Mario Precipitado (2)
A ver cómo puedo defender lo que resultará indefendible para tanto meapilas, eso que los políticos nacionalistas denominarían “mi hecho diferencial”. Ya he dicho que quiero a mi marido, que le respeto, y sin embargo, de vez en cuando, tengo mis rollos con otros hombres. Sí, así, sin ambages. Tal como suena. Eso sí, no son sino aventurillas sin importancia que en nada merman el cariño que siento hacia Roberto. Vamos, que en ningún momento se me ocurriría aducir como excusa para mi proceder la tontería de que en mi matrimonio algo no funciona como es debido, que mi conducta se pueda deber a la manida crisis de los cuarenta –todavía me faltan tres años para poder recurrir a ese lugar común–, que busco fuera de la pareja lo que no encuentro dentro… Tonterías. La única explicación que puedo encontrar –aunque ni siquiera considero que sea necesaria justificación alguna por mi parte– es que mis frecuentes infidelidades no son sino la manifestación del lado más negativo de mi lado masculino. Tal y como suelen defenderse hipócritamente algunos hombres tras ser pillados en falta, no puedo decir más que se trata del cazador, del depredador que todos llevamos dentro. Todos sí, pero también algunas.
En cualquier caso, no estaría ahora escribiendo esto si no fuera por un estúpido error de cálculo, por un maldito cabo suelto que no llegué a reconocer. Y, desde luego, no pretendo que nadie vea en esta narración un innecesario acto de contrición, no quiero que nadie busque una moraleja donde no la hay... vaya, que en adelante mi comportamiento seguirá siendo el mismo que hasta ahora, que no pienso variar en un ápice mi modo de ver la vida. Porque, vamos a ver: ¿quién coño le pidió a Mario que se sacrificase por mí del modo en que lo hizo?
Continuará. Puedes leer desde el principio en el Tema Mario Precipitado
Continuará. Puedes leer desde el principio en el Tema Mario Precipitado





