El antropólogo inocente

Cada vez que alguien abre la boca para hablar de los choques culturales entre pueblos, de las diferencias entre las culturas oriental y occidental (o meridional y setentrional, o ricas y pobres…), de las estúpidas alianzas de civilizaciones (palabras de nuestro Don Pelayo del siglo XXI), me viene a la cabeza un libro encantador que leí hace muchos años y que nunca me canso de recomendar: “El antropólogo inocente”, de Nigel Barley.
Lo primero que llama la atención es que se trata de un libro que nació para cumplir una finalidad y terminó siendo algo muy distinto (me recuerda a esos padres que se empeñan en que el hijo sea médico y al final termina bombero). Véanse los orígenes de la cosa:
“¿Y por qué no haces un trabajo de campo? La cuestión me la planteó un colega al término de un más o menos etílico repaso de la situación de la antropología, la docencia universitaria y la vida académica en general.”
Así que, tras muchas dudas, tras pensar que todo estaba ya estudiado, Nigel Barley decidió viajar a Camerún para tratar de comprender las pautas de comportamiento de una tribu casi desconocida, los dowayos. Y como el cazador cazado, el estudioso termina siendo el objeto de estudio por parte de sus anfitriones africanos, convirtiendo al joven profesor en motivo de burla por su extraño comportamiento y en protagonista de las más diversas teorías antropológicas.
Escrito con un ritmo ágil muy alejado del carácter sesudo que se presume en este tipo de trabajos, “El antropólogo inocente” es uno de los libros más inteligentemente divertidos que uno puede leer. Y de esos que te ayudan a ver las cosas de otro modo, superando esa suficiencia nuestra que tanto suele pesarnos. El cambio experimentado por el autor durante su estancia entre los dowayos queda de manifiesto en las líneas que cierran el libro.
“Varias semanas después de mi retorno llamé por teléfono al amigo cuya conversación me había decidido a marcharme al campo.
–Ah, ya has vuelto.
–Sí.
–¿Ha sido aburrido?
–Sí.
–¿Te has puesto muy enfermo?
–Sí.
–¿Has traído unas notas a las que no encuentras ni pies ni cabeza y te has dado cuenta de que te olvidaste de hacer todas las preguntas importantes?
–Sí.
–¿Cuándo piensas volver?
Me reí débilmente. Sin embargo, seis meses más tarde regresaba al país Dowayo”
El antropólogo inocente. Nigel Barley. ANAGRAMA
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Autor: Rosa
Fecha: 27/10/2006 07:08.
Autor: Somardón
Si preguntas por si alguien ha pasado el libro a una web para su descarga, no tengo ni idea, lo siento.
Fecha: 27/10/2006 07:12.





