Cariño al contado (8)

Pedimos otros cafés y fue entonces el turno de Noelia; la conclusión que pude extraer de su charla es que la vida le había tratado con generosidad. Curiosamente, ella también había estudiado Bellas Artes y, tras dos años de vida bohemia en una buhardilla del barrio latino de Paris y venta callejera de sus óleos en la plaza de Tertre, en pleno corazón de Montmartre –había cumplido fielmente los preceptos de todo artista que se precie–, decidió regresar al cómodo redil de la burguesía a la que pertenecía por adscripción paterna. Noelie Beltrán –afrancesamiento de su nombre con el que firmaba sus cuadros– conoció a uno de los directivos de segundo rango de la empresa para la que trabajaba papá. Su nombre, Maurice; su apellido, Subdirector General de Relaciones Internacionales, apellido de soltero que cambió al casarse con Noelia por el de Director Gerente de Pharmafrance España S.A., filial española que la compañía había abierto en Madrid hacía un año.
A mediodía ya teníamos una visión de conjunto de lo que habían sido nuestras vidas por separado. Y, de paso, habíamos quedado emplazadas para mantener encuentros frecuentes en los que revivir el pasado y aventurar el futuro; Noelia tenía previsto permanecer durante varios meses, quizás algunos años, en la ciudad y, después de una ausencia tan prolongada, se sentía como una extraña. Así que le sería de mucha ayuda contar con mi compañía para volver a ocupar un sitio en el lugar en el que había vivido sus primeros años.
Nos despedimos después de intercambiar nuestros teléfonos y besarnos profusamente las mejillas. De inmediato noté que Noelia se había mantenido fiel a lo largo de tanto tiempo a la misma fragancia que la acompañaba de niña, un sugerente preparado de esencia de rosas y claveles adornado con la nota casi imperceptible del romero, una fragancia muy alejada del artificial empalago que solían utilizar otras mujeres de su misma edad y posición. No, la piel de Noelia seguía emitiendo la misma frescura, el idéntico descaro que tanto desquiciaba a las monjas que regentaban nuestro colegio.
Continuará. Puedes leer desde el principio en el Tema Cariño al contado





