Le atendió Ramiro B (41)
Supongo que estaba esperando cerca de la tienda, agazapado en algún rincón lejos de los ojos de Carmen Lázaro. Sólo así se puede explicar que prácticamente se hayan debido cruzar sin verse en las escaleras que conducen a mi planta.
Al principio no era capaz de reconocerle, aunque su cara me sonaba. No era cliente de la tienda –jamás le había visto por aquí–, pero me resultaba familiar. Y es que, si algo tengo, es memoria fotográfica. Con los nombres, sin embargo, soy un desastre: nunca recuerdo como se llama una persona minutos después de que me la hayan presentado. Aunque tal vez no se trate de mala memoria sino de memoria selectiva, que en algún libro leí en una ocasión que el olvido de los nombres de las personas se debe a que, simplemente, la persona propietaria del nombre no te interesa en absoluto.
Lo que no recuerdo es en qué libro lo leí.
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