www Somardón

Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2006.

Le atendió Ramiro B (48)

Un tono, dos, tres. Carmen está a punto está de colgar de nuevo. Cuatro. Carlos intenta levantarse y a duras penas lo consigue. Cinco. Carmen tiene ya el dedo sobre el botón de cancelar la llamada cuando una voz, ya no metálica sino más bien acatarrada contesta por fin.

–¿Digame?

A Carmen no se le ocurre otra cosa que decir, insegura “¿Manuel?”. Carlos, a pesar de su embotamiento muscular y cerebral, reacciona con la suficiente agilidad como para comprender que aquella mujer es a quien estaba destinado el mensaje que su compañero de piso dejó grabado hace días en el contestador. Está tentado a sacar del error a la mujer, a decirle que todo es una patraña inventada por un tipo que parece no tener nada mejor que hacer que complicar la vida de los demás. No sabe por qué razón, pero Carlos responde que sí, que él es Manuel. Tal vez se arrepienta nada más haber decidido suplantar al real o imaginario Manuel, pero el paso ya está dado.

No contento con la usurpación de personalidad que acaba de cometer, recuerda el mensaje del contestador y se atreve a dar un paso adelante. Sin pensar que tal vez ni siquiera pueda levantarse de la cama, emplaza a la mujer en la librería al día siguiente y cuelga sin permitirle siquiera un turno de réplica.

Se vuelve a la cama deleitándose con la cara que Ramiro B pondrá cuando le vea aparecer en su lugar de trabajo. Él, que no compra libros ni por San Jorge.

Lee esta historia desde el principio en la categoría Le atendió Ramiro B 

02/05/2006 07:55. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (49)

¡Cómo me gusta tener todo bajo control! ¡Cómo disfruto sabiendo que todo sigue el guión marcado! Que pronto, tal vez esta misma mañana, Carmen no resistirá la curiosidad de saber quién le deja notas en los libros que compra en esta librería. Como el que se llevó ayer por la tarde y que pude manipular precipitadamente mientras ella buscaba la tarjeta de compra en su cartera.

Cuando esta noche compruebe que la mosca ha caído en la red tejida en mi contestador, le devolveré la llamada, me convertiré en Manuel por unos minutos y le diré que mañana mismo, sin falta, nos veremos en la tienda. Que iré vestido con la ropa que tan bien me queda, la que le he recomendado a Manuel al verle por aquí –el pobre se ha quedado de piedra cuando le he dicho que una clienta me ha preguntado por él, que le gustaría verle una mañana de estas aunque no sabe exactamente cuándo podrá acercarse y que se le ve muy atractivo sin barba y con jersey negro, que parece mucho más joven.

Con esos pensamientos me he deleitado durante toda la jornada, que se me ha hecho más larga de lo habitual por las ganas que tenía de llegar a casa y lanzarme sobre el teléfono, ver la luz parpadeante y escuchar la voz –supongo que un tanto confusa e insegura– de Carmen.

¡Qué desilusión al ver que nada de eso había sucedido! Le he preguntado a Carlos –que tenía una cara horrible, por cierto– si alguien había llamado en mi ausencia. Me ha contestado que cómo lo iba a saber él si acababa de llegar a casa minutos antes que yo. Y eso que ha estado a punto de volverse del trabajo antes de lo normal por el catarrazo que llevaba encima, pero que con todo el curro que tenía en la oficina le había sido imposible.

Me ha dado pena verle tan congestionado, le he preparado la infusión de eucalipto que me hacía inhalar mi abuela cuando era crío y le he mandado a la cama de inmediato. Incluso he sentido tentaciones de arroparle y plantarle un beso en la frente mientras le recitaba eso de “cura sana, cura sana…”.

Tampoco hay que pasarse, que luego se me acostumbra mal.

Lee esta historia desde el principio en la categoría Le atendió Ramiro B 

04/05/2006 08:02. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. Hay 1 comentario.

Le atendió Ramiro B (50)

20060510090932-parka1.jpg

Reconocería esa parka color caqui en cualquier parte: la veo todas las noches colgada en la percha de la entrada junto a mi cazadora negra. Por la mañana, sin embargo, la parka y su dueño salen para el trabajo antes de que yo haya terminado de desayunar.

