro. Y en blanco y negro, claro. Pero el centro de atención era, al menos para mí, el gran acuario que mi padre cuidaba personalmente, sin permitir que nadie metiera mano en él, ni figurada ni literalmente.

El acuario era en color, por eso me gustaba a mí más que la tele. Mi padre, como buen militar, se podía pasar horas viendo desfilar a los peces de un extremo a otro del recipiente que los retenía. Casi dos metros de longitud de pecera. Ahora me atrevo a llamarla pecera o acuario indistintamente, pero la primera vez que llamé a aquel acuario pecera mi padre me pegó una hostia con el revés de la mano, y no me hizo una aguadilla dentro de la pecera (perdón, acuario) por no incordiar a sus legítimos inquilinos.

Sólo él se ocupaba de sus peces, del tiburón bala, de los barrefondos, de aquellos redondos, planos y con el cuerdo rayado que nunca he sabido cómo coño se llamaban, de otros chiquitines y con una raya fluorescente en el costado que siempre se movían a una, como turistas japoneses. Su preferido, evidentemente, era el que mi padre denominaba “guerrero de Siam”, un pez pequeñajo y con cara de mala leche que no paraba de incordiar a todos los demás. El macarra de las profundidades, vaya.

El resto de la familia tenía prohibido hacer otra cosa que no fuera contemplar las marchas militares de aquellos estúpidos bichos. Por eso, cuando mi padre estaba en casa, yo no prestaba demasiada atención al tema. Pero aprovechaba sus ausencias, cuando se iba al cuartel dejando indefensos a sus estúpidos reclutas con escamas, para meter mano en el interior del acuario y agitar las aguas para ver qué pasaba con los peces. El que más se acojonaba era, invariablemente, el “guerrero de Siam”.

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27/01/2006 09:25. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (9)

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Hoy me ha tocado envolver mi primer libro para regalo. No lo sabía, pensaba que había compañeros con ese cometido en exclusiva, y sin embargo esa es otra de las funciones de los empleados a los que Martín recluta.

Hasta la fecha, jamás había envuelto nada más complicado que un bocadillo de chorizo en una hoja de periódico, pero todo es cuestión de poner algo de voluntad. Con los pliegues del papel no he tenido muchos problemas, lo peor ha sido cuando me ha tocado pegar el celofán: he comenzado a odiar a Martín por los trabajos que nos obliga a hacer, y si hubiera dispuesto de un rollo interminable de papel adhesivo, no habría dudado en forrar al encargado hasta que no pudiera respirar por uno solo de sus poros. Lo único bueno de todo lo sucedido es que Laura F se ha ofrecido a ayudarme, ha terminado de preparar el paquete, le ha colocado el lazo y ha pegado un enorme Felicidades en una de las esquinas. Cuando le he querido dar las gracias, ella me ha tapado la boca con un trocito de celo que llevaba pegado en el dorso de la mano. Y el roce de su dedo sobre mis labios... han pasado varias horas y todavía llevo el celo cruzado sobre la boca. Algunos clientes comprometidos con cualquier causa imaginable me han preguntado si estaba manifestándome a favor de la libertad de expresión; otros, más astutos, me han mirado como se mira a un gilipollas.

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26/01/2006 12:02. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (8)

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Me gusta esto del pago con tarjeta de crédito o con la de la tienda, pues es una buena manera de poner nombre y apellidos a clientes a los que antes sólo podía referirme con vaguedades como “el tipo de la camisa de cuadros”, “la mujer de pelo corto y gafas con montura de pasta”, “el hombre que suele llevar un abrigo negro”... ¿Y si el tipo de la camisa de cuadros se compra una de rayas? ¿o si la mujer de pelo corto se deja crecer el cabello y comienza a utilizar lentillas? ¿y qué pasará en verano, cuando el hombre se quite le abrigo negro? No, es mucho mejor así, con nombre y apellidos que les identifique sin lugar a errores. Pero con apellidos completos, no como la B que se ha convertido en mi sombra.

