Cariño al contado (28)
Encendí un nuevo cigarrillo. Satisfecha, contemplé con aire triunfal la pantalla del ordenador: por fin creía haber escrito algo que merecía la pena publicar. Abrí el menú archivo, seleccioné la opción guardar como y elegí un nombre atractivo para aquel documento. Entre todos los títulos que se me ocurrieron, finalmente me decidí por llamarlo CARIÑO AL CONTADO.DOC. Cerré el documento y apagué el ordenador. Consulté mi reloj de pulsera: eran las once de la noche y Carlos todavía no había vuelto del trabajo. Fatigada por el continuado esfuerzo mental realizado, fui a la cocina, me preparé el Biomanán nuestro de cada día, lo bebí de un solo trago y me di una ducha rápida. Las once y veinte. El marido, sin dar señales de vida. Invertí diez minutos en regar las macetas y arrancar algunas hojas mustias. Las once y media. ¿Llamar a los hospitales de la ciudad? ¿para qué? Carlos no tenía hora fija de llegada. Me acosté con la radio encendida. Atravesé la frontera entre los estados de Vigilia y Sueño a medianoche. Carlos no estaba a mi lado.
FIN DEL RELATO. Puedes leer desde el principio en el Tema Cariño al contado
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