Mario Precipitado (11)
–Pero ¿qué haces tú aquí? –le pregunté. Y no sé si me alegraba de verle o si pensaba que no era el mejor momento para recibir su visita, con todas las cosas que todavía tenía por hacer pero, en cualquier caso, tiré de su brazo y le hice pasar a mi despacho.
–Pues ya ves, que estaba de paso y he querido darte una sorpresa –me contestó antes de que nos besáramos en los labios–. ¿Tienes algún compromiso esta noche? He pensado que podías invitarme a cenar; tengo algo muy importante que decirte.
¿Algo importante? ¿Qué podía entender Mario por algo importante? Y claro que tenía compromisos para esa noche: compras, marido, hijos... Hasta ese momento, Mario y yo siempre nos habíamos visto en terreno neutral, ni en Madrid, donde él residía, ni en Zaragoza, la ciudad en la que yo vivo y trabajo. Creo que lo de vernos fuera de nuestro hábitat natural se trataba de un acuerdo tácito, pues en ningún momento habíamos establecido esa condición como premisa de partida; simplemente, los dos considerábamos que era lo mejor para sacar adelante nuestra relación. Y su aparición en mi estudio suponía una violenta ruptura de esa regla no escrita. Lo que Mario quería decirme debía ser realmente importante.
–Vaya, Mario, siento mucho esto, pero sí que había hecho planes; ¡cómo iba a imaginar que podías venir! Pero, ¿qué es eso que me quieres contar?
Mario se frotó las manos lentamente, como si se las estuviera enjabonando. No apartaba la mirada del suelo salvo para dirigirla de vez en cuando al techo; pero seguía sin decir una palabra.
–¿Qué sucede? ¿No querrás que dejemos lo nuestro? –le pregunté intuyendo que algo no iba demasiado bien. Mario se sobresaltó, dejo de mirar al techo y al suelo alternativamente y clavó sus ojos en los míos.
–¿Dejarlo? Ni lo pienses... verás, más bien estaba pensando en lo contrario, pero... Bien, tú sabes eso de que año nuevo, vida nueva ¿no? Pues eso, que no podía dejar pasar estas fechas sin hacer algo que llevaba meses pensando. Laura, cuando nos volvimos a encontrar hace ya año y medio, no te dije toda la verdad... bueno, en realidad te mentí como un bellaco: estoy casado.
Continuará. Puedes leer desde el principio en el Tema Mario Precipitado
Continuará. Puedes leer desde el principio en el Tema Mario Precipitado