Por supuesto, hay más cosas que se pueden conocer de cada cliente: con sólo pulsar un par de teclas te pones al corriente de sus gustos literarios o musicales mediante una ficha que detalla las compras realizadas a lo largo de los últimos años; la ficha también dice si suelen pagar a crédito o disponen de efectivo (aunque paguen en metálico, muchos te hacen pasar por el lector la tarjeta que les acredita como clientes: para acumular puntos, parece ser, que luego gastan en la propia tienda, dónde si no); la entidad bancaria con la que trabajan en la actualidad y las que utilizaban anteriormente; si hacen uso de las promociones especiales... y su dirección completa, evidentemente. En principio, de sus familias no solemos saber demasiado. Salvo que investiguemos en nuestro tiempo libre, claro.

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26/01/2006 12:00. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (7)

Laura F, sin embargo, parece disfrutar en cada venta. Incluso cuando después de atender a un cliente no consigue colocarle algún libro, ella se muestra satisfecha y le despide con una amplia sonrisa. También tengo la impresión de que me mira más de lo habitual entre compañeros. Yo no estoy acostumbrado a sentir sobre mí los ojos de nadie, mucho menos los de una mujer, pero no me disgusta que lo haga. Y tampoco que me ayude a aprender cómo se maneja el ordenador para hacer consultas: me gusta notar su mano sobre la mía mientras paseamos juntos el ratón por la alfombrilla, me gusta el roce de sus pechos sobre mi hombro derecho –creo que fuerza algo la posición para que ese contacto sea posible–, me gusta como huele su cuello junto al mío... Creo que terminaré aprendiendo a manejar la base de datos de la tienda.

He tenido ocasión de escaparme un rato del Infierno y he subido a echar un vistazo por el Purgatorio musical. Allí he conocido a Clara. Clara a secas, sin letra que la persiga a todas partes. En cuanto me he topado con Martín, le he preguntado por las razones de esa distinción, por qué yo llevo una B tras mi nombre, Laura una F y Clara nada. El encargado me ha dicho que porque no hay más claras en la tienda. No he podido callarme: le he replicado que tampoco hay más ramiros, ni más lauras, pero Martín se ha dado la vuelta ignorando mis palabras. Poco después, me he percatado de que Martín tampoco tiene letra que haga sombra a su nombre.

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26/01/2006 11:51. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (6)

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Mi ascenso en la empresa está siendo imparable: Martín, el encargado, me ha asignado ya número de vendedor. Es un código que debo teclear en la caja registradora cada vez que hago una venta y una frase delatora aparece impresa en el tique que escupe la maquinita: “Le atendió Ramiro B”. Otra vez la innecesaria B. Ahora los clientes ya saben a quien deben dirigirse cuando quieren reclamar algo sobre una venta que haya hecho yo. La solución para evitar problemas es sencilla, basta con tratar de no vender demasiado. O teclear el código de algún compañero. En cuanto a las posibles reclamaciones, espero que se refieran a cambios de libros que ya tienen los destinatarios a quienes se pretendía regalarlos, porque como alguien me diga que no le gusta el libro que ha comprado para su propio consumo... A mi tampoco me gusta venderlos y no le voy a dar la murga a nadie.

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25/01/2006 17:26. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (5)

Carlos se ha extrañado al verme sentado a la mesa de la cocina y dispuesto a desayunar con él. Habitualmente nuestra hora de saludar al mundo por la mañana es diferente: el suele madrugar más que yo y, sobre todo, lo hace con mayor regularidad dado el carácter más estable de su empleo. Por eso, al encontrarme despierto y vestido a una hora tan inusual me ha preguntado si había pasado mala noche y tenía que llevarme al hospital o algo por el estilo. Es un encanto de muchacho, lo ha dicho sin ninguna malicia, convencido de que si había madrugado tanto debía ser por algo grave. Le he contestado simplemente que había pensado acudir a la puerta del banco un poco antes, que ayer había tenido problemas con otro mendigo que quería levantarme el puesto y eso no podía permitirlo. No le he querido contar nada de mi nuevo trabajo: el pobre podría preocuparse de veras.

