Cariño al contado (27)
Tras cinco, diez, tal vez quince minutos de la pasión desenfrenada que jamás sabría describir Thomas Chandler ni experimentar la arqueóloga Rose, Carlos se detuvo por unos instantes. Yo aproveché el descanso para incorporarme –afortunadamente, mis abdominales todavía respondían– y rodear su cuello con mis brazos, concentrándome en que, ni por un momento, mi marido se saliera de mi cuerpo. Nuestros ojos se buscaron; esta vez sí se encontraron. El sudor corría desbocado por su frente. Nuestros corazones parecían haber sincronizado su furioso palpitar: pum pum, pum pum, pum pum… Por fin, conseguí encontrar las palabras que quería dedicarle.
–¿Sabes? Puede que no te parezca sensato lo que te voy a decir, pero estoy dispuesta a mantener vivo nuestro matrimonio… aunque me salga por un ojo de la cara: hacía tiempo que no echaba un polvo como éste.
Continuará. Puedes leer desde el principio en el Tema Cariño al contado
Continuará. Puedes leer desde el principio en el Tema Cariño al contado