Por eso no he tenido que obligar a Carlos a girarse para saber que era él quien hablaba con Laura F mientras yo ordenaba los libros que los clientes devuelven a la estantería que no les corresponde tras decidir que no merece la pena llevárselos a casa.

Me he colocado a sus espaldas, casi como si fuera una mochila estudiantil de las que suelen obstaculizar como trombos el pasillo central del autobús en el que vengo al trabajo. He empezado a hacerle caras a Laura F, que seguía atendiendo las palabras de sucliente-micompañerodepiso como si yo no estuviera allí. He tratado de escuchar lo que decía, si estaba preguntando por mí o simplemente pedía información sobre algún libro. Al final, no sé si advertido por aquel instinto arácnido que caracterizaba a Spiderman, Carlos ha debido notar mi presencia y se ha girado, colocando su cara griposa a un palmo de la mía.

¿No deberías estar en cama?, le he preguntado. Me ha respondido con una tos perfectamente dirigida a mi rostro y una explicación confusa acerca de algún libro que debía comprar como regalo para un compañero de la oficina. Que no me había visto en la tienda pero que esa compañera tan guapa que yo tenía le estaba atendiendo a la perfección.

¿Carlos piropeando a una dama? Este no es mi compañero que me lo han cambiado, he pensado de inmediato. He dirigido una sonrisa a la picarona de Laura F, he tomado a Carlos por el hombro y me lo he llevado a un lado y le he explicado que no está nada bien ir por las tiendas vacilando con las dependientas.

Lee esta historia desde el principio en la categoría Le atendió Ramiro B

09/05/2006 09:27. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Sendero sombrío

20060510093125-senderossombrios.jpg
SENDERO SOMBRÍO
Dominique Manotti
Traducción de Cristina Zelich
TROPISMOS. 2006


Ya sé dónde se encuentran los signos de puntuación que puede echar en falta un hipotético lector de "Cristo versus Arizona", aquella novela experimental de Camilo José Cela que constaba de una sola oración de cien páginas: en la primera novela de la francesa Dominique Manotti, publicada en su país en 1995 y que ahora trae a España la editorial salmantina Tropismos.

Porque éste es, sin duda, uno de los rasgos distintivos de "Sendero sombrío": la abundante proliferación de puntos, comas y puntos y comas a lo largo de las trescientas sesenta y cinco páginas de la novela. O al menos es lo primero que salta a la vista cuando comienzas su lectura, la escritura casi telegráfica por la que opta la autora, con oraciones breves que se encadenan rápidamente y que, pese a que una de las funciones teóricas de los signos ortográficos sea la de ralentizar, pausar o ayudar a tomar aire a lo largo de la lectura, lo que consiguen es el efecto contrario, que las páginas transcurran a una velocidad de vértigo. Frases cortas como golpes de fusta, que también los hay en la historia.

Pero claro, pobre novela sería aquella de la que lo único reseñable fuera la ausencia o abundancia de signos de puntuación. Sin embargo, en "Sendero sombrío" hay más, mucho más. Empecemos por el equipo protagonista.

Y digo equipo, porque contra lo usual de policías sagaces que resuelven los casos sin apenas colaboración, aquí nos encontramos a un comisario y varios inspectores, de diferentes departamentos: homicidios, delitos fiscales, narcóticos… todos ellos necesarios para resolver un caso que contiene un poco de todo eso.Al frente del equipo, el comisario Théo Daquin. Jugador aficionado de rugby, poco ortodoxo en sus métodos policiales, más bien violento y homosexual declarado aunque a veces se pueda sentir atraído por mujeres muy concretas. Por no utilizar una conocida expresión un tanto grosera que contiene la palabra olla, diré simplemente que no duda en mezclar trabajo y sexo, manteniendo a lo largo de la novela una apasionada relación -a menudo tal vez excesivamente dominante- con Soleiman, representante del Comité para la Defensa de los Turcos y confidente en sus ratos libres.