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25/01/2006 17:24. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (4)

He tenido que confesarle a mi compañera que, a mis años, todavía no sé nada de ordenadores. Ella me ha dicho que siempre hay una primera vez, que no le importa ser mi iniciadora y que podíamos empezar de inmediato las clases. He decidido aprender informática. Sobre todo si Laura F sigue ayudándome a jugar con el ratón por la alfombra colocando su mano sobre la mía.

No sé si por pereza, por timidez, por incapacidad o porque no tenía ganas de trabajar, durante mi primer día en la tienda me he especializado en la complicada tarea –dada la nutrida afluencia de potenciales compradores– de evitar clientes: cada vez que alguien me preguntaba por un libro mi respuesta era permanecer absolutamente inmóvil, como los bichos de los documentales cuando tratan de ocultarse de sus depredadores, contemplando al interlocutor de turno como quien oye por primera vez esa extraña palabra. Mi representación del lerdo irrecuperable para la sociedad ha resultado bastante convincente.

Si tengo que hacer balance de mi primer día de trabajo, si quiero colocar algo en el haber de mi cuenta, destacaré que en la tienda hace menos frío que en la calle. Y que las manos de Laura F son más cálidas que el cartel que sostenía entre las mías hasta ayer mismo. Mañana volveré a verla porque, a pesar de mi demostrada ineptitud, todavía conservo el empleo después de doce horas de jornada.

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25/01/2006 17:23. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (3)

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La tienda se distribuye en tres alturas, la planta calle y dos sótanos. En el segundo sótano está la sección de libros, y para llegar a él debes atravesar la planta calle o cielo, dedicada a la informática y otros artilugios electrónicos, y el primer sótano o purgatorio en el que están los discos. Afortunadamente, de algo sirvió mi breve currículo impreso en el cartel que utilizaba en el banco y, como era de esperar, me han mandado al infierno. Como siempre.

La primera orden que Martín me ha dado ha sido la de comenzar a memorizar la ubicación de los libros de bolsillo. Quiere que tenga una idea lo más precisa posible de los libros que reposan en los estantes a la espera de que alguien los escoja para adoptarlos. Me he puesto a ello tratando de dar sensación de diligencia. No sé por qué, pero lo he hecho.

Los libros están separados, los de escritores españoles y latinoamericanos por un lado y los extranjeros por otro; una especie de distribución política del mundo con algunas fronteras menos que las reales. Sin apenas dudarlo, me he plantado frente a los de fuera y he comenzado por la letra A. Y no he tenido que dedicar demasiado tiempo a tan tediosa tarea, pues iba por Auster cuando una de mis compañeras de planta, Laura F, me ha dicho que no haga mucho caso a Martín, que el encargado no es más que un estúpido arrogante y un soberbio irredento. Creo que a Laura F no le cae muy bien Martín, aunque en ocasiones los amores suelen disfrazarse por no se sabe bien qué motivos.

En cualquier caso, he dejado mi recién iniciado trabajo de memorización de títulos cuando Laura F me ha dicho que TODO está guardado en el ordenador, que basta introducir una palabra que esté contenida en el título y el libro aparece en la pantalla como por arte de magia. De hecho, me ha confesado la compañera que si un día el ordenador reventara nadie sería capaz de encontrar ni siquiera la puerta de la calle.

