De esta noche no pasa
Esta noche lo ha vuelto a hacer. Y mira que se lo he dicho cientos de veces. Porque yo podré ser buena, pero tonta, no.
Ha salido de casa, como cada noche, a eso de las ocho y media, nueve menos cuarto. Primero da un paseo breve por las calles del barrio –acostumbra a elegir las menos iluminadas–, pero siempre termina en ese café que hay a dos manzanas de aquí. Yo no le he seguido nunca, hasta ahí podíamos llegar, pero son muchos años viviendo juntos como para no saber exactamente lo que hace en cada momento. Él estará como siempre, acodado en la barra, bebiendo una cerveza y fumando sin parar su apestosa pipa. Ella permanecerá inmóvil a su lado, atenta a cada caricia que pueda recibir de mi marido, a cada gesto de cariño que él le regala continuamente. Y a mí, que me zurzan.
Luego llegará con su maldito olor a tabaco y jurando que ni siquiera ha dado una bocanada; como si yo no supiera que, si no fuera por fumar, para luego iba a tener tanto interés en sacar cada noche de paseo a la perra… pero de hoy no pasa: no pienso consentir que siga trayendo ese olor asqueroso que no hay manera de arrancar de las cortinas ni gastando un bote entero de ambientador.
Ricardo Bosque