Le acompañan Romero y Attali, dos inspectores a los que ni siquiera un honrado ciudadano quisiera tener cerca. De unos veinticinco años, nacidos y criados los dos en los suburbios de Marsella, Attali era el niño bueno de la clase, que aprobó la oposición de inspector para poder llevar pronto dinero a sus padres. Romero, por el contrario, flirteó a menudo con la delincuencia y no sabe muy bien por qué razón se hizo policía. Junto a ellos -en ocasiones frente a ellos-, Thomas y Santoni, dos inspectores que les doblan la edad, que se conocen desde hace más de treinta años y pertenecientes a la Brigada Territorial. Aunque asignados temporalmente a la unidad de Daquin, muestran una mayor fidelidad hacia su propio comisario, Meillant, del distrito X.

Y cierra el equipo Lavorel, policía de los denominados despectivamente de "traje y corbata" por su pertenencia a la Brigada de Delitos Fiscales y que ingresó en ella a causa de su odio precisamente hacia los delincuentes de "traje y corbata". Por eso y por no querer pasar su vida machacando a los pequeños gamberros de periferia.

Tras el equipo protagonista, el escenario. París, 1980. Una ciudad por casi todo el mundo conocida, ya sea por haberla visitado o por las muchas ocasiones en que aparece en la televisión o el cine. Eso sí, en la novela no se ve por ninguna parte el Arco del Triunfo, el Obelisco, la Torre Eiffel, los nosecuantos escalones que hay que trepar para casi tocar las gárgolas de Notre Dame, los eternos cuadritos siempre con los mismos motivos que los turistas pueden comprar en la plaza de Tertre... El París que visitaremos será el que se limita al Sentier, el barrio actualmente conocido como el del Cairo, rodeado por los grandes bulevares haussmannianos de la orilla derecha del Sena. Barrio tradicionalmente ocupado por los mayoristas de la confección (ahora desplazados al barrio chino o a la perifería), por los talleres clandestinos abarrotados de turcos, por putas de bajo standing, sex-shops y locales de peep-show últimamente en declive.

Y la trama, claro, que en un barrio así debía girar, inevitablemente, alrededor del mundo de la confección. Pero no veremos el glamour de la alta costura, las pasarelas, las revistas de moda o los establecimientos de afamados modistos, sino que deberemos entrar en los locales y buhardillas en que se turnan un montón de trabajadores sin papeles para abastecer a los comercios de, entre otras cosas, prendas falsificadas. Y en uno de esos talleres, nada más empezar, nos encontraremos con el cadáver de una niña tailandesa de doce años, una niña que había llegado a Francia con pasaporte falso para trabajar en una compañía de baile. Como tantas otras de su misma edad.

Y cerca del cadáver, un par de bolsas que han contenido heroína. Y en las calles contiguas, locales en los que se ejerce la prostitución mediante un sistema pocas veces imaginado. Y políticos, "agregados culturales" en embajadas, valijas diplomáticas, corruptos funcionarios franceses y unas relaciones internacionales ciertamente tensas en el momento en que en Teherán está teniendo lugar una revolución islámica. Y un comité que lucha por la regularización de la situación laboral de los trabajadores turcos como telón de fondo.Y como curioso toque histórico, la ocurrente presencia de un conocido magnicida al que la Justicia Divina -a través del Papa- perdonó en su momento y que, creo, la Justicia Humana está a punto de poner en libertad tras varios años en prisión. Si no lo ha hecho ya un día de estos, que últimamente leo muchas novelas y pocos periódicos.

Una buena novela, una estupenda manera de comenzar una nueva saga y un acierto más de una editorial que no deja de traernos magníficos autores de novela negra inéditos en nuestro país. Que no decaiga.
 
Ricardo Bosque, mayo de 2006 

10/05/2006 09:31. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Negro como el tizón Hay 1 comentario.

Le atendió Ramiro B (51)

20060510111347-musichall.jpg

Ramiro B no es bueno disimulando y Carlos lo sabe. Como también es consciente de que su compañero de piso no se ha creído lo de que haya ido a comprar un libro, él que nunca ha demostrado el menor interés por la literatura.