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24/01/2006 19:11. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (2)

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Yo sólo pretendía recaudar unas monedas para un bocadillo, pero tuvo que aparecer aquel tipo con pintas de moderno a ofrecerme un empleo. Nadie le había dado vela en mi entierro, pero posiblemente se sentía obligado por el espíritu prenavideño a hacer algo por mí. En cualquier caso, me preguntó si estaba dispuesto a aceptar un trabajo. Ya he tenido muchos trabajos, gracias, traté de disuadirle. Probablemente no eran los empleos adecuados, me respondió. Mañana empiezas conmigo.

Mañana es hoy. Hoy es domingo y los grandes comercios han inaugurado el tramo final de la autopista de las compras que conduce a la Navidad. Sospecho que si Martín me ofreció el trabajo no es por mi cara bonita ni por los vastos conocimientos literarios que no me han dado ocasión de acreditar. No; creo que no soy sino un refuerzo de fin de año. Mejor así: no soporto las ocupaciones sin límite temporal; de hecho, jamás he tenido ninguna ni creo que la tenga en mi vida. No sabría cómo hacer para soportar tanta estabilidad.

Lo más sorprendente incluso para mí es que me he levantado a tiempo para llegar a la tienda antes de que abriera al público, como si realmente me interesara el empleo. Martín –que además de ejercer como miembro del comité de contratación cuando el corazón o algún otro músculo se lo sugiere, es el encargado principal del establecimiento–, me ha recibido con una inusitada efusividad, tanta que me ha dado la impresión de que estaba pensando en cómo se las habían apañado hasta entonces en la tienda sin mí. Tras presentarme rápidamente a varios de mis nuevos compañeros, me ha hecho entrega del chaleco oficial de la tienda en una sencilla ceremonia y ha prendido en él una plaquita con mi nombre que sólo le ha llevado unos minutos preparar. “Ramiro B”, se puede leer en caracteres blancos sobre un fondo verde botella, a juego con el chaleco. Le he preguntado que para qué la B, que no creía que hubiera más ramiros en la tienda, pero no me ha hecho ni caso. La verdad es que como interlocutor dispuesto a escuchar no vale gran cosa. Como encargado, no lo sé todavía.

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24/01/2006 19:09. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (1)

Si no hubiera sido porque llevaba tres días alimentándome de los restos de mi estúpido orgullo, ese soberbio sentimiento del que creía haberme desprendido hace mucho tiempo, jamás se me habría ocurrido aceptar la oferta de trabajo de Martín. Pero el orgullo es poco nutritivo y no estaba dispuesto a recurrir de nuevo al bueno de Carlos para satisfacer tan primaria necesidad; tampoco se puede decir que él disponga de una economía saneada, y bastante hace con ser quien garantiza con sus ingresos mensuales el pago del alquiler del piso que compartimos. Impensable pedir socorro a la familia, a ese general de brigada o de división o qué sé yo –jamás he sentido demasiado interés por esas absurdas graduaciones que más que nada me suenan a películas en blanco y negro protagonizadas por actores con bigotillo fino subrayando la nariz– que me tocó en el sorteo de mi promoción. Y tampoco estaba tan desesperado como para acudir a la beneficencia municipal y rodearme de borrachos y vagabundos como en otras ocasiones.

Había consumido las migajas de paro que me habían correspondido por mi último empleo, unos cuantos meses picando y formateando textos para una editorial, y de paso muriéndome de envidia ante el logro de otros. Lo de agotar el paro no me asusta, es como la gripe que siempre vuelve a por uno, especialmente cuando uno tiene pocas defensas. Incluso he atravesado peores temporadas y sé resistir una mala racha. Así que no se me ocurrió otra cosa que ganar algo de tiempo mientras encontraba algún trabajo apetecible y recurrir a otra de las actividades que desempeño con cierta frecuencia. Y ayer era el cuarto día que llevaba sentado en las escaleras de acceso al Banco de Crédito Agrícola, bien protegido por el capital de los rigores climáticos del mes de diciembre, con aquel estúpido cartel de “Escritor en paro necesita su ayuda. Gracias”.

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24/01/2006 19:07. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.





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