Muerte en Hamburgo

MUERTE EN HAMBURGO
Craig Russell
ROCAEDITORIAL. 2005
Vaya por delante que las historias de psicópatas no consiguen volverme loco, pues a la tercera carnicería descrita al detalle pueden llegar a aburrirme profundamente, incluso a desagradarme.
Vaya por delante igualmente que considero un despilfarro injustificable el exceso de sangre derramada en muchas novelas, máxime a la vista de cómo la Cruz Roja busca desesperadamente donantes que palien la escasez de plasma de nuestros hospitales.
Y vaya también por delante que un asesino en serie no deja de recordarme a una cadena de montaje, cuando uno siempre ha preferido los productos hechos a mano y con cierta dosis de cariño en su elaboración.
¿Por qué entonces me ha enganchado de tal modo esta primera novela de Craig Russell? Porque, evidentemente, cuando un tipo se dedica a asesinar mujeres, y a todas ellas del mismo modo; cuando no sólo las mata, sino que además lo hace imitando un antiguo ritual vikingo que incluye la extracción de los pulmones y su colocación junto a la víctima a modo de alas; y cuando el asesino, desde luego, no muestra ningún espíritu cívico a la hora de proveer al Insalud de sangre de cualquier tipo, sino que deja que fluya sin parar en escenas que recuerdan a la matacía del tocino que se celebra en mi pueblo cada invierno… Si esto no es un asesino psicópata en serie, que venga Dios y lo vea.
El escocés Craig Russell nos presenta en esta su primera novela a Jan Fabel, un comisario alemán de la policía de Hamburgo que, de entrada, responde a uno de los patrones ya clásicos en el género: divorciado, una hija, escaso éxito con las mujeres, pasado que no desea recordar… Pero también con gusto por la historia, con la mitad de su sangre de origen escocés y educado a la inglesa, lo que le justifica que muchos le llamen “el comisario inglés”.
La novela arranca con el envío de un mensaje de correo electrónico a Fabel. En el mensaje, el asesino le comunica la muerte de su segunda víctima y aprovecha la ocasión para desafiar abiertamente al comisario: “Podrás atraparme, pero no detenerme”. La víctima, de la que sólo se conoce su nombre de guerra, parece ser una prostituta de lujo. Todo apunta a que nos encontramos ante un psicópata sanguinario con deseos de notoriedad y sin escrúpulo alguno, uno más a engrosar la nómina de desequilibrados que acostumbramos a ver en novelas parecidas.
Al menos eso es lo que parece que el autor quiere que creamos tras la lectura de las primeras páginas de “Muerte en Hamburgo”, aunque enseguida vemos que detrás de crímenes tan truculentos debe esconderse algo mucho más elaborado, que no estamos ante otra novela de tipos que deberían vestir camisa de fuerza hasta para dormir en lugar de dedicarse a retar al policía de turno a que se tome el asunto como algo personal y no pueda descansar hasta que termine la caza.
Y por supuesto que hay mucho más. Hay un montón de cuerpos policiales y militares –de nombres excesivamente largos e impronunciables para alguien que no sabe alemán– enfrentados entre sí, varios grupos mafiosos turcos y ucranianos disputándose los negocios sucios que surgen cada día en las calles de Hamburgo, políticos vinculados al pasado nazi de Alemania, especulación inmobiliaria y blanqueo de dinero a la vuelta de cada esquina de la ciudad… Y la propia ciudad, Hamburgo, como escenario de todo tipo de tropelías.
Ricardo Bosque
Craig Russell
ROCAEDITORIAL. 2005
Vaya por delante que las historias de psicópatas no consiguen volverme loco, pues a la tercera carnicería descrita al detalle pueden llegar a aburrirme profundamente, incluso a desagradarme.
Vaya por delante igualmente que considero un despilfarro injustificable el exceso de sangre derramada en muchas novelas, máxime a la vista de cómo la Cruz Roja busca desesperadamente donantes que palien la escasez de plasma de nuestros hospitales.
Y vaya también por delante que un asesino en serie no deja de recordarme a una cadena de montaje, cuando uno siempre ha preferido los productos hechos a mano y con cierta dosis de cariño en su elaboración.
¿Por qué entonces me ha enganchado de tal modo esta primera novela de Craig Russell? Porque, evidentemente, cuando un tipo se dedica a asesinar mujeres, y a todas ellas del mismo modo; cuando no sólo las mata, sino que además lo hace imitando un antiguo ritual vikingo que incluye la extracción de los pulmones y su colocación junto a la víctima a modo de alas; y cuando el asesino, desde luego, no muestra ningún espíritu cívico a la hora de proveer al Insalud de sangre de cualquier tipo, sino que deja que fluya sin parar en escenas que recuerdan a la matacía del tocino que se celebra en mi pueblo cada invierno… Si esto no es un asesino psicópata en serie, que venga Dios y lo vea.
El escocés Craig Russell nos presenta en esta su primera novela a Jan Fabel, un comisario alemán de la policía de Hamburgo que, de entrada, responde a uno de los patrones ya clásicos en el género: divorciado, una hija, escaso éxito con las mujeres, pasado que no desea recordar… Pero también con gusto por la historia, con la mitad de su sangre de origen escocés y educado a la inglesa, lo que le justifica que muchos le llamen “el comisario inglés”.
La novela arranca con el envío de un mensaje de correo electrónico a Fabel. En el mensaje, el asesino le comunica la muerte de su segunda víctima y aprovecha la ocasión para desafiar abiertamente al comisario: “Podrás atraparme, pero no detenerme”. La víctima, de la que sólo se conoce su nombre de guerra, parece ser una prostituta de lujo. Todo apunta a que nos encontramos ante un psicópata sanguinario con deseos de notoriedad y sin escrúpulo alguno, uno más a engrosar la nómina de desequilibrados que acostumbramos a ver en novelas parecidas.
Al menos eso es lo que parece que el autor quiere que creamos tras la lectura de las primeras páginas de “Muerte en Hamburgo”, aunque enseguida vemos que detrás de crímenes tan truculentos debe esconderse algo mucho más elaborado, que no estamos ante otra novela de tipos que deberían vestir camisa de fuerza hasta para dormir en lugar de dedicarse a retar al policía de turno a que se tome el asunto como algo personal y no pueda descansar hasta que termine la caza.
Y por supuesto que hay mucho más. Hay un montón de cuerpos policiales y militares –de nombres excesivamente largos e impronunciables para alguien que no sabe alemán– enfrentados entre sí, varios grupos mafiosos turcos y ucranianos disputándose los negocios sucios que surgen cada día en las calles de Hamburgo, políticos vinculados al pasado nazi de Alemania, especulación inmobiliaria y blanqueo de dinero a la vuelta de cada esquina de la ciudad… Y la propia ciudad, Hamburgo, como escenario de todo tipo de tropelías.
Ricardo Bosque