Por eso comprende que mientras Ramiro B trata de sacarle información acerca del libro que, presuntamente, le han encargado comprar (no puede evitar sonreír al recordar la cara que ha puesto cuando, a la pregunta de qué libro quería, le ha respondido que uno que no fuera de un color demasiado chillón, que al del cumpleaños le van más los tonos suaves) lo que quiere saber es por qué ha aparecido realmente por la tienda. Y respuestas como la del color del libro no consiguen otra cosa, desde luego, que alimentar las sospechas del vendedor.

En varias ocasiones ha sorprendido Carlos a Ramiro B mirándole no a los ojos sino más allá de sus hombros, a un lugar indeterminado de la tienda. Y Carlos sabe qué es lo que busca o espera su amigo: la llegada de alguien relacionado con ese contestador automático que hace días instaló en su casa.

Ramiro B se moverá en la incertidumbre acerca de quién pueda ser el primero en llegar a la tienda, si será Carmen o Manuel. Carlos podría sacarle de dudas aclarándole que Manuel, o más bien alguien haciéndose pasar por él, lleva ya un rato hablándole de un libro de color no demasiado chillón que debería comprar para un compañero de oficina. Pero no quiere hacerlo, evidentemente, si no, se acabaría la diversión demasiado pronto. Y Carlos hace mucho que no ve a Ramiro B así de inquieto.

Cuando ve que el dependiente fija la mirada a sus espaldas, cuando percibe que sus orejas se han alzado como las de un perro en guardia, cuando deja una palabra inacabada en el aire, Carlos sabe que Carmen ha llegado por fin. Se gira y la ve bajando por las escaleras como una estrella del music-hall. O eso le parece a él, que se la llega a imaginar con sus lentejuelas y su casquete de plumas.

Lee esta historia desde el principio en la categoría Le atendió Ramiro B

11/05/2006 09:13. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

¿Es Martínez Pujalte...

20060512093414-martinez.jpg

 

 

... o Martínez el Facha, aquel personaje creado por Kim para El Jueves?

 


12/05/2006 09:34. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: La falsa No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (52)

Adónde va este insensato es lo primero que puedo pensar cuando veo que Carlos me deja con la palabra que no he terminado de pronunciar en la boca, se da media vuelta y se dirige lentamente hacia la escalera por la que han empezado a aparecer como un telón que desciende de lo alto del escenario los pies de Carmen Lázaro, las piernas, el tronco y finalmente la cabeza.

De qué va disfrazada esta mujer es lo segundo en lo que pienso. Claro, disfrazada tal vez no sea el término exacto pues no va llamando la atención, y precisamente es eso lo que llama la atención. Porque siempre ha sido excesivamente sobria en el vestir, con un aspecto incluso monjil, de mujer dispuesta a salir de misiones en cualquier momento, con su pelo corto, sus gafas de pasta y sus ropas sin concesión alguna a la moda. Y hoy ha venido, puedo decirlo, radiante para lo que acostumbra: vestida con un estilo arreglado pero informal propio de días laborables, peinada con más esmero del habitual, ligeramente maquillada cuando siempre aparece con la cara lavada…

Y por primera vez, en lugar de comenzar su peregrinaje sin rumbo entre las muchas estanterías de la tienda, en lugar de perder la mirada en un punto indeterminado del establecimiento, por primera vez repito, se ha quedado al pie de la escalera, esperando a alguien que sabe le aguarda en el local.

¿Carlos?

Lee esta historia desde el principio en la categoría Le atendió Ramiro B 

16/05/2006 09:03. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Yogures

Salí de la agencia con la cabeza embotada, después de horas devanándome los sesos con la campaña publicitaria que, al día siguiente, debía presentar a nuestros mejores clientes. Porque, ¿qué virtud nueva no se habrá dicho ya en un anuncio sobre los yogures descremados, biológicos, con fibra natural y no sé cuántas cosas más?

