Le atendió Ramiro B (39)
Por fin llegó el momento tantos días esperado. Dicen que tras la tempestad viene la calma, pero en este caso y después de una jornada lluviosa lo que me esperaba en casa era un piloto de contestador automático parpadeando. Nada de calma, por tanto, sino un ataque de nervios por ver si el pez había mordido el anzuelo.
“Soy Manuel y en este momento no puedo atenderte. Por favor, deja tu mensaje después de escuchar la señal. Ah, y si eres Carmen, no olvides decirme cuándo quieres que nos veamos en la librería”
Perfecto, el mensaje ni se había atascado ni nada. Y mi voz sonaba perfectamente inteligible. Entonces, ¿por qué nadie hablaba a continuación? Sólo se podía escuchar una respiración algo entrecortada y, antes de colgar, un golpe seco, como el que produce un puñetazo descargado sobre una mesa.
Un golpe, en todo caso, impropio de una mano pequeña y delicada como la de Carmen Lázaro.
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