Canfranc Pueblo, noviembre de 2007

El paseo comienza en Villanúa, junto a uno de los puentes que cruza el río Aragón. Cuatro kilómetros de Camino de Santiago que se recorren en poco más de una hora para comprobar, al llegar a Canfranc Pueblo, que el reloj ha retrocedido unos setenta años a la vista de la bandera que ondea en la plaza, justo delante del campanario.
Ni se celebra jornada reivindicativa alguna ni la fotografía ha pasado por las manos del señor Photoshop. No, es la tricolor, la bandera bajo la que, con un sol radiante, se puede tomar el vermú en el bar de la localidad.
Y es que Canfranc es una caja de sorpresas. Unico pueblo aragonés (y supongo que español) en el que los nazis exhibieron la esvástica durante los años en que ocuparon la parte francesa de la estación internacional, núcleo de una importante red de espías al servicio de la Resistencia francesa en la que incluso colaboraba la mujer de un guardia civil destacado en el pueblo, punto de paso de toneladas de oro con el que los alemanes pagaron a Franco y Salazar el wolframio y los cereales necesarios para la guerra, lugar de paso de cientos de judíos que huían de los nazis y, más tarde, de alemanes que huían de los aliados...
Para conocer mejor todas estas historias, dos libros imprescindibles, ambos del periodista Ramón J. Campo: "El oro de Canfranc" (mención especial del premio Rodolfo Walsh) y "La estación espía". Para disfrutar con algunos de los episodios más curiosos y desconocidos de nuestra historia reciente.