El autobús se largó delante de mis narices y sólo entonces fui consciente de que tenía que haber ido al váter antes de dejar la oficina. Miré a mi alrededor buscando un bar en el que dejar mi opinión sobre la dichosa campaña. Nada, todos cerrados, que también el ayuntamiento se ha pasado cuatro pueblos con lo del derecho al sueño de los vecinos…

Veinte metros calle arriba encontré la solución: una especie de cohete metálico de diseño vanguardista me invitaba a penetrar en su interior mediante el reclamo de una luz verde como la de un semáforo. Jamás había utilizado uno de esos ingenios, me daba yuyu la claustrofobia que podría sentir dentro de ese habitáculo hermético, sin ventanas y del que, seguro, no podría salir ni un sonido al exterior; ni un olor, claro. Pero tal como estaban las cosas, no había elección.

Introduje la moneda en la ranura y la puerta se deslizó silenciosa. Entré, la puerta se cerró igual de silenciosa, me senté en el trono y dejé que la naturaleza hiciera el resto. ¡Qué alivio, Dios! Me limpié convenientemente, me subí las bragas, recompuse mi falda y abrí la puerta para salir. Entonces me fijé en que no había tirado de la cadena. Volví a cerrar la puerta. Nunca debí hacerlo.

El proceso de limpieza se puso en marcha. Unos surtidores que no sabía muy bien de dónde venían comenzaron a fumigar sin piedad el diminuto espacio. Chorros de aire caliente como géiseres provenientes del suelo me levantaban las faldas y, en otro momento menos dramático, tal vez me habría sentido como Marilyn, pero en mi cabeza sólo había una idea: escapar como fuera de aquel infierno. Traté de abrir la puerta pero ya se sabe cómo funcionan los automatismos, que no entienden de situaciones excepcionales. Las faldas me cubrían la cabeza y yo trataba de devolverlas a su lugar con las manos, no hacía más que pensar en mi alergia y lo que aquellos productos con que estaba siendo rociada podían hacer en mi piel, gritaba pero estaba segura de que nadie me iba a oír, el cabello comenzaba a pegarse a la cara…

Dos minutos más tarde todo acabó. La puerta se abrió dócil, como si no tuviera la culpa de nada. Afortunadamente, no había nadie en la calle para contemplar cómo había quedado mi permanente después de pasar por aquella peculiar peluquería. A lo lejos llegaba el autobús. Eché a correr, no hice caso de la sonrisa burlona del conductor y me senté al final del vehículo.

Al día siguiente la presentación de la campaña de los yogures fue un éxito rotundo: el anuncio para televisión lo protagonizaría Coronado y el eslogan les encantó.

“Te limpia por dentro, te limpia por fuera”.

Ricardo Bosque

17/05/2006 09:28. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: De mi puño y letra No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (53)

20060518084355-playtitagain.jpg

–Hola, soy CarlosManuel –se apresura a corregir su error inicial–. Tú debes ser Carmen, supongo.

Carmen ha pasado más de veinticuatro horas dudando entre acudir a la temeraria cita concertada telefónicamente con un desconocido o simplemente olvidarse del asunto. Más de un día diciéndose que por fin se hallaba ante la oportunidad tanto tiempo buscada en los libros que siempre lee, ante la posibilidad de vivir una aventura como esas con las que disfruta en el papel, ante la ilusión por tener un papel protagonista en uno de esos folletines amorosos.

Porque son muchos años los que le separan de Luis, su marido. No en cuanto a la edad, que prácticamente es la misma, sino en cuanto al tiempo que hace que las cosas ya no son como eran.

Porque ya no encuentra el refugio de su hijo, cada día más adulto y al que ya ni siquiera puede acompañar a los cumpleaños de sus compañeros de colegio, pues al chaval le da vergüenza que lo haga.

Y finalmente ha pensado que nada pierde conociendo a otro hombre que, al menos por teléfono, le ha parecido buena gente.

Y ahora se ve en un culebrón más que en un folletín, con un tal Carlos Manuel como compañero de reparto. Habría preferido otro nombre más discreto, pero el chico es atractivo, algo menor que ella, parece decidido, con carácter… y tiene una sonrisa limpia que quiere seguir contemplando al menos unas horas más. Y luego ya se verá.

Le ha tendido la mano, le ha ofrecido sus mejillas y le ha invitado a tomar algo en una de las cafeterías de los alrededores.

Ramiro B les ha visto salir de la tienda sin podérselo creer. Y de pronto ha recordado que, al final, Carlos se ha ido sin comprar el libro para su compañero de oficina. Se ha ido hacia una de las estanterías del fondo de la tienda y ha elegido “Sueños de un seductor”, de Woody Allen. Total, no le cuesta nada llevárselo a casa al terminar la jornada y ha pensado que a Carlos le puede gustar el libro.

Lee esta historia desde el principio en la categoría Le atendió Ramiro B 

18/05/2006 08:43. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (54)

Manuel nunca se ha sentido la persona que está en el momento justo y en el lugar adecuado. Al contrario, considera que su vida es un llegar siempre tarde, un no estar donde debería, tal vez por mala suerte o tal vez porque una fuerza interior –el lado oscuro, quizás– le retiene, le inmoviliza el tiempo necesario para arruinar los planes que ha podido trazar.

Por eso no se ha extrañado cuando, al llegar a la librería, casi se da de bruces con una pareja que salía cogida del brazo. Iban a lo suyo, buscándose cada uno en los ojos del otro. El hombre le ha resultado un perfecto desconocido, jamás le había visto por allí; la mujer, en cambio, era clienta habitual y, a pesar de que su aspecto no respondía del todo con el descrito por Ramiro B, no ha dudado en ningún momento que se trataba de la Carmen Lázaro que le deja notas en los libros, la Carmen Lázaro que le había pedido una cita en la tienda a través de un vendedor de libros que nunca le ha terminado de caer demasiado bien.

Ni siquiera le han mirado al cruzarse –el hombre no tenía por qué hacerlo, no le conoce de nada, pero de la mujer esperaba al menos un saludo–, han salido a la calle y lo último que Manuel ha podido ver son dos espaldas muy unidas por los hombros, como siameses que acabasen de conocerse, entrando en el café de la esquina.

Ha pensado en bajar al Infierno de los libros y asegurarse a través de Ramiro B de que había perdido una nueva oportunidad. Ha rectificado al imaginarse la posible reacción de un vendedor de libros que nunca le ha terminado de caer demasiado bien y del que es imposible saber nunca cómo puede reaccionar.

Lee esta historia desde el principio en la categoría Le atendió Ramiro B

23/05/2006 10:02. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.

Dos libros de Jesús Moncada

20060523211550-camidesirga.jpg

Como no sólo de novela negra vive el hombre (o la mujer, según el caso) quiero hablar de las dos últimas novelas que acabo de leer, ambas de Jesús Moncada.

Para quien no conozca al autor, diré que, nacido en la localidad zaragozana de Mequinenza en 1941 y Premio de de las Letras Aragonesas en 2004, Moncada escribió toda su obra en catalán, su lengua materna, si bien pueden encontrarse magníficas traducciones al castellano en editoriales como Anagrama o Xordica, como es el caso de las dos que voy a comentar.

Jesús Moncada fue (murió en 2005) uno de esos escasos privilegiados por el arte de contar historias, por esa capacidad narrativa inusual que, de tiempo en tiempo, hace que los lectores podamos disfrutar con historias inventadas (o no tanto) que nos recuerdan a las que, en alguna ocasión, en festividades generosas con el alcohol o en situaciones en que la nostalgia se hace fuerte, hemos oído de labios de nuestros abuelos. Historia viva o historia inventada, qué más da cuando se cuenta tan bien.

En ambas novelas (realmente una novela y un libro de relatos o algo por el estilo), Jesús Moncada reduce el mundo al territorio que le vio nacer, una zona limítrofe como pocas, a caballo entre Zaragoza, Huesca, Lleida y Tarragona, hilvanada por el río que la recorre y alimenta, el Ebro. Un Ebro navegable en tiempos y que servía como nexo de gentes e idiomas diversos. Y en ese territorio tan estrecho, el autor sitúa a sus personajes, diversos como debe ser y perfectamente representativos de la sociedad de la época.

La primera de las novelas es “Camino de sirga”, novela coral en la que a través de la voz de los habitantes de Mequinenza (el boticario, el dueño del café, los patrones de las distintas embarcaciones que transportaban el lignito extraído en las minas hasta Tortosa y remontaban el río cargados de arroz y cerámica entre otras mercancías) conocemos la pequeña historia de los últimos cien años de la localidad y, por extensión, de España: los dueños de las minas y sus aliados eclesiásticos, los mineros que ven con alegría la llegada de la República y vuelven a la realidad de siempre con el caudillo, las prostitutas atraídas por el dinero generado gracias al exceso de mineral necesario para alimentar las dos guerras mundiales... Todo ello desde el recuerdo en el momento en que los pocos vecinos que todavía quedan, los que no han muerto en la guerra civil, los que no pudieron o quisieron exiliarse, los que no han abandonado la tierra para morir en la capital, esos que han querido fallecer al mismo tiempo que sus casas, deben trasladarse al pueblo nuevo una vez inundado el que ha sido siempre el suyo, el de la orilla. Porque la historia se cuenta desde 1971, la época del Caudillo, la pertinaz sequía y los megapantanos del No-Do y, de forma ordenadamente anárquica, nos lleva adelante y atrás en el tiempo desde finales del XIX a la agonía del Régimen.

“Calaveras atónitas”, por su parte, utiliza la voz de un inexperto secretario de juzgado trasladado de Barcelona a Mequinenza en los años 50 para, a través de las confidencias que los habitantes del pueblo, el juez, la tía del juez y otros increíbles personajes le hacen, ahondar en la vida cotidiana de la localidad con un humor irreverente, caústico, surrealista, que no duda en mezclar a los amos con las cupletistas de los burdeles de Lérida, al boticario con el dispensador de la muerte en que se ha convertido el médico del pueblo, los patrones de las embarcaciones con los curas siempre ávidos de nuevos santos con que reponer a los que se ahogaron en el río al llegar la República, los mineros con la burguesía ansiosa (alucinante episodio) por aportar el primer cadáver insigne que debe inaugurar el nuevo cementerio.

Dos historias impresionantes, excepcionales, densa la primera y más ágil la segunda que conviene leer en pequeñas dosis con la esperanza de que el buen rato que nos hacen pasar no se termine demasiado pronto.

Ricardo Bosque, mayo de 2006

 

CAMINO DE SIRGA y CALAVERAS ATÓNITAS

Jesús Moncada

Tradución de Joaquín Jordá y Chusé Raúl Usón para ANAGRAMA y XORDICA respectivamente 

23/05/2006 21:15. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Culturetas No hay comentarios. Comentar.

Le atendió Ramiro B (55)

Tres semanas han sido suficientes para que el detective contratado por Luis presente su informe acerca de las actividades de Carmen Lázaro cada vez que sale de casa.

En ese estilo aséptico e impersonal propio de atestado de la policía –se recibe llamada telefónica, personados en el lugar de los hechos, el sujeto presenta patatín patatán y expresiones similares–, el detective informa a su cliente que, desde el día en que vio salir de la librería sita en blablabla al objetivo del seguimiento en compañía de un individuo de raza blanca, un metro ochenta de estatura, pelo castaño…, éste –el objetivo, o sea Carmen Lázaro, traduce Luis– ha sido visto en compañía de dicho individuo un día sí y otro también.

Luis pasa una vez más la mirada sobre el informe, leyendo con desgana los lugares en que el objetivo y el individuo de raza blanca han sido sorprendidos en actitud cariñosa. Contempla las numerosas fotografías que el detective ha sacado de la pareja. Y lee la carta de despedida que su mujer le dejó en la mesilla del dormitorio hace un par de noches, la carta que le confirmó que aquello no tenía vuelta atrás.

Al otro lado de la mesa, su director financiero espera impasible a que Luis deje los informes, las fotografías y la carta y le dé alguna orden sobre lo que debe hacer. Luis guarda los documentos en un cajón de su escritorio, del que saca un folleto de propaganda de la tienda que ha provocado su definitiva separación.

Cuánto dices que vale la tienda, pregunta a su director financiero. El director consulta sus datos y responde sin dudar, pero la cantidad que sale de los labios de éste no le importa, sólo lo ha preguntado porque es lo habitual antes de cualquier operación comercial.

Véndela de inmediato, ordena.

Y las indemnizaciones de los trabajadores, pregunta el director financiero. Luis guarda silencio unos instantes pensando que cualquier dinero está bien empleado a cambio del cierre de la librería.

Eso no es asunto tuyo, arréglalo con el director de personal, replica antes de indicar con un gesto de la mano que la reunión ha concluido.

Lee esta historia desde el principio en la categoría Le atendió Ramiro B 

25/05/2006 09:38. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. Hay 3 comentarios.

Le atendió Ramiro B (y 56)

¿Quién podía suponer que mis intentos de emparejar a Carmen Lázaro pudieran terminar así? De acuerdo, a menudo las cosas no salen exactamente como uno las plantea, el azar siempre juega sus cartas como mejor le parece o tal vez a algún dios sí le guste echar una partidita de dados de vez en cuando. Pero es que lo de Carlos con mi clienta tiene coña.

Reconozco que al principio me hizo gracia ver a Carlos enamorado como un colegial, abriendo una sonrisa que se le salía de la cara cada vez que me decía que había quedado con Carmen. Que daba gusto verle acudir a sus citas hecho un pincel, bien planchado, rasurado como nunca… Que el amor le hacía más generoso y desprendido que nunca, circunstancia que me vino bien para darle un par de pequeños sablazos con los que arreglar cuentas con mi tarjeta de crédito.

Lo que ya no tuvo gracia es que, cuando le dije si no veía muy arriesgado compartir vida y piso con una mujer a la que sólo conocía desde hacía unas semanas, me contestara que para riesgo el que había asumido al aceptarme a mí como compañero de piso.

Y el remate ha llegado hoy y por partida doble, cuando he llegado a casa después de que Martín nos haya comunicado, con voz compungida y casi con lágrimas en los ojos, que la dirección ha decidido cerrar la tienda y que nos vamos todos a la calle. Eso ha sido lo de menos, de hecho ya me extrañaba a mí que un trabajo me durase tanto tiempo…

Pero al llegar a casa y encontrarme a Carmen y su hijo viendo la tele con Carlos, como una familia de las de toda la vida, ella bebiéndose mi cerveza, el crío comiéndose mis patatas fritas, he entendido que mi estancia allí había llegado a su fin.

Me he ido a mi dormitorio, ya no desordenado con mis cosas sino con los enseres del chaval. He guardado lo poco que tengo en mi maleta, dos camisetas, cuatro sudaderas, tres pantalones y algunas mudas que guardo en la mesilla. Al vaciarla, ha aparecido un estúpido cartel que ya ni sabía que guardaba: “Escritor en paro necesita su ayuda. Gracias”.

Lo he metido en la maleta, encima de la ropa y he pensado que mañana toca madrugar y tratar de recuperar mi puesto de trabajo en las escaleras de acceso al Banco de Crédito Agrícola.

FIN DEL DIARIO. Puedes leerlo desde el principio en la categoría Le atendió Ramiro B

30/05/2006 08:34. Autor: elsomardon. Enlace permanente. Tema: Le atendió Ramiro B. No hay comentarios. Comentar.





Image hosting by Photobucket
Manda flores a mi entierro
Ricardo Bosque
Mira Editores, 2007


Image hosting by Photobucket
Relatos para el número 100
Varios autores
Mira Editores, 2008


Image hosting by Photobucket
Una década del Concurso Juan Martín Sauras
Varios autores
Biblioteca Pública de Andorra, 2007


Image hosting by Photobucket
Relatos cortos para leer en tres minutos "Luis del Val"
Varios autores
Ayuntamiento de Sallent de Gállego, 2005


Image hosting by Photobucket
El último avión a Lisboa
Ricardo Bosque
Editorial Combra, 2000


Estadísticas


Powered by Blogia




Image hosting by Photobucket


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.